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La crisis general que siempre ignoramos


AUNQUE HOY lunes 5 de junio (el día en que estoy escribiendo), y acabo de enviar a este Diario mi artículo semanal que debe aparecer el miércoles 7 de junio, la lectura de los titulares del diario La Prensa, en el día de hoy, me exige que redacte ahora mismo mi próxima colaboración hebdomadaria, que debe publicarse el día 14 de junio, que sería leído entonces por mis amables lectores.
Los titulares aludidos dicen: "Salerno Acusa al Ex-Jefe del SPI"; "Atuneros presionan para evitar Comisión"; "Autoridad Avala Descalificar PPC"; "Bananeros "Radicalizan sus Peticiones"; "Dos muertos en Colisión que Involucra a Carlos Jones"; "El Rector no Puede ser un Señor Feudal".
Cito titulares como una prueba accidental que intenta retratar la situación generalizada que vive la Nación panameña, desde 1989, o sea, desde la última invasión norteamericana armada a Panamá, con un saldo de muy cerca de quinientos muertos y numerosísimos heridos, cuyos disparos tronantes inauguraron la profunda crisis económica, y más bien general, vivida por el país, desde entonces. Si agregáramos todos los titulares de los diarios que se publican en la ciudad de Panamá, día a día, esa revisión de cada veinticuatro horas daría el mismo resultado que acabamos de anotar, pero acumulativamente más amplio o más convincente, desde luego, que el obtenido al tomar en cuenta un solo periódico, un solo día. Lo alarmante no es sólo tal crisis, honda, profunda y general, sino el hecho de que nadie responsabilizado en simple relación con ella, le presta atención, ya por deber del cargo que ejerce, ya por vergüenza de que desde 1989 hasta la fecha (junio de 2006), ningún grupo social panameño, sea el que fuere, levanta el dedo meñique, siquiera, para hacer algo (siquiera señalar), frente a una crisis nacional profunda, que nos viene aniquilando por el largo término de quince años.
No existe actualmente una sola esfera de la existencia nacional que funcione medianamente siquiera: la administración de justicia, la educación, la seguridad ciudadana, el seguro social, la situación económica (sobre todo con los aumentos saltantes de precios), la vivienda, el empleo o mejor dicho el desempleo incrementado, los servicios de salud pública, el transporte colectivo, la delincuencia, etc., etc. ¿Es o no este panorama desnudo, terrible, profundo, una gran crisis general de todo el país?
Negarlo sería una irresponsabilidad, porque todo este déficit nos golpea sin posibilidad de que podamos negarlo u ocultarlo. ¿Y qué hacemos? ¿Qué han hecho y qué hacen los Gobiernos, los partidos políticos de invernadero o electoreros, que tenemos; los magistrados y jueces, cuando hasta se incendia un enorme edificio judicial con todos los expedientes; La Policía y demás servicios públicos? Nada fuera de lo rutinario, que casi es nada.
¿Qué hace nuestro pueblo, principal víctima de esta gran y profunda crisis innegable? ¿Qué hacen nuestros profesionales y miembros de la inteligencia, cuando cada uno de ellos vegeta o resuelve sólo sus problemas personales, sin importarles con todo lo que se ve y todo lo que ocurre?
No soy adivino, para señalar o pronosticar la situación fatal y caótica hacia donde se dirige la Nación panameña. Mas pasaron los cien años del siglo XIX y muy poco progresamos. Pasaron los cien años del XX y todavía nos encontramos en un estado verdaderamente larvario, con un cúmulo de problemas generales insolutos y en verdadera tragedia colectiva nacional.
Y parece que aceptamos mansamente que todos los Gobiernos (desde 1989 hasta hoy) no hagan más que ser un gran fracaso, ocupados en su única labor plutocrática de saqueo del fisco nacional, de los más diversos modos. Tal es el condicionamiento general, la situación colectiva nacional que tenemos para hacerle frente al problema impuesto (impuesto por lo innecesario), el de las flamantes nuevas esclusas del Canal, para beneficio sólo de los navieros internacionales, y de los intereses bélicos de Norteamérica, en el pase más expedito de nuevos post-panamax, olvidándonos quienes gobiernan de los graves problemas que nos ahogan, y que nos están llevando a una caótica situación de anomia y desastres generalizados.
Sin embargo, todavía tenemos la esperanza de que, de alguna manera, el pueblo en su mayoría despierte del letargo y la disolución en que nos encontramos, para hacerle un alto definitivo a la locura del desastre a que estamos abocados, y abra una trocha salvadora de rectificación, cumpliendo el pronóstico que entreviera la clarividencia del poeta Demetrio Herrera, que le pedía a nuestro pueblo: Aprende a decirle NO, a lo que le dices SI, ahora frente al problema de las esclusas. Pero un NO que resuene, que estremezca; un NO de gloria, para que los dineros que produzca el Canal, pasen definitiva, y no demagógicamente, a beneficiar hombre, por hombre; mujer, por mujer; niño por niño, a todo panameño, en toda la reducida geografía en que vivimos, ahora miserablemente, y mañana, con el NO estruendoso, que alumbrará el camino de la regeneración y de la felicidad nacional. Comprendamos que ese NO está en nuestras manos, y que como dice la frase tradicional: ¡Solo el pueblo salva al pueblo!

101 años de Panamá América

 
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