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La corrupción gubernamental en Panamá


Con la mordaza imperante y desaplicados del quehacer judicial, hay que tener sumo cuidado de irse por lo impersonal cuando uno aborda un tema como el presente en un país estructurado bajo un sistema destinado a proteger e inmunizar a los depredadores de las arcas y concesiones públicas de la sanción penal y resarcimiento del producto de sus andanzas.
Aquí, quien osa denunciar dolo relacionado con el ejercicio de cargo público, es perseguido implacablemente por no otros que los destinados a cazar y reprimir el delito avisado.
El mensaje no pudo ser más claro que el recibido por aquél que se le ocurrió la estúpida idea (a decir de no pocos que se identificaban con el alineamiento político del informador) de mostrar un ramillete de verdes que se le entregó para desviar su actuación pública a favor de intereses ajenos a los patrios; por lo demás, de nada le valió apuntar a los que recibieron ramilletes aún más espesos, puesto que al final de cuentas los señalados, como si nada hubiera ocurrido y amparados en la falta de justicia de la patria vieja o nueva, han sido premiados con cargos donde probablemente se harán de manojos aún más frondosos.
A lo largo de los 21 años de dictadura observé a muchos que desde un cargo gubernamental, con una jugosa concesión estatal, posición dentro de un gremio o relación devota o por parentesco con los ostentadores del poder, se enriquecieron sin justificación tangible; también, después de la caída del régimen, aquella campaña de "terrorismo judicial" conque se escudaron para desviar la justicia y quedarse con los botines.
Pero ahí no quedó todo. Retornaron gozosos al poder y es que la falta de justicia se encarga de borrar las cuentas y dejar límpidas sus imágenes para acomodarse y salir airosos dentro del mal entronizado sistema electoral.
Ahora le toca el turno de enfrentar el "terrorismo judicial" a otros que se les ocurrió seguir el mal ejemplo de aquéllos, quizás pensando que les correspondería la misericordiosa suerte de los anteriores de salirse con las suyas; pero resulta que subestimaron que el objetivo de una patria innovada es la de eliminarlos de la competencia, pues los duchos renovados y sus relevos aprendieron la terrible lección que contra sus bolsillos representa aquello de alternar el poder y, para eso, con las reformas constitucionales han dado el primer gran paso hacia la institucionalidad de algo así como un PRI electoral que, según murmuran complacidamente, durará no menos de cuatro quinquenios.
Por cierto que el moto de Patria Nueva, en eso del espiral histórico, me hace memorar aquella denominación que le dieron al ya derruido gimnasio "Nuevo Panamá" y a la piscina "Patria" por allá por los 70.

101 años de Panamá América

 
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