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La Constitución


El momento actual es muy oportuno para escribir y que se inicie un debate sobre la actual Constitución, la constituyente paralela o las reformas profundas que hay que hacerle al actual instrumento jurídico.

Una constituyente paralela tiene el gran peligro de que si bien se sabe cómo comienza es difícil pronosticar qué sale de ella. Además, tenemos la experiencia del año 1946, cuando los constituyentes por sí y ante sí pasaron a ser legisladores y posteriormente se constituyeron nuevamente como constituyentes para derrocar al presidente Enrique Jiménez, nombrado por ellos mismos. La actual Constitución con gran urgencia necesita actualizarse.

Por ello, nos inclinamos, entre otras cosas, a realizar cambios profundos en nuestra Constitución. Estas modificaciones podrían hacerse de dos maneras. La primera es que dichos cambios sean aprobados por dos asambleas distintas; y la segunda, es que sean aprobadas por medio de un plebiscito.

No soy, por supuesto, constitucionalista, ni experto en asuntos legales, pero sí se considera que por razones prácticas es preferible adoptar el sistema de introducirle reformas profundas, no parches, a la Carta Magna, los aspirantes a la Presidencia deberían desde ahora nombrar una comisión integrada por distinguidas personalidades políticas de distintos colectivos e independientes, a fin de que esta comisión prepare un anteproyecto que le será entregado al candidato o la candidata para que después de amplias consultas con los distintos grupos de opinión pueda ser llevada a un plebiscito durante las primeras semanas del nuevo mandato presidencial.

Se hace necesario que entre las reformas debe haber un sistema distinto al actual para la elección de los magistrados de la Corte Suprema de Justicia. También sería material constitucional el descentralizar el Estado; establecer la segunda vuelta electoral y flexibilizar al Tribunal Electoral para que, sin trabas, pueda reglamentar el asunto de las primarias y de los residuos electorales que tanto se han opuesto los grupos dirigentes en el pasado, principalmente el PRD.

Al establecerse en las Reformas Constitucionales la Segunda Vuelta, que existe en casi todos los países democráticos del área, se evitará que un gobierno de minoría asuma el poder como ha sucedido casi siempre en el pasado.

Las alianzas se harían antes de la segunda elección. Las otras disposiciones electorales evitarían los largos períodos de las primarias y los altos costos de una campaña.

Ojalá pensemos en el futuro y no estemos improvisando las soluciones a los muchos problemas que tiene el país entre los cuales, sin duda alguna, están las reformas constitucionales.

101 años de Panamá América

 
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