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La crisis de los Derechos Humanos


La Comisión de Derechos Humanos de la ONU ha vuelto a quedar en entredicho. En un año pródigo en lo que a la violación de Derechos Humanos se refiere, el organismo constituido expresamente para protegerlos no ha sabido estar a la altura. China, Irán, Rusia, Sudán y Zimbabwe, entre otros Estados que exhiben un débil respeto por estos derechos, han salido indemnes del 59º período anual de sesiones de la Comisión; Cuba e Israel han recibido una tímida amonestación; sólo Bielorrusia, Turkmenistán, Burundi, Myanmar, Corea del Norte y la República Democrática del Congo han sido objeto de condenas más severas.
Durante las reuniones de la comisión se ha puesto de manifiesto una perversa tendencia: la de la protección mutua entre Estados con un amplio historial de violaciones de Derechos Humanos. Más preocupados por protegerse a sí mismos que a las víctimas de los abusos, países como Argelia, China, Cuba, Libia, Rusia, Sudán o Siria se han dedicado a obstaculizar cualquier resolución crítica. También el grupo africano se opuso en bloque a las condenas a Zimbabwe y (con la excepción de Uganda) a Sudán.
Estas actitudes se han tratado de justificar como una maniobra defensiva frente al perfil político de las iniciativas europeas y estadounidenses. Sin que el argumento pueda aceptarse como válido, lo cierto es que estos últimos les han brindado la excusa perfecta: no es difícil apreciar el contraste, por ejemplo, entre la rápida condena a Cuba y su escasa predisposición a la hora de emprender acciones contra otros gobiernos abusivos que, curiosamente, participan activamente en la lucha contra el terrorismo.
A lo largo de las seis semanas que han durado las sesiones, Estados Unidos sólo ha presentado una resolución sobre Bielorrusia. La Unión Europea, por el contrario, ha tenido prácticamente el monopolio de la iniciativa. Pero ni unos ni otros se han atrevido con países como China o Irán.
"La comisión se ha visto atrapada entre gobiernos que tratan de hundirla y otros que carecen de voluntad política para liderarla", indica Joanna Weschler, representante de Human Rights Watch ante la ONU. Superar esta situación de bloqueo precisa, para muchos, de una reforma de la comisión, empezando por los criterios de selección de los miembros. Se trataría de exigir unos estándares mínimos como la ratificación de los principales tratados de Derechos Humanos, la disposición a colaborar con los organismos que velan por su cumplimiento o el no haber sido condenado por la comisión en un pasado reciente. Precisamente, para evitar que un país como Libia presida esta institución; que Cuba, China, o Rusia, ocupen alguno de los 53 sillones que la componen; o que Corea del Norte aspire a hacerlo próximamente.
Nada de esto será efectivo, no obstante, si nadie es capaz de asumir el liderazgo en la defensa global de los Derechos Humanos. El retórico compromiso de EE.UU. es incompatible con su respaldo a regímenes represivos como el de Pakistán o Arabia Saudí. Su negativa a firmar el protocolo adicional contra la tortura o sus intentos por dinamitar el Tribunal Penal Internacional son una muestra más de que son otras las prioridades de Washington.
La Unión Europea, por su parte, tampoco es ajena a muchas de las contradicciones de EE.UU, pero tiene el deber de asumir la tarea de reconstruir la comisión pues, "si no es esta quién lucha para que los derechos humanos sean respetados en todos los lugares, - se pregunta Kofi Annan, Secretario General de Naciones Unidas- quién lo hará". Al abrigo de la lucha contra el terrorismo y la guerra en Irak, los derechos humanos y las libertades públicas han sufrido un serio retroceso a nivel mundial.
El falso dilema entre seguridad y derechos humanos ha servido para justificar medidas represivas desde Washington a Pekín, de La Habana a Harare. "Ha llegado la hora -como afirma Sergio Vieira de Mello, Alto Comisionario de Naciones Unidas para los Derechos Humanos- de que todos los estados redefinan la seguridad global, para situar los Derechos Humanos en el centro de este concepto. Sólo entonces -añade- los Estados responsables, en lugar de los meramente fuertes, serán capaces de aportar una estabilidad duradera a nuestro mundo".
*Agencia de Información Solidaria
(inigoherraiz@hotmail.com)

Por ello, el Dr. Barriga cree que hay miles de gatos en los montes que fueron alimentados en las bases militares, porque los norteamericanos eran muy bondadosos, y pueden estar enfermos y han contagiado a otros. Barriga plantea que el mapache es un animal que es muy fácil de caer en las redes de este virus, además de otros felinos pequeños como los tigrillos y manigordos.


