La codicia por una directiva
El 1 de septiembre próximo, la Asamblea Legislativa elegirá la directiva que ha de regir los destinos de esa institución por el término de un año, y continúan dándose los pactos y pactitos, las componendas y arreglos partidistas a fin de lograr el control de esa entidad del Estado. Ha sido mucho el tiempo que partidos políticos y legisladores, han dedicado a esta lucha por el dominio de la presidencia, de la vicepresidencia y de todas las prerrogativas que de ellas se desprenden, en menoscabo del tiempo que han debido dedicarle a la atención de los problemas que agobian al pueblo panameño.
Para nosotros, no es lo mejor poner en juego el poder político, los intereses partidistas y ambiciones personales, a fin de conseguir el control de este importante poder del Estado, porque los resultados siempre serán negativos para la buena marcha de la institución y para el logro de realizaciones concretas en beneficio de la nación. Se trata de posiciones en donde es necesario que vayan los mejores, mediante el voto de legisladores conscientes y liberados de todo compromiso con el partido al cual pertenecen. Su meta debe ser que la Asamblea Legislativa, tan desacreditada y cuestionada por sus desaciertos, mejore su imagen; que se termine, de una vez por todas, la triste realidad de una institución al servicio de intereses muy ajenos a las soluciones que demanda el pueblo que eligió a sus miembros y como tal, tiene el pleno derecho de exigir respuestas a sus problemas.
El momento que vive el país no mejorará si aquellos que tienen la responsabilidad de legislar, se aferran a seguir politiqueando y echando a un lado las oportunidades para concertar basándose en metas y principios que coloquen a la patria por encima de todo egoísmo, ambiciones e intereses personales y partidista que, desde hace mucho tiempo, mantienen al país en condiciones desalentadoras.
El país necesita de una Asamblea Legislativa en donde sus legisladores se dispongan con conciencia de sus responsabilidades y libres de compromisos y componendas partidistas, a elegir, por méritos, honestidad, inteligencia, capacidad y deseos de trabajar por la nación, a una directiva que sea orgullo y esperanza para un pueblo que ha dejado de creer en esa institución; el país necesita que el 1 de septiembre próximo, el seno de la Asamblea sea centro de las más dignas actuaciones de legisladores que lleguen a comprender que la patria sólo puede ir adelante con el aporte sincero y el trabajo constructivo de todos los panameños; por ningún motivo debe ser centro para el insulto, para el egoísmo, para el debate irreconciliable, para la pugna partidista que ocasione brechas que obstaculicen la unidad y concertación que estamos necesitando.
Todos los legisladores deben abocarse a escoger una directiva sin distingos de partidos, de intereses, sin egoísmos, sin ambiciones de poder, solamente pensando en que el país necesita el respaldo de sus buenos hijos, de aquellos funcionarios honestos y eficientes y de legisladores comprometidos con la gobernabilidad del país y con su engrandecimiento.
Para nosotros, no es lo mejor poner en juego el poder político, los intereses partidistas y ambiciones personales, a fin de conseguir el control de este importante poder del Estado, porque los resultados siempre serán negativos para la buena marcha de la institución y para el logro de realizaciones concretas en beneficio de la nación. Se trata de posiciones en donde es necesario que vayan los mejores, mediante el voto de legisladores conscientes y liberados de todo compromiso con el partido al cual pertenecen. Su meta debe ser que la Asamblea Legislativa, tan desacreditada y cuestionada por sus desaciertos, mejore su imagen; que se termine, de una vez por todas, la triste realidad de una institución al servicio de intereses muy ajenos a las soluciones que demanda el pueblo que eligió a sus miembros y como tal, tiene el pleno derecho de exigir respuestas a sus problemas.
El momento que vive el país no mejorará si aquellos que tienen la responsabilidad de legislar, se aferran a seguir politiqueando y echando a un lado las oportunidades para concertar basándose en metas y principios que coloquen a la patria por encima de todo egoísmo, ambiciones e intereses personales y partidista que, desde hace mucho tiempo, mantienen al país en condiciones desalentadoras.
El país necesita de una Asamblea Legislativa en donde sus legisladores se dispongan con conciencia de sus responsabilidades y libres de compromisos y componendas partidistas, a elegir, por méritos, honestidad, inteligencia, capacidad y deseos de trabajar por la nación, a una directiva que sea orgullo y esperanza para un pueblo que ha dejado de creer en esa institución; el país necesita que el 1 de septiembre próximo, el seno de la Asamblea sea centro de las más dignas actuaciones de legisladores que lleguen a comprender que la patria sólo puede ir adelante con el aporte sincero y el trabajo constructivo de todos los panameños; por ningún motivo debe ser centro para el insulto, para el egoísmo, para el debate irreconciliable, para la pugna partidista que ocasione brechas que obstaculicen la unidad y concertación que estamos necesitando.
Todos los legisladores deben abocarse a escoger una directiva sin distingos de partidos, de intereses, sin egoísmos, sin ambiciones de poder, solamente pensando en que el país necesita el respaldo de sus buenos hijos, de aquellos funcionarios honestos y eficientes y de legisladores comprometidos con la gobernabilidad del país y con su engrandecimiento.