La concertación nacional y las partidas circuitales
Celebro, al igual que la mayoría de los panameños que cuentan con una buena dosis de sensatez, que al fin se han dado las condiciones para el inicio de un diálogo nacional que conlleve la adopción de medidas para atacar frontalmente los problemas prioritarios del país. ¿Y, cómo se logró este milagro?, se preguntan muchos. Sencillamente eliminando a los legisladores los privilegios de las "partidas circuitales". La Señora Presidenta, con habilidad política que no le querrán reconocer sus opositores, aprovechó un fallo de la Corte Suprema de Justicia y la delicada situación económica mundial, que se agravó con los sucesos trágicos y condenables ocurridos en la ciudad de New York el pasado 11 de septiembre, para eliminar las criticadas "partidas circuitales".
La gran mayoría de los legisladores pusieron inmediatamente el grito al cielo. Veían cómo de un plumazo se les iba a muchos de ellos dineros que no les correspondían administrar y a otros los fondos que no eran de ellos, pero que los utilizaban como si fueran propios, para hacerse campañas proselitistas. Usaron para defenderlas los argumentos más increíbles que apena el solo repetirlos. Ellos ni siquiera se ruborizaron. ¿Se habrán puesto a pensar que con esos desembolsos multimillonarios de los últimos años, si éstos se hubieran realizado coherentemente, el problema del IDAAN sería cosa del pasado o tendríamos un Hospital Santo Tomás moderno y eficiente? Los beneficios que ellos -los legisladores- dicen hacer en algunas comunidades, hay, por Constitución, otras dependencias del Estado encargadas de hacerlo. Ellos están para legislar y no se les eligió para otros fines.
El país entero, en diversas formas y en reiteradas ocasiones, se ha opuesto rotundamente a las "partidas circuitales". El vicepresidente Vallarino declaró hace poco y, sorprendentemente, se le dieron a sus palabras muy poca publicidad, que en los últimos seis años con el mismo número de legisladores el presupuesto de la Asamblea se ha más que duplicado y que por contrato existían tantas personas que si fueren a trabajar no cabrían en el edificio legislativo, ni en otro igual. ¡Qué barbaridad! ¡Qué despilfarro y qué falta de sintonía con el pueblo! ¿Cuántos empleados tiene la Asamblea? Parece ser un misterio muy bien guardado. ¿Cuántos son los asesores y funcionarios por contrato? ¿Cuál es el número de periodistas que allí "laboran". Nadie con autoridad lo dice, a pesar de que lo saben. ¿Por qué el silencio? Adivínenlo.
Ojalá se iniciaran cuanto antes las reuniones entre los distintos sectores políticos y económicos para encontrar la unidad nacional que la urgencia de nuestras necesidades exige. Es importante que el país tome una posición frente a los temas de la recuperación económica, el desempleo, el ensanche del Canal, las reformas integrales del aparato gubernamental, la apertura de los mercados y la grave situación internacional. Los otros asuntos de intereses sectarios o particulares deben dejarse de lado si es que se quiere llegar a un acuerdo y que estas conversaciones por el egoísmo imperante no terminen en un rotundo fracaso. Que no se conviertan las mismas en un trueque entre el gobierno y la oposición para beneficios sectarios e intrascendentes y que las aspiraciones nacionales no queden una vez más postergadas.
La gran mayoría de los legisladores pusieron inmediatamente el grito al cielo. Veían cómo de un plumazo se les iba a muchos de ellos dineros que no les correspondían administrar y a otros los fondos que no eran de ellos, pero que los utilizaban como si fueran propios, para hacerse campañas proselitistas. Usaron para defenderlas los argumentos más increíbles que apena el solo repetirlos. Ellos ni siquiera se ruborizaron. ¿Se habrán puesto a pensar que con esos desembolsos multimillonarios de los últimos años, si éstos se hubieran realizado coherentemente, el problema del IDAAN sería cosa del pasado o tendríamos un Hospital Santo Tomás moderno y eficiente? Los beneficios que ellos -los legisladores- dicen hacer en algunas comunidades, hay, por Constitución, otras dependencias del Estado encargadas de hacerlo. Ellos están para legislar y no se les eligió para otros fines.
El país entero, en diversas formas y en reiteradas ocasiones, se ha opuesto rotundamente a las "partidas circuitales". El vicepresidente Vallarino declaró hace poco y, sorprendentemente, se le dieron a sus palabras muy poca publicidad, que en los últimos seis años con el mismo número de legisladores el presupuesto de la Asamblea se ha más que duplicado y que por contrato existían tantas personas que si fueren a trabajar no cabrían en el edificio legislativo, ni en otro igual. ¡Qué barbaridad! ¡Qué despilfarro y qué falta de sintonía con el pueblo! ¿Cuántos empleados tiene la Asamblea? Parece ser un misterio muy bien guardado. ¿Cuántos son los asesores y funcionarios por contrato? ¿Cuál es el número de periodistas que allí "laboran". Nadie con autoridad lo dice, a pesar de que lo saben. ¿Por qué el silencio? Adivínenlo.
Ojalá se iniciaran cuanto antes las reuniones entre los distintos sectores políticos y económicos para encontrar la unidad nacional que la urgencia de nuestras necesidades exige. Es importante que el país tome una posición frente a los temas de la recuperación económica, el desempleo, el ensanche del Canal, las reformas integrales del aparato gubernamental, la apertura de los mercados y la grave situación internacional. Los otros asuntos de intereses sectarios o particulares deben dejarse de lado si es que se quiere llegar a un acuerdo y que estas conversaciones por el egoísmo imperante no terminen en un rotundo fracaso. Que no se conviertan las mismas en un trueque entre el gobierno y la oposición para beneficios sectarios e intrascendentes y que las aspiraciones nacionales no queden una vez más postergadas.