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La corrección en el lenguaje


El ser humano recibió entre otros dones invalorables, el empleo de la palabra; pero para que la use honestamente. Ella ha de servirle para transmitir pensamientos, exteriorizar sentimientos, expresar emociones y entablar el diálogo venturoso de la amistad. Mala utilización hace de la palabra cuando agravia, ofende, miente, destruye o calumnia, porque se vale de un instrumento de armonía para sembrar la discordia, provocar el encono y atentar contra la anhelada unidad social.

El lenguaje es el distintivo de superioridad del hombre sobre todos los seres irracionales y la manifestación de su razonamiento. No debe ser utilizado sino con finalidades nobles y dignas. El hombre y la mujer sensatos no necesitan del grito para imponer la razón, ya que el derecho sólo se funda en la equidad y en la justicia, dos fuerzas del orden que no necesitan exclamaciones intempestivas, vocablos violentos ni agresividades temperamentales.

El modo de hablar ha de servir para que quien nos escuche forme concepto de nuestra individualidad y calidad cultural. Es preciso poner esmero en la formación de las frases y en la transmisión del pensamiento. No quiere esto implicar que utilicemos un lenguaje altisonante, florido o académico. En una locución sencilla, pero limpia de disonancias, el hombre y la mujer pueden decir todo lo que sienten y todo lo que piensan, sin ofender la majestad del idioma y sin dar prueba de deplorable ordinariez.

Generalmente, comenzamos por humorismo inapropiado o por usar expresiones o dichos chabacanos y, sin darnos cuenta, hacemos un hábito de esa chocante forma de hablar. Debemos mostrarnos impermeables a esas deformaciones idiomáticas y a esas construcciones lingüísticas con elementos foráneos ajenos a la autenticidad del español para que nuestro instrumento oracional conserve su limpidez, su autenticidad y su sello racial.

Es necesario moderar los impulsos instintivos, las reacciones anímicas que en muchas ocasiones son el origen del empleo de expresiones obscenas o agraviantes. Frenar los arrebatos, y obrar con moderación y templanza son atributos de los seres cultos y civilizados. Una palabra ofensiva soltada sin reflexión puede destruir una amistad íntima; una expresión inculta y grosera será causa eficiente para motivar en quien la oye una apreciación conceptual desfavorable de quien la manifiesta. ¡Contribuyamos todos modestamente a la conservación y pureza del idioma español!

101 años de Panamá América

 
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