La cotización en el Seguro Social
Si nada hacemos, la Caja de Seguro Social terminará insolvente y en quiebra a la vuelta de unos pocos años, sin poder pagar las pensiones ni prestar sus servicios; y no podemos permitirlo porque es el más valioso instrumento de paz y equilibrio de riqueza, permitiendo que a través suyo fluyan cuantiosos recursos y bienestar de los que más tienen hacia los que menos tienen.
El Seguro Social es la mayor empresa del país, superando ampliamente en reservas y otros activos al Canal de Panamá y a cualquier otra en existencia, pública y privada; pero está enferma. El actual sistema de cuotas y beneficios, considerando sus costos de operación, lo llevan directamente al precipicio. Y que recordemos, la actual es la primera administración que, aunque se opone a su privatización, reconoce esa dura realidad.
Para hallar una solución se requiere abandonar posturas dogmáticas y dotarse de una mente abierta y pragmática. El problema es complejo en sus detalles pero al mismo tiempo sencillo en su esencia. La Caja gasta demasiado y recibe ingresos insuficientes para asumir sus compromisos. Por eso no hay medicinas, se demoran tanto las citas médicas, se atrasan las pensiones, no hay sábanas limpias y los servicios son malos.
Cuando la entidad invierte esfuerzos en cobrar las cuotas patronales, hace bien, pero eso por sí solo no salvará la entidad. Hay muchos baches legales que estimulan la evasión. Lo ocurrido con unos altos funcionarios del Canal fue patético. Como no se les podía aumentar el sueldo, se les pagaba como gastos de representación y otros conceptos para ahorrarse las cuotas. Si la omisión del pago de cuotas conllevara la merma significativa del monto de la pensión, seguramente nadie dejaría de reportar cuotas. Se requiere por tanto de un sistema que estimule el pago y desaliente la evasión.
Un sistema de cotización en cuentas individuales puede estimular el pago de las cuotas e incrementar los ingresos; pero la actual dirección y los sectores sindicales se oponen al cambio e insisten en que se conserve la solidaridad, según la cual las cuotas van a un fondo común y de allí se pagan las pensiones, sin ninguna consideración a la cuantía de los aportes individuales.
La salida podría estar en un sistema mixto o voluntario. Una parte de las cuotas del asegurado iría al fondo común y otra, sus aportes extraordinarios serían individuales, para enriquecer su pensión por sobre el techo legal actual que es de B/.1,500 mensuales. Este techo desalienta la cotización cuando los asegurados se limitan a aportar el mínimo requerido para asegurar su máximo posible, y omiten cualquier exceso, obviando la solidaridad.
La inversión de los fondos de reserva podría ser mejorada, lo cual aumentaría su monto. Ello se ha logrado en parte bajo la actual administración del profesor Juan Jované, pero puede superarse. También hay que revisar los gastos y mejorar la calidad de los servicios, pero esto es materia para otro análisis.
El Seguro Social es la mayor empresa del país, superando ampliamente en reservas y otros activos al Canal de Panamá y a cualquier otra en existencia, pública y privada; pero está enferma. El actual sistema de cuotas y beneficios, considerando sus costos de operación, lo llevan directamente al precipicio. Y que recordemos, la actual es la primera administración que, aunque se opone a su privatización, reconoce esa dura realidad.
Para hallar una solución se requiere abandonar posturas dogmáticas y dotarse de una mente abierta y pragmática. El problema es complejo en sus detalles pero al mismo tiempo sencillo en su esencia. La Caja gasta demasiado y recibe ingresos insuficientes para asumir sus compromisos. Por eso no hay medicinas, se demoran tanto las citas médicas, se atrasan las pensiones, no hay sábanas limpias y los servicios son malos.
Cuando la entidad invierte esfuerzos en cobrar las cuotas patronales, hace bien, pero eso por sí solo no salvará la entidad. Hay muchos baches legales que estimulan la evasión. Lo ocurrido con unos altos funcionarios del Canal fue patético. Como no se les podía aumentar el sueldo, se les pagaba como gastos de representación y otros conceptos para ahorrarse las cuotas. Si la omisión del pago de cuotas conllevara la merma significativa del monto de la pensión, seguramente nadie dejaría de reportar cuotas. Se requiere por tanto de un sistema que estimule el pago y desaliente la evasión.
Un sistema de cotización en cuentas individuales puede estimular el pago de las cuotas e incrementar los ingresos; pero la actual dirección y los sectores sindicales se oponen al cambio e insisten en que se conserve la solidaridad, según la cual las cuotas van a un fondo común y de allí se pagan las pensiones, sin ninguna consideración a la cuantía de los aportes individuales.
La salida podría estar en un sistema mixto o voluntario. Una parte de las cuotas del asegurado iría al fondo común y otra, sus aportes extraordinarios serían individuales, para enriquecer su pensión por sobre el techo legal actual que es de B/.1,500 mensuales. Este techo desalienta la cotización cuando los asegurados se limitan a aportar el mínimo requerido para asegurar su máximo posible, y omiten cualquier exceso, obviando la solidaridad.
La inversión de los fondos de reserva podría ser mejorada, lo cual aumentaría su monto. Ello se ha logrado en parte bajo la actual administración del profesor Juan Jované, pero puede superarse. También hay que revisar los gastos y mejorar la calidad de los servicios, pero esto es materia para otro análisis.