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¿La corrupción de quién ?


Con bombos y platillos el Gobierno Nacional nos anuncia ahora un Plan Nacional Contra la Corrupción. Este es el último de los planes desconocidos del gobierno que nunca fue mencionado durante la campaña presidencial. Es de suponer, entonces, que ésta es la más reciente improvisación de este gobierno. Sin embargo, no porque sea improvisación quiere decir que sea del todo mala.
Lo que es preocupante es la flamante Dirección Nacional Contra la Corrupción arrancó con mal pie. Lo primero que hicieron los dos directores fue arreglarse un viajecito hacia Sudáfrica dizque para ver cómo se combatía la corrupción en esas latitudes. No sólo viajó el director de la recién creada Dirección, sino que también se llevó al subdirector y es de suponer que mientras los dos estaban fuera, no había en el país quién encabezara la lucha contra la corrupción. Lo cual nos pone a pensar si esa Dirección es del todo necesaria.
Recientemente escuché al ministro de Trabajo, J.J. Vallarino, decir que había despedido a dos funcionarios de esa dependencia por estar "coimiando". Este folclórico verbo describe la acción del funcionario que recibe dinero para ejecutar o dejar de ejecutar un acto inherente a sus funciones.
No recuerdo que el señor Vallarino necesitara ayuda de la Dirección Nacional Contra la Corrupción para despedir a las dos manzanas podridas de ese ministerio. La conclusión obligada es que la labor de esta Dirección apunta más alto, porque la corrupción de los pequeños la pueden frenar los jefes inmediatos. Uno juzga las cosas por su resultado, no por lo que se dice que se va a hacer.
Cuando un periódico publicó que los relojes Cartier que la señora Presidenta de la República le había regalado a los legisladores no habían pagado impuestos de introducción, me dije a mí mismo: "Ahora vamos a ver en acción a los anti-corrupción!". Me he quedado esperando y por lo visto, el resto de la ciudadanía también. La flamante dirección no ha dicho ni "esta boca es mía". Y esto es algo que tiene que aclararse. Ya se aclaró (?) que los relojes los compró la Presidenta con su dinero, ahora aclaremos si esos relojes pagaron el impuesto de introducción ¡o no!.
Los jefes de la Anti-Corrupción gubernamental pueden hacerse los chivos locos con la investigación del impuesto de introducción de los Cartier que la Presidenta tuvo a bien regalarle a los Padres de la Patria, pueden tirarle la papa caliente a la Dirección de Aduanas o pueden demostrarnos que tienen el valor de hacer el trabajo para el que fueron nombrados. Ellos tienen la palabra!

101 años de Panamá América

 
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