La cortina de humo
Pensé que luego de cuatro años de experiencia nuestros gobernantes de turno habían, por lo menos, entendido que en materia de incumplimiento de promesas las excusas vienen sobrando. En todo caso, lo que cabe en estas situaciones es un mea culpa y desplegar públicamente una buena cara de político arrepentido. Le funcionó a Clinton y a Bush en su segunda vuelta. Por lo visto, siguen con el único y desgastado discurso de que en la administración anterior tampoco se hizo nada al respecto. Considero que ese tipo de pronunciamiento es lo que más daño le ha hecho a toda la clase política de este país.
Si cada administración comienza su gestión diciendo que los funcionarios anteriores le robaron al Estado y después no meten preso a nadie, la lógica es que existe contubernio. Si después de cuatro años de gobierno dicen que no cumplieron con su deber: pero que los anteriores tampoco, la lógica es que todos son unos ineptos.
Así, por combustión interna, han ido aumentando la percepción de que los políticos son corruptos e incapaces, no importa a qué partido pertenezcan ni a qué institución representen. Lo mismo ha ocurrido con la Asamblea y las acusaciones estériles entre diputados, pues al final todos quedan sobreseídos, excepto la percepción.
Pareciera que nadie aprende en cabeza ajena y apuestan con éxito a que el pueblo es tan ignorante que se queja de todo pero que al final del día se deja convencer por la salsa, el guaro o el salve. Llegará el día en que la resaca será tan grande que sólo un remedio radical tipo venezolano unirá la mayoría de los panameños, ante el asombro de los propios políticos.
Estamos en campañas primarias internas y ya los medios están saturados de propaganda, tanto del gobierno justificando su incapacidad como de los precandidatos acusándose mutuamente de lo que no fueron o han sido capaces, aumentando aún más el desprestigio interno y externo de los partidos.
Por su lado, quienes están presentando propuestas serias y debatiendo ideas, no marcan en las encuestas. Todo me indica que en este país todavía nos gusta vivir del cuento y que al final del día quien tire la cortina de humo más grande es quien obtendrá los votos.