La crisis política nacional (I)
Las manifestaciones del pasado 12 de septiembre, más que ser justificadas marchas de apoyo al profesor Juan Jované, son reflejo evidente de una crisis política originada por el resquebrajamiento de la hegemonía de las clases dominantes en Panamá.
A diestra y siniestra se repite que hoy vivimos circunstancias muy parecidas al "68, y la gente lo dice con justa razón; sin embargo, la similaridad no es una de causa y efecto; lo cierto es que no existe una institución (como en su momento lo fue la Guardia Nacional) lo suficientemente organizada y "autónoma" para tomar las riendas del poder de un golpe; no obstante, todo indica que la legitimidad y la gobernabilidad de los partidos políticos tradicionales y de los intereses que representan están marcadamente deteriorados.
Hegemonía, legitimidad y gobernabilidad. En 1968 se evidenció un profundo quiebre en la clase dominante panameña: Las dos fuerzas contendoras, los liberales y los panameñistas, tenían opiniones divergentes hacia dónde debía dirigirse el país. Mientras que los liberales deseaban la modernización (a través de una reforma estructural del aparato estatal) sin dar concesiones a los sectores más atrasados del país, Arnulfo Arias sentía recelo frente a este discurso desarrollista. Lo cierto es que él, con su retórica anticomunista, rechazaba los intentos de la coalición liberal de efectuar un modelo de planificación central y de sustitución de importaciones, sistema que hubiera resultado (y que en efecto resultó) en un incremento de la clase obrera nacional y a raíz de esta densidad, en un mayor activismo político.
Eran dos tipos diferentes de proyecto nacional, entendido éste como la integración de mecanismos políticos, económicos y culturales que brinden una interpretación de democracia y desarrollo dentro de un marco de identidad nacional. Sin embargo, hay que destacar que el quiebre de la hegemonía se da por la oposición local de dos proyectos irrenconciables; la pérdida de hegemonía, único factor que hasta entonces brindaba cohesión entre sociedad política y sociedad civil, aunado al desgaste de la legitimidad y la gobernabilidad de los partidos panameños (a raíz de los múltiples fraudes electorales y los alegatos de corrupción), ocasiona un vacío en la institucionalidad del gobierno que la Guardia sólo va a aprovechar, en sus inicios de manera coyuntural, cuando ve sus intereses en peligro.
Nuestra democracia de baja intensidad. Panamá, desde la invasión, está viviendo un contexto desgraciadamente similar. La diferencia es que el quiebre de hegemonía no es por la oposición local de dos discursos, más bien es por la falta de discursos y propuestas que otorguen cohesión; los proyectos que dominaron el pensamiento de los sectores dominantes panameños, incluso desde antes de la época republicana (la creación de un mercado nacional y el desarrollo del país "hacia afuera") son ideas caducas y desgastadas.
La crisis de legitimidad y gobernabilidad aún no ha degenerado en una crisis de institucionalidad; tal crisis será real cuando en los próximos años no se realicen los cambios estructurales necesarios en base a un nuevo planteamiento.
Por eso, tristemente, de una dictadura que coartó nuestras libertades hemos pasado a una democracia en la cual igual no se respetan nuestros derechos. Los grupos dominantes (a través de los canales partidistas) no han podido asegurar su hegemonía por la incapacidad en consensuar un proyecto nacional alternativo; por tanto, deben perseguir objetivos con miras a restablecer la legitimidad y gobernabilidad a corto plazo (a través de consignas en contra de la corrupción al momento que reparten espacios dentro del aparato estatal para asegurar apoyo de sus bases) para así dar una apariencia de "democracia".
Es evidente que esto no es democracia. Poco a poco vemos cómo la hegemonía de los grupos dominantes se consolida sólo a través del control del aparato policíaco, cuya brutalidad hoy nos recuerda aquellos tiempos cuando Noriega utilizaba sus tropas de choque para mantenerse en el poder.
Nuestros gobiernos, como el actual, faltos de legitimidad, gobernabilidad y hegemonía a mediano y largo plazo, estarán más y más propensos a recurrir a la fuerza en casos cuando el pueblo salga a la calle para reclamar sus derechos. Hacia allá nos encaminamos, hacia una democracia de baja intensidad.
Las alternativas. Un proyecto nacional no puede imponerse de arriba hacia abajo, más bien debe ser un esfuerzo colectivo con amplio soporte popular que pueda ganar la opinión pública, estableciendo puntos de consenso con sectores lúcidos de los grupos profesionales y empresariales. Basar planes en expectativas (legitimidad) y acciones a corto plazo (gobernabilidad) a su vez fundamentados en disfuncionales supuestos políticos, económicos y culturales sin asidero en la realidad actual, es germen de la endemia de nuestras instituciones sociales.
El desarrollo de un proyecto nacional alternativo, no excluyente y participativo debe ser el norte de cualquier esfuerzo político con miras a resolver esta crisis pero, para tal efecto, se necesitará de una discusión sincera en torno a nuestras verdaderas prioridades como nación. En otra entrega discutiré los detalles que a mi juicio deberá contener ese plan de proyecto nacional.
