La conspiración del ALBA (I)
I. Tipos de golpe de Estado.
Al reflexionar sobre el golpe de Honduras llamo la atención sobre su significación e importancia. Se habla a su propósito de golpe de Estado como si hubiese un único prototipo de golpe de Estado, cuando en realidad existe una variedad que me obliga a distinguir por lo menos tres.
El primer tipo de golpe pretende establecer una dictadura tradicional. Todos hemos tenido experiencia en Latinoamérica con este fenómeno socio-político que incluye casi siempre represión y persecución de parte de militares y tiende a ser históricamente regresivo para el desarrollo de la nación. Podríamos denominarle “golpe para la dictadura”.
Al contrario, hay golpes de Estado que ayudan a establecer una democracia, por eso son bienvenidos como benéficos. Persiguen establecer, mantener, restablecer o defender la democracia. Normalmente tienen el apoyo de una amplia mayoría de la población, porque sus objetivos son la búsqueda de un sistema político en donde prime la libertad y que sea al mismo tiempo un régimen de Derecho. De allí lo indispensable de una Constitución apropiada para una democracia que depende tanto del pluralismo ideológico-social como del pluralismo político-constitucional. Rara vez cuando se trata de perfeccionar una democracia se piensa en una revolución generadora de violencia, sangre y muerte, y más bien se contempla en un concepto de evolución que requiere diálogo, negociación y consenso al margen de cualquier violencia menor que puedan ocasionar inevitablemente. La Constitución en estos casos está abierta a reformas, incluso profundas por los métodos que ella misma prevé. Se les denomina “golpes democratizadores”.
El tercer tipo de golpe es el identificado con el que ejecutaba en Honduras el presidente derrocado Manuel Zelaya al violar la Constitución reiteradamente. Perpetraba un golpe de Estado por etapas, emulando a su modelo y antecedente directo y decisivo Hugo Chávez Frías en Venezuela.
II. El modelo de golpe de Chávez.
Por su parte, Chávez no sólo se ha limitado a justificar su propio golpe y el rito subsecuente sino que se ha dedicado a propagarlo, petróleo y dinero en mano, por toda Latinoamérica con su grupo ALBA y el preconizado socialismo del siglo XXI. Para lograrlo se ha lanzado al mercado de los liderazgos políticos internacionales comprándose uno que le permita (con los miembros de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América -grupo ALBA- que en realidad son en algún grado sus secuaces políticos) celebrar un rito clásico: en primer término a manera de introducción que despiste, participar en una elección tradicional, aprovechando una crisis que él mismo suscita y ayuda a llevar a su punto culminante; en segundo, introducir una propuesta de reforma constitucional, y si es necesario mediante una constituyente revestida de la apariencia de mera consulta no obligante, cuyos resultados confía sean favorables y le permitan inyectar en el máximo ordenamiento jurídico del país nuevos principios constitucionales que abren las puertas a su propósito real, el cual es garantizar reelecciones continuas dotándole de poderes omnímodos. El tercer elemento es el desconocimiento efectivo, incluso de la nueva Constitución, seguido de la suplantación de todas las autoridades cuyo periodo de mandato no le permita al presidente removerlos a su antojo; vienen entonces las maniobras financieras para manipular los agentes de la economía y eventualmente nacionalizaciones desconocedoras de contratos de inversión con la nación. Como una de las medidas más reveladoras del verdadero espíritu de ALBA está el establecimiento de lo que en la Revolución Cubana se llamó Comités de Barrio y en Panamá, con Noriega, Batallones de la Dignidad. En Ecuador el presidente Rafael Correa acaba de proponer los Comités de Defensa Nacional. Con esto se persigue la concentración extrema del poder en el Órgano Ejecutivo es decir en la persona del titular que sea miembro del ALBA. Clausura de medios de comunicación, persecuciones de adversarios políticos y suspensión o eliminación de las tradicionales garantías individuales, son la conclusión de este elaborado rito en el que se inmola la democracia en pos de la comunión con la megalomanía, el abuso de poder, la corrupción, el caudillismo que considera al Estado como patrimonio propio.
(II parte y final sigue mañana).
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