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La cristalización de la pobreza


No es ninguna novedad plantear que la educación es la principal herramienta para salir de la pobreza. Por lógica, a más educación de mejor calidad más opción tendrán los pueblos de salir del subdesarrollo. A principios del siglo XX, las mejores escuelas de Panamá eran públicas. El Instituto Nacional y el Artes y Oficios eran reputadas por su excelencia académica. Aquí no se impedía que profesores extranjeros como Richard Neuman, Fermín Nodeau y Renato Ozores brindaran conocimientos a nuestros jóvenes educandos.
En los colegios se estudiaba en jornada completa y se ofrecía almuerzos escolares a los menos pudientes. A los alumnos destacados se les becaba para que siguieran estudios superiores en las mejores universidades de Europa y Estados Unidos. Este énfasis en la educación de calidad produjo una generación de dirigentes valientes e intelectuales de talla que supieron ponerse a la altura de las circunstancias. Esas generaciones sabían por qué y cómo luchar para construir un mejor país. La brecha entre ricos y pobres se fue cerrando y las oportunidades de ascenso social estaban abiertas a los más esforzados.
¿Cuál es la situación actual? Pues la de una educación estructurada para mantener a los pobres en la pobreza mientras la brecha entre ricos y pobres se abre más. No sólo la brecha de la riqueza material, sino también la brecha del conocimiento. En las escuelas públicas se labora media jornada porque a alguna luminaria burocrática se le ocurrió que era mejor usar una misma escuela en dos y tres turnos en lugar de construir más. Sólo que para poder hacerlo hubo que recortar horas de clases. Si a esto le sumamos los constantes paros y marchas de protesta sin causa, vemos que el tiempo de enseñanza aprendizaje es cada vez más corto para los estudiantes más humildes. Lo contrario ocurre en las escuelas particulares en donde, además del horario extendido, se brindan actividades extracurriculares para completar la formación del educando.
Es lamentable que los educadores y los dirigentes estudiantiles prefieran hacer huelgas y protestas por los temas más banales y exóticos en lugar de dedicar su tiempo a enseñar y estudiar. Actividades éstas que tienen más probabilidades de resolver los problemas nacionales que el vandalismo autodestructivo que prefieren.

101 años de Panamá América

 
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