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La Comisión de la Verdad abre camino a la justicia


La "Comisión de la Verdad" debe arrancar con una buena dosis de misericordia, sin renunciar al ansia humana de justicia. A la Iglesia le importan todos los seres humanos, también los desaparecidos. El centro del cristianismo son las relaciones interpersonales, no las prácticas religiosas. En el cristianismo se nos anuncia un Dios identificado con la víctima, que ofrece perdón y vida a todos. La recuperación de la memoria, el conocimiento de la verdad, la aplicación de la justicia y el arrepentimiento del victimario, nos acercan al perdón, que sólo otorga la víctima, individual y colectiva de la violación y la injusticia cometidas.
La impunidad es hija de la mala memoria, tanto como la corrupción se ampara en la impunidad y la mentira. Frente a los desaparecidos, torturados y asesinados, a raíz del golpe militar de 1968 y de la invasión norteamericana de1989, se impone la recuperación de la memoria, como primer paso para encontrar el camino de la verdad. Con la verdad haremos posible la justicia, uno de sus frutos. Sólo entonces, de la verdad y la justicia, nos vendrá la paz, única y verdadera reconciliación.
Claro, el camino es largo, pero necesario; si no, corremos el riesgo de tragarnos, enteros a los desaparecidos, incluyendo los propósitos políticos por los cuales los desaparecieron. En el tema, la corrupción y la impunidad, encuentran trono o reinado como señaló Amnistía Internacional en su informe anual 2000 sobre los derechos humanos en nuestro continente.
El encuentro con una parte de la verdad contenida en las osamentas de personas encontradas en las excavaciones del antiguo cuartel militar de Los Pumas en el área de Tocumen, nos coloca ante un pasado, presente y futuro. En gran medida, nuestro pasado-presente-futuro estará marcado por el tratamiento que le demos a estos hechos. Lo que ahora sucede a la nación panameña, demuestra que los desaparecidos no necesitan boca para hacer escuchar su voz. Que los desaparecidos, torturados y asesinados seguirán apareciendo, de manera misteriosa, pero real y concreta. Los desaparecidos son como la luz de las estrellas muertas hace miles de años, cuyo brillo, seguimos viendo desde la Tierra.
En Panamá o en Chile, el tema de los desaparecidos, en primera instancia, cuestiona el valor que nuestra sociedad le da a la vida humana. ¿Toleramos que un grupo de personas, civiles o militares, dispongan de la vida de seres humanos como si fueran pollos de corral? Los asesinados y desaparecidos muestran una actuación bárbara y cruel frente a la vida. Los victimarios acomodan, enfermizamente, todos los mecanismos del poder del Estado poniéndolos a su servicio, y, sin ruborizarse, investidos de poder dictatorial, deciden sobre la vida y la muerte de otros seres humanos.
La práctica y el método utilizado durante la dictadura por los dictadores, con o sin "cariño", como se autodenominaba el dictador de acá, nos revela la similitud en el método utilizado por la actual dictadura del mundo unipolar que ahora sufrimos. En el ámbito internacional, a rajatabla se imponen las políticas económicas neoliberales, sin importar las consecuencias terribles que éstas causan en la vida de la gente y la ecología. El neoliberalismo causa más muertes que la guerra. Cada 2 horas, por lo menos, mueren 70 mil personas a causa de la economía capitalista, hoy llamada neoliberal.
Machacar la riqueza contenida en la inmensa diversidad que suponen los seres humanos, está en la base de toda dictadura, nacional o internacional, civil o militar. Los propósitos y factores en que se cocina una dictadura son múltiples y variados. La ambición de poder y acumulación de riquezas es el norte que las anima. Que quede claro, las dictaduras nunca actúan solas. "Nadie se vuelve amo, si nadie se vuelve esclavo" nos dice Hegel, y Gandi lo comprobó en su país.
Hoy, ante la posibilidad de que se nombre una Comisión de la Verdad, esta vez solicitada por la propia Conferencia Episcopal Panameña y anhelada por una amplia mayoría de la población, necesitamos ser lo más claros y transparentes posibles. Necesitamos saber, hasta donde nos sea posible, y un poco más allá. 1. ¿Qué sucedió? 2. ¿Cuándo y dónde? 3. ¿Quiénes fueron los responsables? 4. ¿Qué efectos -individuales, familiares y colectivos- tuvo este hecho en sus vidas? 5. ¿Qué hizo para enfrentarlos? 6. ¿Por qué cree que pasó? 7. ¿Qué habría que hacer para que no vuelva a pasar? Creemos, que, por lo menos, estas siete preguntas deben orientar el trabajo de los miembros de una "Comisión de la Verdad". Son las mismas preguntas que fueron utilizadas por la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala en la elaboración del Informe Proyecto Interdiocesano de Recuperación de la Memoria Histórica, conocido por sus siglas como REMHI, de dónde salió el informe "Guatemala Nunca más".
En Guatemala, el 26 de abril, dos días después de haber presentado el informe, "Guatemala Nunca Más", el director pastoral del Proyecto REMHI, monseñor Juan Gerardi, fue brutalmente asesinado. Los asesinos del obispo, le machacaron el cerebro, tratando de borrar la memoria y la verdad recuperada. Guatemala, aún espera justicia, sin ella, todos sabemos que no habrá ni olvido, ni perdón, ni reconciliación, ni paz. Aún llegando a la justicia los asesinados y desaparecidos permanecerán en nuestra memoria, para que no se vuelva a repetir.
Hoy, con la verdad y la justicia en la lista de espera, los oscuros y rentables propósitos de los desaparecedores y masacradores, nos acompañan. Mientras no aclaremos el asunto, los victimarios continuarán disfrutando de una ciudad edificada sobre la sangre y los huesos de los desaparecidos. Hasta que no sepamos la verdad, viviremos la angustia de las víctimas y la impunidad de los victimarios. Ninguno de nosotros puede permanecer ajeno a esta realidad.
Nada de "borrón y cuenta nueva", todo el perdón, pero no el olvido, las personas desaparecidas y masacradas, de aquí y de allá, estarán presente en nuestros días de ayer, de hoy y de siempre. Tampoco se trata de venganza, no imaginamos a Dios feliz con gente torturándose en el infierno. Pero sí se trata, de buscar alternativa para no dejar sin respuesta la sangre de inocentes. Se trata de recuperar la memoria, la verdad y la justicia, sobre cada uno de los desaparecidos, como todo ser humano, hecho a imagen de Dios.
Se trata también de construir una sociedad en la cual se dé pleno respeto a los derechos humanos, la justicia, la verdad, la tolerancia y dé satisfacción de las necesidades básicas a toda la población, que todo hombre y mujer de esta patria panameña, tengan como mínimo: trabajo, alimentación, salud, vivienda y educación. Esto es democracia con justicia social. "Entonces los ojos de los ciegos se despegarán y los oídos de los sordos se abrirán, los cojos saltarán como cabritos y la lengua de los mudos gritará de alegría". Isaías 35,5-6.

101 años de Panamá América

 
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