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La Constituyente y sus detractores


Nunca pensamos que el documento denominado La crisis de legitimidad y la salida constituyente, suscrito por un conjunto de docentes iba a producir el rico debate que ha generado. Existen argumentos tanto a favor como en contra y no hay día en que no aparezca un artículo de opinión o algún debate sobre el tema de la posibilidad de convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente. Se podría decir que de un debate académico, el tema se ha convertido en un debate político. Los críticos lo son de la derecha política panameña y también de la izquierda, y lo hacen utilizando argumentos poco consistentes. Veremos si podemos dar respuesta a las críticas apuntando, en el mismo giro, el tipo de constituyente que nosotros postulamos y por la cual luchamos.
Lo primero que hay que precisar es el método que introduce una Asamblea Nacional Constituyente. Se trata de un método de movilización democrática, cuyo objetivo central es el cambio del sistema político de democracia restringida que excluye la participación de las mayorías. En consecuencia, no se trata de, solamente, redactar un texto normativo sino cambiar, por métodos democráticos, el sistema político. Se trata, por tanto, de poner en movimiento un amplio sujeto democrático, compuesto por todos los desplazados del sistema político, por los que impulsan todo tipo de reivindicaciones democráticas. En razón de su carácter democrático, el movimiento pro constituyente es político y no jurídico.
En segundo lugar, la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente aspira a convertirse en un vasto movimiento integral. No puede ser convocada para resolver, simplemente, problemas coyunturales. No es que ellos no importen. Constituyen elementos cruciales como mecanismos para lograr integrar, en un nivel más alto, todas las reivindicaciones de la sociedad. Por ello, existe una relación entre problemas de coyuntura y problemas de fondo que deben ser integrados en un programa total, integral.
Frente a los problemas apuntados, los detractores oficiosos de una Asamblea Constituyente para cambiar el sistema político y, en consecuencia, redactar un nuevo texto plantean los siguientes argumentos. Por un lado, la posibilidad de usar la cláusula de reforma contenida en la Constitución o, aceptando la constituyente a medias, una comisión de notables que redacte la nueva Constitución. Algunos hasta ya la tienen redactada. Utilizar la cláusula de reforma vigente es no percibir la crisis de legitimidad de todo el Estado y confiar en el Organo Legislativo, en crisis final, la posibilidad de construir una nueva institucionalidad. Igual cosa ocurre con la comisión de notables. ¿Quiénes son esos notables redactores de Constituciones?. Una Constitución producida desde las cúpulas políticas actuales que son, precisamente, las que han llevado al país a la actual situación crítica no puede ser democrática. No menos peligroso, por lo inconsistente, es la petición de una constituyente denominada paralela. Con ello parece quererse significar que se trata de una Asamblea Constituyente limitada. Pero, ¿puede un poder derivado limitar al soberano originario? Eso es insostenible desde el punto de vista teórico y en la práctica una capitulación a los actuales órganos del Estado. Estos son, en el fondo, detractores a medias. Porque reconocen la crisis de legitimidad del país, pero no aceptan el mecanismo más democrático que existe: la movilización social y la Asamblea Nacional Constituyente plena, soberana y democrática.
Más peligrosos son los detractores que no reconocen ninguna crisis y, en consecuencia, prefieren pequeños retoques al texto constitucional. Su argumento es el siguiente: La Constitución "militarista" de 1972 fue despojada de tal carácter con las sucesivas reformas, sobre todo la de 1983. Estas operaron mediante el consenso de toda la sociedad, lo que la transformó en una Constitución democrática. Como los que piden una constituyente no han podido definir cuáles son los cambios que piden, se puede llegar a la conclusión de que no saben lo que piden. El largo argumento concluye que bastan pequeñas reformas realizadas mediante la cláusula de reforma de la Constitución. Lo primero que se me ocurre es que se trata del reino de la inmovilidad. Pero es más peligroso que un simple devaneo filosófico porque pretende convertirse en una guía para la acción política. En primer lugar, el eje del cambio que postulamos es la crisis del sistema y no el "hecho" militarista. Tampoco es importante lo de 1983, pues la consecuencia de esa supuesta democracia es la crisis actual. Sin contar los 20 años en que no se ha podido afirmar una democracia para todos. Porque la democracia no se reduce ni a una simple separación de los poderes ni a una simple regla electoral. Es mucho más que eso.
