La crisis del sistema carcelario
El problema no es sólo de hacinamiento, ni de falta de recursos, ni de la implantación de un moderno esquema de resocialización. En toda América Latina, el sistema carcelario ha fracasado rotundamente y, peor que eso, al menos en tres países que han intentado en serio implantar centros modelos, con habitaciones cómodas, cursos de rehabilitación, programas deportivos y de recreación, entremezclados con trabajo remunerado, también se ha fracasado.
La noticia más reciente nos viene de Guatemala, donde uno de esos centros ha caído en total control de las mafias que mandan las directivas, fabrican drogas, coordinan operaciones delictivas de afuera y lucran con el monopolio del comercio dentro de ellos. Son tan poderosas, que los custodios y autoridades se pliegan a su voluntad. Pero lo mismo se extiende a cárceles similares de El Salvador, México y Brasil. Los sociólogos y criminólogos están desconectados de la realidad.
En Panamá, sabemos que las cárceles están sobre pobladas y sus condiciones son infrahumanas. Pero además de eso, las mafias también las mandan o las cogobiernan, con algunas variantes respecto a lo descrito de Guatemala. A todo eso, el Estado carece de recursos y tiene otras prioridades.
La solución adoptada - suicida por cierto - ha sido suavizar de uno u otro modo el tratamiento legal de los delitos, procurando que nadie vaya a la cárcel, a menos que lo sorprendan con un revólver humeante en las manos. Digámoslo de otro modo. Las autoridades han decidido dar calle por cárcel a los delincuentes. De allí el incremento de los crímenes. "¿Qué hacemos con ellos, si no caben?" Nos reitera, palabra más o menos, la ministra Golcher. Respondamos.
Le proponemos otra idea. Privatícenlas, den las cárceles en administración privada y en concesión la construcción de más de ellas hasta doblar, en una primera etapa, su capacidad a 20 mil reclusos. Hagan lo mismo con las de menores. El Estado se limitará a remunerar y fiscalizar la calidad del servicio. Así de simple. De ese modo, los actuales custodios y policías se incorporarán al trabajo de calle, donde se les necesita.