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La construcción, la CAPAC Y la SPIA


La construcción es el motor de la actual recuperación del país. También lo fue durante el milagro económico experimentado en el gobierno de Guillermo Endara, cuando Panamá alcanzó sus más altas y continuas tasas de crecimiento en dos décadas. Por otra parte, la construcción es mucho más que cifras globales, de aquellas que se llevan dos o tres empresas elevando el producto nacional bruto, mientras que el resto del país se sume en la pobreza, para erigirse en industria estelar que permea riqueza desde las más altas esferas hasta los estratos más humildes en una especie de embudo invertido.
Ninguna otra actividad, excepto la agricultura con sus muchas limitaciones, tiene mayor efecto multiplicador y generador de empleos que la construcción. Y por eso, en infinidad de ocasiones, le hemos dado pleno reconocimiento y, cuando ha sido necesario, hemos salido en defensa de sus intereses - como con las exoneraciones - cuando estimamos que favorece a las mayorías.
No obstante también, con igual energía, hemos deplorado el caos y la anarquía que reinan en su entorno, cuya incidencia es perniciosa y muy extendida; tanto que no podemos asegurar - sin un estudio previo - si la rectitud es la regla o la excepción, que no es el caso de otras actividades económicas y profesionales en las que, sin lugar a dudas y sin pensarlo siquiera, podemos decir que las conductas malsanas y torcidas son la excepción, no la regla. Otros medios colegas empiezan a hacerse eco de la misma inquietud. Hay que humanizar la industria de la construcción, ponerla al servicio del hombre y no a la inversa.
Reputados urbanistas nacionales, conocedores de la magnitud del problema, están dando un paso adelante por el bien de la industria y del país, discutiendo, analizando y cambiando opiniones autorizadas con miras a elaborar una propuesta de solución que no es fácil, aunque no por ello se amilanan. Son profesionales de trayectoria impoluta, de la talla de Jorge Riba, Antonio De León, Marta Alvarez, Alvaro González Clare, Rodrigo Mejía Andrión y Marcelo Narbona entre otros.
Se parte de la base que no sólo basta salvaguardar el lucro de los asociados de la Sociedad Panameña de Ingenieros y Arquitectos (SPIA) y de la Cámara Panameña de la Construcción (CAPAC), sino también armonizar sus negocios con el superior interés del conglomerado social en el que operan, y al que sirven, teniendo siempre presente como premisa indispensable que el bien común priva sobre el particular y gremial. En este sentido, deben respetarse las normas establecidas para el ejercicio de la ingeniería y la arquitectura, y éstas han de interpretarse y aplicarse en función de conseguir un armónico desarrollo urbanístico teniendo como norte que la razón de ser de la industria es lograr la mejor convivencia humana y calidad de vida en un ambiente sano.
El retorno a una sólida base ética y moral, y no el juega vivo, será el garante de un producto final mucho mejor al que hoy nos brinda la industria.

101 años de Panamá América

 
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