Sobre si los que pedimos la convocatoria de una Asamblea Constituyente no sabemos lo que queremos, creo que se nos minusvalora. Podríamos demostrar con mucha facilidad cerca de 50 normas que se requieren o modificar o incorporar en un nuevo texto. Sin contar el debate político, económico y social que implica el debate constituyente. ¿Lo entienden nuestros detractores oficiosos?. A los críticos desde la izquierda ya le dedicaremos algunas notas.
(simgonp@sinfo.net)
Muchos de los grandes creadores literarios en lengua española han sido grandes transgresores de las reglas establecidas. En la búsqueda de nuevas fórmulas, en el uso de nuevas palabras, esos escritores han demostrado que no los movía una intención de destruir o corromper la propia lengua. Al contrario, deseaban enriquecerla. En sus mentes y en sus expresiones, había una indudable semilla fecundante. En la "búsqueda de nuestra propia expresión", para decirlo con palabras del gran humanista hispanoamericano y dominicano Pedro Henríquez Ureña, esos escritores siempre han considerado que la sola sospecha de que en sus obras había una "degeneración de la lengua" sólo podía surgir en mentalidades influidas por viejos mitos colonialistas. En otras palabras, que los excesivos "guardianes" de la "pureza" de la lengua española estaban influidos por sentimientos de sujeción a la lengua que se hablaba y se habla que se escribía y se escribe en la antigua metrópolis.
Este comentario me lleva como de la mano a decir que me encuentro entre los panameños que nos inquietamos por ciertos signos que han sido comentados por algunos calificados escritores e intelectuales panameños. Me refiero a los signos de que el español que se habla y que se escribe en Panamá es cada vez más un híbrido resultante de la influencia del inglés. Es indudable que esta influencia afecta grandemente la función de la lengua como medio de comunicarnos entre nosotros. Afecta grandemente la función de la lengua como sostén de nuestra identidad cultural. No obstante, es aún afortunado el hecho de que Estados Unidos no tenga la posibilidad de afirmar su hegemonía por vía de una medida como la tomada por Carlos III en la Cédula Real mencionada antes.
Que el Administrador del Canal, que la Autoridad del Canal de Panamá, haya concedido al representante del Gobierno de Estados Unidos la capacidad de firmar un documento producido solamente en inglés es un hecho que se inscribe en una actitud de renuncia a los símbolos de nuestra nacionalidad.
Esta actitud antinacional me lleva a insistir en que es de obligada lectura para la ciudadanía en general, para los funcionarios públicos, y muy particularmente, para el Administrador y la Junta Directiva del Canal de Panamá, el estudio del sabio humanista panameño Dr. José de la Cruz Herrera, intitulado "¿La conservación del idioma puede influir en el sostenimiento de la independencia nacional?" Para el Dr. Herrera la lengua viene siendo el más perfecto símbolo de la patria. A su juicio "la libertad por que bregan y han bregado sin descanso los hombres, no ha sido nunca, sino en muy contados casos de la historia, bien excusables y justificables, independencia en sólo un orden de ideas, sino en el conjunto de todos los bienes materiales y espirituales que el pueblo posee". Resalta en conclusión el Dr. José de la Cruz Herrera "la importancia que para la independencia nacional tiene el estudio y la defensa de la lengua materna, que retrata todos esos bienes materiales y espirituales..."
Los gestores panameños del Convenio Alemán Zubieta - Becker no sólo transgredieron la Constitución y la ley, también incursionaron sin recato y sin personería en el campo sensible de lo político, de la soberanía, y, como si fuera poco, ignoraron el valor que tiene la lengua patria en el ámbito de la nación.

