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La crueldad de la indolencia


NUESTRA civilización sufre de un síndrome al que llamo "Indolencia capciosa". Producto de una serie de factores que nos han transformado en seres incapaces de sentir, auxiliar y resguardar a quienes lo necesiten. En un tema tan complejo como el de la violencia intrafamiliar, en este artículo, enfocado en el maltrato a la mujer; no se puede pasar por alto el papel que debe cumplir la sociedad, en conjunto con las organizaciones gubernamentales.
La indiferencia de la que sufren las víctimas, por parte de vecinos, funcionarios, y hasta profesionales de la medicina, refleja cómo se ha ido propagando la falta de sensibilidad y calidad humana. La desesperación de los afectados, la falta de información y las inhibiciones emocionales causadas por dicho trauma, pueden ser comparables al rechazo por parte de quienes se supone, deben ofrecer un aliento, al infierno al que han sido sometidos, en la mayoría de los casos, durante décadas. Es imperdonable en tiempos como estos, cerrarle la puerta a quien solicite nuestra comprensión y socorro. Todos los días se invierten millones de recursos en un esfuerzo por comunicarnos más veloz y eficazmente. Lo cierto es, que estamos cada vez más alejados de conmovernos por el dolor ajeno.
La violencia doméstica ya no se reduce al círculo familiar. Es una ola que arrastra a su paso toda esperanza de convivencia pacífica entre los seres humanos. La esposa que es golpeada, y cuyos gritos de desesperación apuñalan nuestras paredes, ya no puede ser ignorada cerrando las cortinas de nuestros hogares, ni subiendo el volumen del televisor. Con la renuncia de la conciencia y los preceptos éticos, de una población envenenada con mensajes equívocos; sólo se puede esperar, que el ritmo acelerado de estos maltratos transferidos, socaven la tan protegida estabilidad financiera de un país. Las cárceles están inundadas de individuos con hogares disfuncionales. De jóvenes desatendidos y mujeres, que en un intento por salvar a sus hijos, asesinaron a sus cónyuges. Entonces, se opta por encerrar el resultado de nuestra insolencia en una jaula, para así seguir esquivando nuestras obligaciones. No podemos esperar a que más almas sean sacrificadas, mucho menos permitir las justificaciones que el machismo, le ha dado a estos comportamientos deplorables.
"Los trapos sucios se lavan en casa". No existe frase más cobarde e injusta para una mujer abusada, que la anteriormente mencionada. Curiosamente, somos los primeros en nombrarla, como quien da un latigazo a un enfermo. Muchas veces, no hace falta hablar para dar la espalda. Las crueldades de esta indulgencia van desde minimizar una suplica, hasta dificultar el cumplimiento rápido de la ley, haciendo los trámites complicados e interminables.
La ayuda no termina con palabras dulces, ni con el ofrecimiento de un número telefónico. Existen decenas de problemas que pueden surgir a partir de un brote de violencia en el seno familiar. La madre queda desamparada, económica, física y psicológicamente. Sus hijos constantemente exigen su fortaleza, y a la larga, olvidan los dramas que ésta ha vivido, volcando sus frustraciones a la comunidad. Todos somos protagonistas de este flagelo. Quien calla, quien no ofrece atención, el que tapa sus oídos y llena su boca de "consejos capciosos", para que la afectada continué soportando el vía crucis en silencio. Aquél, es tan culpable como quien la ha golpeado. El director de aquella película o el productor de ese programa, donde se denigra a las mujeres y se muestran repetidos actos de violencia en contra de este género, también tienen sus manos manchadas de sangre. Igualmente, los que no denuncian y aplauden con su audiencia, largometrajes donde se ha llegado a exponer violaciones carnales y donde se hiere a mujeres embarazadas. Vergonzoso es el hecho, de que se siga propagando a través de los medios de comunicación, esta forma de aberración humana.
Nuevamente depende de nosotros, destruir todas las ataduras que nos impidan terminar con esta red de agresiones. Que además de atentar contra la salud mental de las personas, incitan a las psiquis trastornadas a cometer delitos atroces. La vida es una responsabilidad. Se cuida, se protege, y se defiende. Si logramos combinar nuestras intenciones de romper con la violencia y sus propulsores, con métodos sencillos, discretos, y confiables. Alternados con asistencia psicológica y aprovechando los avances tecnológicos, como un medio educativo, en pro de la tolerancia y el diálogo. Comenzaremos a trazar un futuro prometedor, para aquellas mujeres y niños, que una vez lloraron impotentes, por una respuesta sin saber a dónde acudir. Sólo de esta forma, podemos empezar a erradicar esta Indolencia maldita, que más que darnos paz nos convierte en cómplices.
(Ensayo ganador del concurso anual de redacción contra La Violencia en Panamá. Promovido por la Red Nacional Contra la violencia dirigida a la Mujer y a la Familia).
La creación de una Lotería Pública en Panamá se remonta a la legislación colombiana, orgánica de la Administración Municipal, cuando por ordenanza del 21 de octubre de 1851 creó la primera Lotería Oficial en el Istmo.
La LNB ha habilitado la línea telefónica 507-6728 para denunciar la venta de chance clandestino.
¿Le ha tocado comprar chances o billetes casados?
Abilio González: "En todos lados pasa que venden chances y billetes oficiales, casados, por lo que muchos compran chances clandestinos".
Virgilio Cachever: "Por lo general siempre me venden los chances y billetes solteros, nunca he tenido problema en ese sentido".
Ana de Torres: "He sabido por medio de amistades que a la hora de comprar chances o billetes oficiales se los venden casados".
Víctor Viquez: "Siempre que quería comprar chances y billetes oficiales me lo querían vender casados, por lo que dejé ese vicio".
Armando Mendieta: "Siempre los chances los venden casados, por esa razón ya no los compro. Esa situación hace que la gente compre clandestinos".

101 años de Panamá América

 
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