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La CSS y los más pobres


Los malabares financieros del Director de la Caja del Seguro Social, parecen haberse convertido en una especie de juego de monopolio, en el cual la institución gana y el Estado pierde; pues paso a paso aumentan los intereses que ésta recibe por los fondos que tiene, y disminuye la ganancia que el Banco Nacional percibía por los mismos. En otras palabras, al final se traspasa una parte del dinero producido de la caja pública, a la caja de los asegurados, pero no se ha generado riqueza adicional.
Las medidas que han sido aplaudidas por algunos sectores de la sociedad como respuestas de valor social, carecen de justificación cuando se explica que las ganancias del Banco Nacional van destinadas a satisfacer el bien común, mientras que las de la Caja del Seguro Social solamente benefician a un grupo minoritario de panameños y panameñas que tienen el privilegio de contar con un trabajo en este momento o que han acumulado el derecho a pensión por haber sido trabajadores antes.
Cuando se habla de pobreza hay que pensar en primer lugar en toda aquella población que no pertenece a la Caja del Seguro Social, y que por tanto, no dispone de sus facilidades médicas ni de sus pensiones. Por una parte el medio millón de personas de la fuerza de trabajo informal que podrían haber sido cubiertas por la CSS y no lo fueron, y por la otra, las que ni siquiera cuentan con un empleo. En ambos grupos se concentra la gran mayoría de los más pobres, y con las decisiones tomadas de traspasar intereses del Estado a la Caja, éstos no han recibido ningún beneficio, sino más bien han resultado perjudicados.
Lamentablemente a través de la historia de la humanidad son los grupos de presión los que consiguen mejores condiciones de vida, generalmente a costo de los que no tienen voz; y los desempleados no están organizados como para exigir prestaciones médicas o jubilaciones especiales. En los medios de comunicación se escuchan a los maestros, los médicos o los pilotos del canal, luchando para lograr aumento de sus ingresos pero no a los indígenas, los desnutridos, los analfabetas u otros marginados sociales, sobre los que la Iglesia habla constantemente, calificándolos como opción preferencial.
Ojalá el cambio de año signifique también un cambio de actitud hacia los grupos más pobres entre los pobres, colocándolos en primer lugar a la hora de tomar decisiones que tienen que ver con el uso de los dineros públicos. Los que gozamos de un empleo o recibimos una jubilación, debemos ayudar solidariamente a los que todavía no han podido ejercer este derecho, que pertenece a todos aquellos que han nacido en esta tierra.

101 años de Panamá América

 
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