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La CLICAC y los monopolios escolares


En las últimas décadas se ha observado un crecimiento explosivo de la educación particular, lo cual ha ido paralelo y en proporción directa al deterioro de la calidad de la educación pública.
Panamá, con una clase media numerosa y pujante, es mercado ideal para ese servicio, al igual que los teléfonos celulares, la televisión por satélite o cable y los carros caros, aunque se apriete el presupuesto y reviente la tarjeta de crédito.
En cierta medida, el tener los hijos en la escuela privada fue a la vez un símbolo de status y una necesidad, pero empezó siendo más lo primero que lo segundo, cuando las masas de Ortega y Gasset siguieron a la clase alta hacia las pocas escuelas particulares, hasta que ésta se desplazó hacia costosos centros educativos del extranjero, dejando a la clase media toda la oferta local de educación particular.
La inexorable ley de la oferta y la demanda tuvo a partir de entonces un efecto devastador, en perjuicio de la masa de consumidores que acudía en busca de la escasa educación particular. Cargos por vacaciones (pese a que el patrono es la escuela y no el padre de familia), clubes cuyo fruto queda para los dueños del centro, aumento irrazonable de cuotas, boletos, rifas, colectas y otros abusos son la tónica del servicio. Quien no acepta el sistema, que se marche a una escuela pública.
Pero el colofón de todo es el monopolio escolar, un vasto mercado cerrado de útiles, libros, uniformes y calzados escolares, en el que los padres de familia suelen ser rehenes del sistema, so pena de no ser admitido el año próximo o ser mal visto el resto del año.
Son asimismo usuales las combinaciones con determinadas librerías y almacenes, las exigencias rigurosas al estilo de calzados y uniformes que sólo llenan la propia escuela o un solo establecimiento, la obligatoriedad de textos inservibles, la prohibición de uso de textos idénticos de años previos y, en fin, una variedad infinita de clásicas prácticas monopolizadoras.
Por fortuna, dos acontecimientos están en vías de atemperar la situación. Uno de ellos es la concurrencia de muchos más centros escolares que ha mejorado sustancialmente la competencia en el mercado. El otro es el advenimiento de la Comisión de Libre Competencia y Asuntos del Consumidor (CLICAC), que ha pronunciado severa advertencia de multas y medidas contra las nefastas prácticas monopolizadoras en el campo de la educación particular. ¡En hora buena! Más vale tarde que nunca.


101 años de Panamá América

 
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