La Cruzada Civilista y el futuro del país
Desde esta tribuna, quiero felicitar a un medio de comunicación que hace unos días dedicó parte de la mañana a rememorar la innegable huella que la Cruzada Civilista dejó y seguirá dejando en la construcción democrática panameña.
Hay quienes ven a la política como la siguiente elección. Y existen quienes vemos a la siguiente elección como una oportunidad para seguir construyendo al país.
Así, podemos quedarnos con el análisis simplista de que la Cruzada Civilista frustró su accionar por la distancia entre sus objetivos y su concreción política. Lo que me hace recordar al movimiento independentista del siglo pasado. Fueron mayoritariamente los conservadores del istmo quienes concibieron y dirigieron el movimiento, para que los primeros años de la República presenciaran el desvanecimiento del partido conservador, frente a la hegemonía liberal.
De igual manera, los civilistas trabajamos, cada uno desde nuestras trincheras correspondientes, -nosotros estábamos en la universidad-, pero fueron los políticos tradicionales quienes hábilmente capitalizaron el movimiento. No hay que afligirse demasiado por eso, así, con esas paradojas se han escrito muchas historias que resultaron ser exitosas al final.
Quiero rescatar el valor de la independencia que sembró en nosotros, y en otros miles de panameños, la Cruzada Civilista. Y cómo esa independencia se manifiesta tímidamente al comienzo, con la conformación efímera del partido Renovación Civilista, cuyo primer gran candidato presidencial fue el Dr. Rubén Darío Carles en 1994.
Después de que el tradicionalismo político volvió a vencernos en 1999 -a pesar de la candidatura independiente del Ing. Alberto Valllarino-, esa independencia política, por primera vez desde 1990, se transforma en poder político efectivo, que hace posible la llegada al poder de Martín Torrijos Espino y mucho más evidentemente, en el 2009, la del empresario Ricardo Martinelli.
¿Qué nos espera de aquí en adelante? No podemos construir la democracia linealmente, porque paralelamente ocurren muchos cambios de toda índole, con los que la democracia debe estar al día. La oposición debe reformular su liderazgo, del que tal vez, salga emergente, la figura fuerte del Dr. Ernesto Pérez Balladares.
Debo recordar, para los que sufren de amnesia, que el gobierno del Dr. Pérez Balladares fue bien ponderado, tanto por opositores como por gobiernistas, hasta que se le ocurrió la idea de presentarse para la reelección presidencial. En ese caso, el país le estaría apostando a un viejo zorro de la política panameña, y a una segunda vuelta de cambios en las estructuras económicas del país.
El gobierno entrante tiene varios buenísimos candidatos visibles, si tan sólo para mencionar a dos de ellos, a los ingenieros Juan Carlos Varela y Alberto Vallarino, ambos panameñistas. Y tal vez, el talón de Aquiles del gobierno, sea no el fondo, sino la forma. Si no sucumben a la tentación siempre presente de dividirse, sino que se mantienen fuertes frente a la idea de mantener la alianza unida, a través de elecciones primarias inter partidarias.
Esperemos también el reto de un sector de la izquierda independiente del país, que puede materializarse a través de la candidatura presidencial del profesor Juan Jované.
Las propuestas de quienes serán gobierno a partir del primero de julio, siempre se han preocupado por ser más proteccionistas, y han reclamado una presencia del Estado y una marcha de cambios mucho más lentos que los que su némesis social demócrata ha llevado adelante. A los panameños toca decidir, -en tiempos de crisis internacional-, y dentro de cinco años, cuál de estos es el camino, y si estamos o no listos, para entender la alternancia no como el bipartidismo clásico, sino como la posibilidad de que el otro acceda.
Entendiendo, a mi modo de ver las cosas, que una meritocracia, más compleja que el modelo que hoy tenemos, se impone frente al sistema estrenado en 1990, que ya muestra visos de agotamiento.