default

La cosa habla por sí misma


NO SOY DE los que piensan que las personas que andan predicando el "no" a la ampliación del Canal de Panamá estén destinadas al erebo. A como tampoco considero que quienes predicamos el "Sí" a dicha ampliación tenemos granjeados la máxima premisa nunca antes pronunciada en silogismo alguno.
Después del 22 de octubre de este año de Dios no hablaremos más de "sí" o de "no" como objetos intelectivos que recipiendan suma de voluntades adversas. Toda indica que la propia historia contará sus hechos. Simple y sencillamente tenemos que reconocer que un "sí" o un "no" jamás pueden constituirse en insondables barreras que separen a los panameños.
Lo que sí quedará en evidencia, sin dubitación alguna, en grado de entimema comprensible -v.gr., el sol brilla, luego es de día-, es que en Panamá resulta incuestionable la existencia de un escenario democrático en el que se permite el libre juego de las ideas tras la libre emisión del pensamiento y que a nadie se le pone cortapisas para el ejercicio de ese sagrado y fundamental derecho: libertad de expresión. De allí que el denominado disenso democrático al cual dediqué algunas reflexiones en artículos pasados resaltando la idea del derecho a disentir de la opinión de los demás tras sana, potable, lógica y coherente expresión de las ideas, se constituye en un puntal trascendente en la construcción de la democracia pluralista y participativa que hoy, más que en cualquier otra época, pone de relieve la importancia de sus instituciones o fundamentos, dentro de los cuales destacan el plebiscito y el referéndum.
De allí que, por otra parte, me resulta incomprensible la actitud asumida por quienes detractan de esta gran consulta ciudadana o social, dado que ponen de manifiesto, sin duda alguna, la incredulidad que tienen respecto al credo de neto raigambre democrático. El problema, luego, no consiste, en que los detractores del "sí" -cada día menos- se opongan a la ampliación del Canal, sino en el hecho de que se oponen a que se ejercite una sagrada institución de la democracia como lo es el referéndum del 22 de octubre. Obsérvese lo que quiero señalar: si predico de mi persona la fiel creencia en la forma democrática de gobierno y de la adopción de mi Estado de este sistema político, ¿cómo es que luego me opongo a que ésta lleve a la praxis sus fundamentos ideológicos y filosóficos tras la celebración de una gran consulta ciudadana? En democracia hay que saber perder y saber ganar; sin embargo, con fundamento al postulado teorético, propio de la politología, según lo advirtiera Aristóteles, al estar todos insertos en el Estado, es obvio que quien gana o pierde es dicho ente -ello es, en puridad de praxis, el pueblo panameño-.
Nadie, en lo absoluto, después del 22 y cuando se conozcan los resultados del arrollador triunfo de un "sí" plagado de expectativas y promisorias esperanzas para nuestra gente, podrá irrogarse o adjudicarse un triunfo político. Simple y sencillamente gana la nación panameña. Pero debo advertir, que los defensores del "no" ya han empezado a redactar el guión o el libreto, a posteriori, del día 22 de octubre. Convencidos de que ganará todo un sistema de ventajas y positivas elaboraciones de engrosar nuestro erario público en beneficio de nuestra sociedad, han dicho algunos de ellos: "El sí va a ganar, pero no será representativo de las grandes mayorías panameñas". Esto lo dicen a propósito de que frente a los más de dos millones de personas que deben concurrir a las urnas, si lo hace menos de un millón, o más de un millón de ellas, restarán el número de votantes por el "no" y de los votos nulos y así poder decir, previo conteo de los votos que apoyamos el "sí”", que no hubo representatividad y que, en consecuencia, la sociedad panameña no apoyó la ampliación del Canal de Panamá.
Ese es, así, palabras más palabras menos, puesto al desnudo, el argumento que ya vienen preparando. Salgo al paso a desmitificarlo. Lo esencialmente valioso de una consulta ciudadana, más que el mismo día en que debe ejercerse el derecho al voto, no es tanto cuántas personas concurrieron a emitirlo, sino a cuántas mayorías llegó efectivamente el mensaje que constituye el objeto de esa consulta popular de modo que, previamente, ilustradas puedan definirse de modo libre, sin presiones, amenazas o coacciones. Si la persona en capacidad de ser convocada a las urnas no asiste o, simplemente, se abstiene de hacer uso de su derecho como ciudadano, queda claro que esa persona ha dispuesto, con conocimiento de causa, un acto voluntario y deliberado de abstención, por lo que la decisión que adopten las personas que sí lo hicieron debe ser tenida y respetada como un acto que provino de un legítimo funcionamiento del sistema democrático.
Obviamente que es el querer del Estado y el de todos los ciudadanos conscientes de la gran valía de nuestro voto en un escenario democrático, que todos concurramos a las urnas a ofrendar un "sí" o un "no"; pero no podemos soslayar que un fenómeno propio de las democracias, sobre todo cuando se convoca al pueblo para que defina una situación posibilitando la viabilidad de un hecho, lo es el abstencionismo y la indecisión, sino que diga lo contrario la historia.
La experiencia latinoamericana evidencia que en este tipo de consultas la concurrencia de entre un 45 y 50% de la población votante ya constituye un éxito democrático. No dubitamos en considerar que el día 22 Panamá romperá o quebrará esta mediana, imponiendo un superlativo porcentaje de votantes. En buena lid, para el caso del referéndum, todo indica que el abstencionismo, sea cual sea su motivación, viene decreciendo en sus índices porcentuales y que el entusiasmo de los panameños y panameñas por la ampliación del Canal viene en aumento, bello y singular ejemplo de que todos cuanto convivimos en este escenario de democracia nos sentimos orgullosos de nuestro Canal.
Creemos en el tema de la ampliación del Canal, dado que "la cosa habla por sí misma": "res ipsa loquitur".
stekrakri@hotmail.com

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América