Sobre la necesidad de establecer un control, manifestó que era muy difícil porque éste se hace en países que desarrollan investigaciones importantes y les ponen trampas a estos animales para examinarlos, pero aquí no tenemos estos recursos.
Piensa que el tema debe ser abordado y que más de tres deben enterarse para ver qué se puede hacer. Dijo que por lo menos la Asociación Nacional para la Conservación de la Naturaleza (ANCON) se dedicaba a esto, pero ahora desconoce si continúan en la actividad.
Mencionó que hay asociaciones que reciben subsidios y que podrían investigar a los felinos silvestres y ponerles trampas y en conjunto con el Ministerio de Salud hacer una redada y practicar las pruebas para verificar quién está enfermo y quién no. Piensa que aunque estamos un poco tarde , porque los norteamericanos nos introdujeron esta enfermedad hace 10 años, se debe actuar.
Una fuente consultada en ANCON dijo que no podían negar ni afirmar que tengan el virus porque han rescatado gatos y otras especies felinas como tigrillos y panteras, pero como no se le hacen las pruebas no pueden saber si tienen el virus ya que ningún veterinario les ha hecho el reporte. Aseguró que en este año no han rescatado ningún felino, sin embargo, como están enterados de la enfermedad podrían sugerir que se aplique la prueba.
Explicó que la función de ANCON es rescatar a los animales en peligro de extinción, como aquellos que viven en los bosques y se encuentran en las calles o en poder de manera ilegal como mascotas, tal es el caso de los tigrillos y panteras.
Los médicos veterinarios consultados coincidieron en que no hay datos específicos sobre la cantidad de gatos, porque son muy pocos los que los llevan a control. Sobre la población de gatos en Panamá, el Dr. Nicanor Obaldía III, representante de Panamá ante la Asociación Mundial de Médicos Veterinarios de Pequeñas Especies por Panamá, señala que se calcula sobre la base de que hay un perro por cada 10 habitantes y una fracción de eso sería que por cada millón de habitantes habría 100 mil perros probablemente, y de esa estimación entre 50 y 75 mil serían gatos. "Eso sería una estimación conservadora, porque en Panamá nunca se ha hecho un muestreo del número de animales por casa".
Respecto a la carencia de información agregó que cuando se dio el último Censo de Población en mayo de 2000, la Asociación de Veterinarios solicitó que se incluyera la pregunta tiene usted una mascota y cuántas, porque esto tiene que ver con la salud pública.
El Dr. Obaldía III prefiere llamar a esta enfermedad por Síndrome de Inmunodeficiencia Felina y no SIDA Felino para evitar alarma y confusión en la gente por el hecho de que desconocen la enfermedad y van a comenzar a matar a los gatos y la enfermedad no es transmisible al hombre.
"No hay que alarmarse, existe en todos los gatos del planeta y es probable que todos los felinos incluso, los leones, las panteras, porque ellos se transmiten algunos virus", destacó. Afirmó que no ha visto ningún caso de VIF, pero sí de Leucemia Felina, ese sí es más común.
Al preguntársele si conocía algún estudio en Panamá sobre el VIF manifestó que no, debido a que la tendencia de Salud Animal es hacia los animales de producción. "Sería interesante hacerlo. Todos los estudios son costosos y el Gobierno no tiene dinero para eso", dijo. Recalcó que la enfermedad no está en un área y que habría que hacer un estudio para determinarlo y poder hablar sobre la prevalencia, porque si no hay estudio es pura especulación.
Hay investigaciones cruzadas respecto a la existencia de una vacuna. Información encontrada en internet asegura que científicos de la Universidad de Florida descubrieron una vacuna que previene el contagio en estos animales.
El Departamento de Agricultura de Estados Unidos aprobó su uso comercial y "es el primer producto que está disponible para prevenir la infección viral", declara Jim Rogers, portavoz del Departamento de Agricultura. Esta medicina la fabrica la Fort Dodge Animal Health, una división de la industria farmacéutica Wyeth de Nueva Jersey.
Surge la sospecha cuando presenta muchas infecciones crónicas y se le aplica la prueba que permite detectar la presencia de anticuerpos contra el VIF. La presencia de éstos significa que el gato está infectado. Pese a ello, puede que esté en la fase asintomática de la infección que dura por lo general muchos años y pueden vivir muchos años sin enfermar.
Sin embargo cuando entran a la fase de inmunodeficiencia, presentan numerosas infecciones crónicas y enfermedades denominadas oportunistas que provocan inevitablemente la muerte del gato.

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