default

La Constituyente y la vergüenza de desnudarse en público (II)


Los defensores de la Asociación Nacional Constituyente (ANC) -que tiene detractores de todo signo y condición- no pretendemos "modernizar" o "perfeccionar la Constitución, ni mucho menos solucionar lo que el detractor denomina problemas globales ético-culturales, adjudicando así al pueblo panameño una cultura de corrupción. Como se ve, el detractor convierte a la víctima en victimario, ofendiendo con ello a una inmensa mayoría ciudadana de hombres y mujeres decentes, que lo que quieren es un país decente, para lo cual proclaman a gritos su deseo de que se vayan todos los integrantes de una clase política sobre cuyas espaldas recae la responsabilidad de haber hundido a la República en la ignominia y la desesperanza.
Arguye el detractor que en Colombia la Constituyente no dio resultado en su intento de integrar a los grupos guerrilleros, callándose tramposamente el que sólo fue uno de los grupos guerrilleros el que aceptó el proceso constituyente, encargándose posteriormente los militaroides y sus aliados paramilitares de asesinarlos uno a uno, dándole de esa manera la razón a los grupos guerrilleros que no aceptaron el proceso. En la misma línea argumental, aduce el detractor que en Venezuela el proceso constituyente tampoco dio resultado en su intento de regenerar las fuerzas partidarias, ocultándole a sus lectores que se regenera lo degenerado, y que en el caso de los "adecos" eso es imposible, dado los miles de muertos y millones estafados al pueblo de Venezuela que cargan sobre sus espaldas; y en el de los "copeyanos", hermanos de sangre del detractor, se trata de un objetivo simplemente impensable. De ahí su aplauso vergonzante del intento de golpe de estado neofascista y la implicación directa, de las fuerzas que el detractor pretende regenerar, con los cuarteles y las botas golpistas.
No conforme con sus desatinos, el detractor solicita que, para avanzar hacia una constituyente, se debe demostrar que lo medular de la actual Constitución es lo inapropiado. Menos mal que no se cuenta con él en el Colegio de Ingenieros y Arquitectos, pues de lo contrario lo veríamos empeñado en el vano intento de construir casas y edificios empezando por el tejado. Lo que en tal caso habría que demostrar, y en nuestro caso es innecesario por obvio, es que la sociedad que tenemos no funciona, que no logra dar satisfacción al cúmulo de demandas ciudadanas, y que el torniquete que nos aplican para inmovilizarnos y dejarnos en indefensión es la Constitución Nacional vigente.
Sólo hay que preguntarle al ciudadano de a pie qué es lo que posibilita que una mayoría de legisladores desafíen al soberano negándose impunemente a levantarse la inmunidad; o qué es lo que permite que los integrantes de los tres órganos del Estado disfruten de los escandalosos privilegios de sus cargos; o qué es lo que permite que el 80% de los que sufren cárcel no hayan sido juzgados; o qué es lo que posibilita que enfermedades derrotadas emerjan con fuerza sorprendente. O qué es lo que permite que se aprueben "convenios" y "acuerdos" internacionales que limitan nuestra soberanía y jurisdicción, en burla descarada del pueblo y con la complicidad del silencio de nuestros actuales "representantes". No habrá uno solo de nuestros ciudadanos de a pie que dude en responder que la responsabilidad recae fundamentalmente en una Constitución hecha a la medida de los depredadores del actual régimen político.
Podría extenderme sobre las privatizaciones que como una maldición nos han impuesto, o sobre el título constitucional que crea un Estado dentro de nuestro Estado, con la única finalidad de garantizar los escandalosos "salarios" y otras cosas de las que disfruta un reducido grupo constituido en nueva oligarquía canalera. O hablar de los "pactos" legislativos cuyo único resultado visible es el emplanillamiento de la totalidad de los partidarios del detractor, que por suerte son pocos y nos salen, dentro de lo que cabe, baratos. O referirme al rosario de quiebras fraudulentas impunes que han dejado en la miseria a miles de confiados y pequeños ahorradores. Pero todo ello, en la mente del detractor, queda reducido a una profunda crisis de moral pública que, por demás, responde, según su entender, a problemas éticos-culturales de nuestro pueblo. No hay nada más cínico que achacarle a la apetitosa oveja la culpa de haber despertado la incontrolable gula del lobo.
La que es verdaderamente profunda es la crisis política, económica y social en la que han hundido a nuestro pueblo, y de la que sólo podremos intentar salir aireando públicamente nuestros problemas fundamentales (debate constituyente), para luego dotarnos, entre todos, de una suprema norma de convivencia política, social y económica, que impida que el lobo nos eche en cara el ser apetitosos y, de ser posible, que expulse al lobo de la cosa pública.
No este el lugar ni el espacio para desgranar en detalle cuáles serían los componentes de la actual Constitución que amerita cambios, entre otras razones, porque lo que amerita cambio es la totalidad de la Constitución. Pero no me opongo tampoco a señalar, para así quitarle el sueño al detractor, algunos de los elementos que deberían introducirse en la nueva Constitución que devendrá como resultado del proceso constituyente.
Creo que todos los ciudadanos, menos quizá el detractor, estamos de acuerdo en eliminar de raíz los privilegios e impunidades de las que disfrutan nuestros "representantes", obligándolos además a dar cuenta pública de todos sus actos. Nadie se opondrá a la creación de mecanismos que permitan el ejercicio democrático del referéndum para todos los asuntos que se refieran a la soberanía, la jurisdicción y los bienes públicos, constitucionalizando además la obligación de hacer retornar lo privatizado al patrimonio del Estado. Creo que existe unánime acuerdo en constitucionalizar la prohibición de privatización de la Caja de Seguro Social, así como devolver al pueblo los bienes revertidos, que hoy se entregan sin vergüenza a la voracidad de las transnacionales y a los amiguitos y amiguitas del régimen actual. Existe consenso en reformar profunda e íntegramente la totalidad del Organo Judicial. Acabar con el actual sistema electoral partidocrático es una aspiración de todo el pueblo, tal como lo demuestran las encuestas, sin olvidar la necesaria revocatoria de mandato por parte de los electores, que son los verdaderos dueños de los cargos de elección. En cuanto a la salud y la educación pública, no creo que habrá discusión si se le entregan de manera exclusiva los recursos provenientes de la explotación panameña del Canal de Panamá, y sin que ello signifique disminución de los aportes que de forma obligada tendría que destinar a ello el Estado.
No me alargo más, pues lo creo innecesario y hasta ofensivo para la inteligencia del ciudadano de a pie, que es el que sufre día a día la perversión del régimen político consagrado en la actual Constitución.
Lo que queda claro es que el proceso constituyente se ha iniciado y que sus detractores intentarán por todos los medios hacernos comer del fruto prohibido de los "notables", de los "dos métodos" que establece la Constitución que queremos cambiar, de la "crisis de moral pública" para intentar el imposible objetivo de ocultarnos la irreversible crisis por la que atravesamos.
En esta ocasión no habrá malvada culebra que, por mucho que se pinte de verde para confundirse con el follaje del paraíso, nos haga comer de esa fruta engañabobos. Por suerte algunos nos lo pintan fácil, pues sin quererlo, al desnudarse en público, y mostrarnos sus partes política pudendas, nos han avergonzado a todos.
(mabernal@sinfo.net)

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América