La CSS y la baraúnda politiquera
El traslado de 25.9 millones a la CSS debería ser suficiente para que la comisión que trata de solucionar los problemas actuariales de la CSS vuelva a reunirse y aterrice con las medidas consensuadas para conjurar el peligro de que cientos de miles de humildes jubilados queden en la calle. Sin embargo, parece que los grupos involucrados quieren todos acabar con la institución autónoma de marras. Todos serán culpables de esta tragedia, sin excepción. No sé si el "impasse" que al respecto ya ha existido en distintos gobiernos es un acto de estupidez o deliberadamente planeado. En estas circunstancias es difícil exclamar, ¡Perdónalos, que no saben lo que hacen!
Paralelamente, se llevó a cabo el viaje presidencial a Estados Unidos (EU) que muchos pregonan que es un éxito porque el TLC viene. Yo prefiero esperar sentado y constatar si esto se convierte en realidad. Creo que pocos se dan cuenta que la deferencia de Bush hacia Mireya contiene el elemento de la cortesía que un caballero dispensa en presencia de una dama. Otra cosa es en su ausencia. Obras son amores, reza el dicho. Así que sería bueno que se acabe la algarabía, particularmente cuando estamos en baraúnda politiquera.
Gracias a Dios sé nada de leyes, pero creo que reconozco el leguleyismo cuando lo veo. Y eso es lo que observo con las aseveraciones de Mireya luego de la escogencia de Josemigue. Antes de la convención, pienso que violó levemente, digamos, su deber constitucional de ser imparcial en las elecciones. La vi y oí respaldar a su ungido en actos oficiales. Además, su agresiva postura no da margen a pensar de otra manera. Por ejemplo, exclamar que: "Por allí andan diciendo que se va a reglamentar si el gobierno puede participar o no en política. ¿Y por qué no reglamentaron a Ernesto Pérez Balladares cuando quería una reelección en este país?" La respuesta es simple, porque el tema se dirimía mediante un referendo que puso todo en su lugar. No olvido por esto que se derrocharon mínimo $12 millones. Esto seguirá como débito.
La afirmación presidencial de que la primera mandataria es libre después de las 4:30 de la tarde, para mí también es leguleya. Peor con la sentencia de que: "Yo sí voy a apoyar a mi candidato; no haré como Guillermo Endara, que no me apoyó cuando fui candidata...", ni como Pérez que no apoyó a Martín Torrijos, el candidato de su partido.
La agresiva mandataria admitió que está prohibido utilizar el gobierno para hacer política a favor de cualquier candidato (lo cual supongo que es legal). No obstante, aseveró que nadie le quitará el derecho de caminar después de su jornada de trabajo a conversar sobre política (muy bien dicho, leguleyamente).
Del patético panorama expuesto no se pueden excluir las bellezas del CEMIS. Se dice que los únicos legisladores involucrados (esto quiere decir que recibieron "afudólares" leguleyamente) eran del PRD; pero se proclama, legalmente, que no hubo pruebas.
Por lo que muchos protestan por la inmunidad e impunidad, como si fueran sinónimos. Sin embargo, se hacen pases, verónicas y pasatoros cuando se trata de encubrir el caso de los nombramientos de dos nuevos magistrados de la Corte Suprema de Justicia, ex arnulfistas, pero ayudados por varios legisladores del PRD que ahora nadie está seguro si serán arnulfistas, PRD o cualquiera vaina en los próximos comicios.
Cabe felicitar a los magistrados del Tribunal Electoral, quienes parecen estar firmemente dispuestos a proteger su imagen bien ganada en las dos últimas elecciones. Sin embargo, con el perdón de los lectores, yo voy a meter mi cuña.
También se gana una medalla de honor Guillermo Endara, porque no se metió a leguleyo, ni actuó como abogado, al abstenerse de respaldar a su candidata que, aunque ahora nadie lo quiera creer, fue nada menos que Mireya la de Punta Mala. ¡Buena esa Pichulo!
Paralelamente, se llevó a cabo el viaje presidencial a Estados Unidos (EU) que muchos pregonan que es un éxito porque el TLC viene. Yo prefiero esperar sentado y constatar si esto se convierte en realidad. Creo que pocos se dan cuenta que la deferencia de Bush hacia Mireya contiene el elemento de la cortesía que un caballero dispensa en presencia de una dama. Otra cosa es en su ausencia. Obras son amores, reza el dicho. Así que sería bueno que se acabe la algarabía, particularmente cuando estamos en baraúnda politiquera.
Gracias a Dios sé nada de leyes, pero creo que reconozco el leguleyismo cuando lo veo. Y eso es lo que observo con las aseveraciones de Mireya luego de la escogencia de Josemigue. Antes de la convención, pienso que violó levemente, digamos, su deber constitucional de ser imparcial en las elecciones. La vi y oí respaldar a su ungido en actos oficiales. Además, su agresiva postura no da margen a pensar de otra manera. Por ejemplo, exclamar que: "Por allí andan diciendo que se va a reglamentar si el gobierno puede participar o no en política. ¿Y por qué no reglamentaron a Ernesto Pérez Balladares cuando quería una reelección en este país?" La respuesta es simple, porque el tema se dirimía mediante un referendo que puso todo en su lugar. No olvido por esto que se derrocharon mínimo $12 millones. Esto seguirá como débito.
La afirmación presidencial de que la primera mandataria es libre después de las 4:30 de la tarde, para mí también es leguleya. Peor con la sentencia de que: "Yo sí voy a apoyar a mi candidato; no haré como Guillermo Endara, que no me apoyó cuando fui candidata...", ni como Pérez que no apoyó a Martín Torrijos, el candidato de su partido.
La agresiva mandataria admitió que está prohibido utilizar el gobierno para hacer política a favor de cualquier candidato (lo cual supongo que es legal). No obstante, aseveró que nadie le quitará el derecho de caminar después de su jornada de trabajo a conversar sobre política (muy bien dicho, leguleyamente).
Del patético panorama expuesto no se pueden excluir las bellezas del CEMIS. Se dice que los únicos legisladores involucrados (esto quiere decir que recibieron "afudólares" leguleyamente) eran del PRD; pero se proclama, legalmente, que no hubo pruebas.
Por lo que muchos protestan por la inmunidad e impunidad, como si fueran sinónimos. Sin embargo, se hacen pases, verónicas y pasatoros cuando se trata de encubrir el caso de los nombramientos de dos nuevos magistrados de la Corte Suprema de Justicia, ex arnulfistas, pero ayudados por varios legisladores del PRD que ahora nadie está seguro si serán arnulfistas, PRD o cualquiera vaina en los próximos comicios.
Cabe felicitar a los magistrados del Tribunal Electoral, quienes parecen estar firmemente dispuestos a proteger su imagen bien ganada en las dos últimas elecciones. Sin embargo, con el perdón de los lectores, yo voy a meter mi cuña.
También se gana una medalla de honor Guillermo Endara, porque no se metió a leguleyo, ni actuó como abogado, al abstenerse de respaldar a su candidata que, aunque ahora nadie lo quiera creer, fue nada menos que Mireya la de Punta Mala. ¡Buena esa Pichulo!