Para el director de la Escuela de Sociología de la Universidad de Panamá (UP), Marco A. Gandásegui, no hay muchos estudios sobre el tema del homosexualismo y lesbianismo en Panamá, aunque abundan en el ámbito internacional, especialmente en Estados Unidos y los países europeos.
Explicó que en las sociedades tradicionales todos los valores que rodean la figura del homosexual son negativos, se le relaciona con lo perverso y lo satánico.
Mientras que en la sociedad moderna, donde desaparece como módulo o forma dominante la familia campesina y es reemplazada por una familia nuclear, el hombre y la mujer pueden incluso desarrollar ambos el mismo trabajo económico.
"El homosexual en esta sociedad moderna puede ir a trabajar a una oficina, regresar a su casa, cocinar y hacer de todo, igual que la mujer, sin tener una pareja del otro sexo", dijo Gandásegui, al indicar que entonces, poco a poco van desapareciendo los valores ideológicos de que es malo, satánico y perverso.
"Pareciera que ya no es un tabú ser homosexual", expresó Gandásegui, aunque considerara, no obstante, que muchos de ellos son "vulnerables" ya que por temor a que lo señalen por su preferencia sexual, pueden ser objeto de chantajes.

Existe un programa de sexología en la Caja de Seguro Social (CSS), y dentro de este programa, que se inició hace unos 30 años, se han atendido personas con diversos tipos de trastornos de identidad sexual, siendo un grupo grande de atención el de homosexuales, informó el psicólogo clínico de la entidad, Alejandro Cantón.
Según Cantón, la persona que siente atracción hacia su mismo sexo, ya sea que nació con eso o que en algún momento lo desarrolló, no puede desaparecerlo, de forma que en el programa de la CSS, "no estamos hablando de curar homosexuales".
Se trata, subrayó Cantón, de que la persona decida cómo va a vivir respecto a su identidad sexual.
Añadió que hay dos alternativas de tratamiento: la terapia individual, cuando la persona está deprimida o tiene conflictos particulares asociados o no a la homosexualidad; y la terapia de grupo, que es permanente, y donde las personas pueden entrar y salir en la medida que ven mejorados algunos aspectos de su condición.
Cantón declaró que hay estudios que sostienen que en el homosexualismo y el lesbianismo pareciera que existe algo genético. "El problema es que no siempre se han podido replicar, o sea, no se han podido reproducir y dar los mismos resultados en las investigaciones", dijo Cantón.
También pudiese ser una combinación de la genética y la crianza. "Sí estoy convencido de que el que siente la atracción siempre la va a tener, esto no tiene que ver nada con la alimentación, ni es problema hormonal", sentenció.
Además hay investigaciones a nivel del hipotálamo donde se han encontrado diferencias entre homosexuales y no homosexuales, lo mismo que en el cromosómico, donde se han notado cambios también. "Hay una teoría que tiene que ver con la estructura de la familia. Se habla de tener un padre ausente o muy débil y una madre dominante. Eso puede condicionar hacia una actitud homosexual o lesbiana", manifestó Cantón.
En el programa de la CSS, han asistido muy pocas lesbianas, en comparación con los varones que son de todas las profesiones y edades.
Las sesiones de terapia tienen una duración de 1 hora y media, lo que es permanente. La persona que ingresa puede participar el resto de su vida, si quiere. Después que se entra al programa, puede hacerlo cuando quiera. Hay personas que tienen 20 años de asistir. Otros asisten un año y regresan 10 años después.
"El marco filosófico de la terapia es que la persona deje de verse como el homosexual fulano. Que empiece a verse como fulano, que es homosexual. Hay de todos los lugares de Panamá, niveles económicos y profesionales", puntualizó Cantón.
Este psicólogo clínico informó que el trasvestismo está catalogado por la ciencia médica como una enfermedad, mas no el homosexualismo. "Quiere decir que no todos los trasvestis son homosexuales, ni todos los homosexuales son trasvestis".
Tampoco cree en el bisexualismo. Acotó que el bisexual es un homosexual que ha aprendido a tener relaciones sexuales con el sexo opuesto.
En su opinión, lo que califica a un homosexual no es cuánto sexo tiene con alguno de su mismo sexo, sino la capacidad de "enamorarse" de otro de su mismo sexo.
"Hay personas que jamás han tenido sexo con nadie de su mismo sexo, pero son homosexuales", explicó Cantón.

101 años de Panamá América

 
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