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La colmena vacía


Bernard de Mandeville (1670-1733) era médico, filósofo y economista. En 1713 publicó una sátira social que lo catapultó a la fama y que hoy figura como bibliografía obligada en las escuelas de economía y derecho: La fábula de las abejas-vicios privados beneficios públicos.

En ella trata sobre la ética del egoísmo como virtud en el progreso económico y el desarrollo social. En la colmena hay dos tipos de abejas, las canallas asimiladas y las canallas disimuladas; así interpretaba Mandeville a la sociedad londinense de su tiempo. Los primeros eran los charlatanes, especuladores, ladrones, estafadores, falsificadores, etc. Los últimos, los más, eran básicamente honestos pero que no dudaban en cometer alguna trampa o engaño, un "juega vivo" astuto para sacar ventajas ilegítimas en la competencia entre ellas.

Así la colmena se transformó. Los vicios privados lograron pingües beneficios públicos. Pero como el diablo está en los detalles, la desigualdad entre las abejas productoras produjo una convulsión que llevó a la colmena a suplicarle a Júpiter por una actitud más ética y virtuosa. Cumplido este deseo, al cabo de un tiempo, la producción comenzó a declinar a medida que las virtudes altruistas se prodigaban entre ellas. La colmena pasó a ser una sociedad aburrida, igualitaria pero sin deseos de competir ni de progresar La moraleja sustenta los criterios que más tarde sostuvieron, durante la revolución industrial, los ideólogos del libre mercado. Se trata del egoísmo virtuoso, del darwinismo económico y la mano invisible.

La obra de Mandeville se editó varias veces y en cada una de ellas se agregaron nuevas conclusiones y críticas. La fábula de las abejas parece haber renacido en Wall Street y en la Casa Blanca de Washington donde los ideólogos de la Gran Debacle del 2008 hicieron tabla rasa. La principal crítica de entonces -como la de ahora- es que la ausencia de la ley, protectora del bien común, y no la presencia de la moral perfecta (utópica por absurda) es la causante de la destrucción del "paraíso productivo" y del nacimiento del "limbo estancado".

En las sociedades modernas y maduras, la aplicación ética de la ley es el arma indispensable para mantener un orden social estable que permita el progreso sin abusos. La moral y la ética no se fundamentan en ninguna transmisión genética sino en la educación cívica de sus ciudadanos. "Tanto el orden social como el orden del mercado ??"y yo agregaría el del Estado (ciudadanos y gobierno)- están anclados en una infraestructura ética" E. Giannetti.

A mi juicio el desastre económico que vive el mundo, si bien ha sido causado por una falta de responsabilidad moral y de ética en el manejo financiero de las empresas por "canallas asimilados" y de clientes que acudieron a ellas como "canallas disimulados" nos ha revelado con contundencia que la mayor responsabilidad recae en el Estado. Ausente en su función principal: aplicar las leyes que regulan la sociedad, al individuo y muy especialmente, al propio gobierno.

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