(eloyfisher@hotmail.com)
A diestra y siniestra se repite que hoy vivimos circunstancias muy parecidas al "68, y la gente lo dice con justa razón; sin embargo, la similaridad no es una de causa y efecto; lo cierto es que no existe una institución (como en su momento lo fue la Guardia Nacional) lo suficientemente organizada y "autónoma" para tomar las riendas del poder de un golpe; no obstante, todo indica que la legitimidad y la gobernabilidad de los partidos políticos tradicionales y de los intereses que representan están marcadamente deteriorados.
Hegemonía, legitimidad y gobernabilidad. En 1968 se evidenció un profundo quiebre en la clase dominante panameña: Las dos fuerzas contendoras, los liberales y los panameñistas, tenían opiniones divergentes hacia dónde debía dirigirse el país. Mientras que los liberales deseaban la modernización (a través de una reforma estructural del aparato estatal) sin dar concesiones a los sectores más atrasados del país, Arnulfo Arias sentía recelo frente a este discurso desarrollista. Lo cierto es que él, con su retórica anticomunista, rechazaba los intentos de la coalición liberal de efectuar un modelo de planificación central y de sustitución de importaciones, sistema que hubiera resultado (y que en efecto resultó) en un incremento de la clase obrera nacional y a raíz de esta densidad, en un mayor activismo político.
Eran dos tipos diferentes de proyecto nacional, entendido éste como la integración de mecanismos políticos, económicos y culturales que brinden una interpretación de democracia y desarrollo dentro de un marco de identidad nacional. Sin embargo, hay que destacar que el quiebre de la hegemonía se da por la oposición local de dos proyectos irrenconciables; la pérdida de hegemonía, único factor que hasta entonces brindaba cohesión entre sociedad política y sociedad civil, aunado al desgaste de la legitimidad y la gobernabilidad de los partidos panameños (a raíz de los múltiples fraudes electorales y los alegatos de corrupción), ocasiona un vacío en la institucionalidad del gobierno que la Guardia sólo va a aprovechar, en sus inicios de manera coyuntural, cuando ve sus intereses en peligro.
Nuestra democracia de baja intensidad. Panamá, desde la invasión, está viviendo un contexto desgraciadamente similar. La diferencia es que el quiebre de hegemonía no es por la oposición local de dos discursos, más bien es por la falta de discursos y propuestas que otorguen cohesión; los proyectos que dominaron el pensamiento de los sectores dominantes panameños, incluso desde antes de la época republicana (la creación de un mercado nacional y el desarrollo del país "hacia afuera") son ideas caducas y desgastadas.
La crisis de legitimidad y gobernabilidad aún no ha degenerado en una crisis de institucionalidad; tal crisis será real cuando en los próximos años no se realicen los cambios estructurales necesarios en base a un nuevo planteamiento.
Por eso, tristemente, de una dictadura que coartó nuestras libertades hemos pasado a una democracia en la cual igual no se respetan nuestros derechos. Los grupos dominantes (a través de los canales partidistas) no han podido asegurar su hegemonía por la incapacidad en consensuar un proyecto nacional alternativo; por tanto, deben perseguir objetivos con miras a restablecer la legitimidad y gobernabilidad a corto plazo (a través de consignas en contra de la corrupción al momento que reparten espacios dentro del aparato estatal para asegurar apoyo de sus bases) para así dar una apariencia de "democracia".
Es evidente que esto no es democracia. Poco a poco vemos cómo la hegemonía de los grupos dominantes se consolida sólo a través del control del aparato policíaco, cuya brutalidad hoy nos recuerda aquellos tiempos cuando Noriega utilizaba sus tropas de choque para mantenerse en el poder.
Nuestros gobiernos, como el actual, faltos de legitimidad, gobernabilidad y hegemonía a mediano y largo plazo, estarán más y más propensos a recurrir a la fuerza en casos cuando el pueblo salga a la calle para reclamar sus derechos. Hacia allá nos encaminamos, hacia una democracia de baja intensidad.
Las alternativas. Un proyecto nacional no puede imponerse de arriba hacia abajo, más bien debe ser un esfuerzo colectivo con amplio soporte popular que pueda ganar la opinión pública, estableciendo puntos de consenso con sectores lúcidos de los grupos profesionales y empresariales. Basar planes en expectativas (legitimidad) y acciones a corto plazo (gobernabilidad) a su vez fundamentados en disfuncionales supuestos políticos, económicos y culturales sin asidero en la realidad actual, es germen de la endemia de nuestras instituciones sociales.
El desarrollo de un proyecto nacional alternativo, no excluyente y participativo debe ser el norte de cualquier esfuerzo político con miras a resolver esta crisis pero, para tal efecto, se necesitará de una discusión sincera en torno a nuestras verdaderas prioridades como nación. En otra entrega discutiré los detalles que a mi juicio deberá contener ese plan de proyecto nacional.
(eloyfisher@hotmail.com)