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La Constitución del centenario


La discusión nacional en torno a si es o no necesario una reforma integral de la actual Constitución, ha acaparado la atención de muchos sectores por mucho tiempo. Por razones diversas, la actual Constitución requiere de cambios profundos en todos los aspectos. Sin embargo, es vital para el país conocer primero para qué se requieren las reformas e identificar las mismas a fin de evitar la improvisación y darle estabilidad a esa futura Carta Magna para que rija las instituciones fundamentales de la Nación en el tiempo.
Hace ya algunos meses en la USMA, me tocó participar en un nutrido debate sobre el tema con apreciados colegas, todos identificados con la eventual reforma, pero desde ángulos distintos. En ese momento, entre otras cosas dije, que este país no está como está por culpa de la Constitución, ni se va a mejorar la situación de manera integral, porque entre todos aprobemos la mejor constitución del mundo. Este país está como está, precisamente, porque ha faltado en el tiempo la voluntad política de gobernarlo mejor y a tono con las circunstancias, dentro de parámetros mínimos de ética y respeto por principios que son fundamentales en cualquier Estado de Derecho. El destacado constitucionalista, Dr. Carlos B. Pedreschi, en una conferencia dictada en marzo de 2002 ante la Asamblea Legislativa, recogida en un folleto editado por el Instituto de Estudios Políticos e Internacionales, hace un análisis pormenorizado de la actual Constitución, destacando su origen, las circunstancias que rodearon ese origen, así como la evolución que la misma ha tenido a través de los distintos cambios que se le han hecho, concluyendo entre otras oportunas reflexiones que "todo parece indicar que nuestra clase política en general nada ha aprendido de los 21 años de dictadura que sufrió el país y que poco hace para evitar la ocurrencia en el futuro de patología igual o semejante a la padecida". En el fondo de eso se trata, actitudes y voluntades serias y transparentes para regir los destinos nacionales, no de normas y constituciones que en la mayoría de las veces son letra muerta o de selectiva aplicación, que quizás es peor.
He tenido la oportunidad de revisar el proyecto de Acto Legislativo que la Asamblea Legislativa ha propuesto al país y que la han denominado como el título del presente artículo. Sin ánimo de entrar a su análisis pormenorizado-que puede ser materia de otro artículo-, puedo manifestar que tal propuesta adolece de grandes fallas conceptuales e introduce instituciones novedosas que no tengo claro para qué vienen a cuento. No sé con quiénes se ha consultado la misma de manera amplia para concluir que tal iniciativa es la que le conviene al país para iniciar el urgente saneamiento institucional. Eliminan algunos cargos, pero dejan casi intactos los privilegios e inmunidades, extendidas algunas para crear fueros específicos sobre personas específicas para lo que sea que pase en el futuro. Es un esfuerzo que no le veo ninguna viabilidad ya que, con el disfraz de las innovaciones que plantea, esconde, quizás, la razón misma de uno de sus propósitos, a mi juicio, extender la cuestionada inmunidad legislativa a los expresidentes al hacerlos parte del Organo Legislativo en el período inmediatamente posterior a su mandato. Lo demás viene sobrando, sin entrar a mencionar las intenciones en torno al Canal, de por sí confusas y preocupantes, por decir lo menos. Creo que si el propósito fue en algún momento oxigenar el debate político en torno a un tema de tanta trascendencia nacional, este elemento, el de la inmunidad, le dio el tiro de gracia. Simplemente, se propone una nueva constitución para seguir con más de lo mismo. ¡Increíble!
Siempre he sido del criterio que la adopción de una nueva constitución debe estar precedida de un amplio debate entre todos los grupos nacionales. El Foro 2020 está en ese esfuerzo y debemos apoyarlo. El momento de esa discusión no es éste. El entorno electoral ya no brinda la tranquilidad para semejante aventura y el método de aprobación está condenado al fracaso. ¿Se imaginan a este gobierno intentando pasar un referéndum para aprobar una constitución con todo lo que la misma trae de "novedoso"? No lo creo posible. Considero que uno de los más claros compromisos que el nuevo gobernante debe asumir desde ahora, cuando aún se es candidato, es cambiar la actual Constitución. Esa Carta debe ser el reflejo de un concepto de visión nacional, que recoja las grandes ideas acordadas para iniciar ese Gran Proyecto Nacional que deberá ser la obra cumbre de la próxima administración, con el compromiso sincero de todas las fuerzas políticas de respetarlo en el tiempo para darle continuidad y coherencia al desarrollo nacional. Deberá ser la definición del país que deseamos lo que defina el marco regulatorio, de lo contrario, flaco favor le hacemos a la solución de la grave problemática nacional. Debemos darnos una carta fundamental que nos sirva en el tiempo, que se adapte a la modernidad de los nuevos esquemas, que recoja un compromiso con principios de ética política y que contenga disposiciones que le permitan al ciudadano tener acceso a la información pública sin cortapisas ni subterfugios, en franca armonía con claros principios de transparencia y recta administración de justicia. No caigamos en la tentación de iniciar la discusión de un pésimo proyecto porque terminaremos aprobando una mala constitución. Pareciera que el motivo de esta propuesta, es, en estas circunstancias, un vehículo para darle más tiempo al tiempo y seguir dándole más cheques en blanco a la actual clase política que no se merece otra cosa que no sea el rechazo general, precisamente por el triste desempeño que ha tenido y el poco caso que le ha hecho a una opinión pública generalizada, exigente de profundas rectificaciones. Es preocupante ver a diario la disociación del discurso con la realidad, y, lo peor de todo, que creen que están convenciendo a alguien.
Las formas para darnos esa nueva y necesaria Constitución no la encasillo en las que hoy se conocen. La situación nacional cada vez más parece acercarnos al esquema constituyente, buscando en el soberano el poder y la legitimidad para poder poner orden a tanta desvergüenza y desface. Comparto con el Dr. Pedreschi el razonamiento de que la forma de darnos esa nueva Constitución será a través de las fórmulas políticas que resulten viables en el momento oportuno.
Veamos el fondo hoy, no la forma, que la determinará el mañana, que tampoco está tan lejos. Reitero, en el Foro 2020 hay ya un buen comienzo y goza de credibilidad y respeto. Analicemos bien esa propuesta y veamos cómo podemos hacerla más rica en principios que aseguren la mejor administración de la Nación panameña. Tiene ese foro, por la representatividad que ostenta, la manera de iniciar las exigencias nacionales en torno a compromisos serios de todas las partes que pretenden dirigir los destinos del país a partir del 2004.
*Analista uruguaya.
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