La codicia y la edad
La ambición del dinero arrastra a mucha gente en todas las edades a procurárselo recurriendo al delito. De allí nacen las falsificaciones, los sobornos, los peculados, asaltos, homicidios, el narcotráfico y su adicción, el tráfico de armas, las evasiones de reos convictos mediante sobornos, y tanto otros.
Ante este panorama resulta interesante considerar, desde el punto de vista penal, cuáles pueden ser las consecuencias para el que delinque, tomando en cuenta su edad, y a fin de que abran los ojos y piensen bien antes de actuar.
Si se es muy joven al delinquir, el comitente lo que ganará será mala fama inspirará desconfianza y se le cerrarán las puertas. Si el delito cometido es grave, podrá pasar en la cárcel la mejor parte de su vida con peligro de perderla en alguna reyerta entre reclusos o mediante una enfermedad contagiosa y mortal, producto del hacinamiento que existe en todas ellas. Tras purgar su pena y reincorporarse a la sociedad se sentirá perdido en un ambiente extraño.
Si el delincuente es de edad madura y su delito fue grave, tras purgar su condena, saldrá de la cárcel sin haber podido disfrutar del producto de su fechoría y siendo ya muy tarde para empezar una nueva vida.
Aunque no lo hayan logrado apresar porque escapó, tendrá que vivir siempre escondido o huyendo. No estará purgando pena impuesta bajo el peso de la ley, pero estará pagándola bajo el pesado plomo de una zozobrante angustia y el desvelo.
Ante este panorama resulta interesante considerar, desde el punto de vista penal, cuáles pueden ser las consecuencias para el que delinque, tomando en cuenta su edad, y a fin de que abran los ojos y piensen bien antes de actuar.
Si se es muy joven al delinquir, el comitente lo que ganará será mala fama inspirará desconfianza y se le cerrarán las puertas. Si el delito cometido es grave, podrá pasar en la cárcel la mejor parte de su vida con peligro de perderla en alguna reyerta entre reclusos o mediante una enfermedad contagiosa y mortal, producto del hacinamiento que existe en todas ellas. Tras purgar su pena y reincorporarse a la sociedad se sentirá perdido en un ambiente extraño.
Si el delincuente es de edad madura y su delito fue grave, tras purgar su condena, saldrá de la cárcel sin haber podido disfrutar del producto de su fechoría y siendo ya muy tarde para empezar una nueva vida.
Aunque no lo hayan logrado apresar porque escapó, tendrá que vivir siempre escondido o huyendo. No estará purgando pena impuesta bajo el peso de la ley, pero estará pagándola bajo el pesado plomo de una zozobrante angustia y el desvelo.