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La corrupción en nuestra sociedad


La corrupción alcanza su estado más grave cuando la sociedad se acostumbra a ella, cuando parece mal y no sólo se la tolera, sino que todos empiezan a funcionar de manera tal que todo se corrompe. El que actúa con ética es entonces un animal raro y el que respeta la ley se pone en inferioridad de condiciones. Como plaga que es, la corrupción viaja por pasajes subterráneos bajo la piel de las instituciones públicas y privadas. Florece como hierba mala en la racha efímera de la abundancia y en la escasez aparece, trepadora y audaz, al acecho de oportunidades.
Y si bien no constituye un fenómeno nuevo, actualmente se ha tornado más visible para la sociedad, que indudablemente, está cambiando su nivel de permisividad. Por lo general, la inmoralidad individual y colectiva se detecta simplemente por el mal olor. Podríamos decir, además, que la corrupción es la peor forma de egoísmo que puede tener el ser humano, porque el provecho es sólo para quien comete la falta y el perjuicio se extiende a todos los estamentos de la sociedad. Junto con la violencia y el narcotráfico, la corrupción carcome a los países, los desmoraliza y mina sus energías.
Hay cierta gente cuyo modo de existencia consiste en la práctica de la corrupción. Su ocupación diaria es, por lo tanto, la de ingeniárselas para obtener ganancias fáciles con el menor costo y esfuerzo posible. Las consecuencias de este mal hábito son profundas y graves. Tienen, sencillamente, la capacidad de corroer la confianza en la democracia y contribuir al desprestigio de la clase política. A pesar de ello, a este delito no hay que ponerle bandería política, ya que los corruptos son de todos los partidos. Hay que sancionarlos sin vacilaciones, para demostrar con hechos que ni el Estado los tolera ni la sociedad los perdona.
Los casos recientemente denunciados por este diario, como el del manejo político del PARVIS, la concesión irregular de rayos X en los puertos, el cobro de coimas por funcionarios del consulado en las Filipinas y la construcción de una carretera bruja para uso particular de funcionarios de este gobierno, pone de manifiesto que estamos de cara a una corrupción en su máxima expresión. De la actitud que frente a la corrupción asuman los gobernantes y la sociedad dependerá que pueda combatírsela, que se la ignore o que se la favorezca. Es necesario entonces que las autoridades no sólo pongan en vigor los instrumentos necesarios para prevenir, investigar y sancionar las conductas indebidas sino que, además, demuestren a la ciudadanía que no admiten ni protegen los actos deshonestos.

101 años de Panamá América

 
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