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La cuestión constitucional en la arquitectura del Estado


El Dr. Carlos Iván Zúñiga, en sus aproximadamente tres últimas décadas de existencia, no desmayó nunca en su aspiración de una reforma profunda de la Constitución Nacional, que fuera gestada y trabajada por un poder constituyente, surgido desde el seno de la nación, elegida democráticamente por el pueblo panameño. Por esos desvelos y sueños, no pocas veces, fue objeto de ataques y muchas incomprensiones. He llegado a la conclusión que razones no le faltaron al distinguido jurista, demócrata a cabalidad e intelectual de extraordinaria valía, cuanto consideraba la Constitución vigente como un obstáculo para el desarrollo y modernización del estado y la democracia.

Como suele en la historia de las naciones y pueblos, la vida termina dándole la razón a estas mentes que empinándose sobre sus entornos, fueron capaces de proyectar el futuro, pero siempre desde una perspectiva propositiva. En ellos, como lo fue en vida el Dr. Zúñiga, la crítica por la crítica, no tenía cabida. Hoy cuando analizo las contradicciones en las cuales está sumergido mi patria, llego a la conclusión de que el edificio constitucional no puede seguir prolongando su agonía a base de retoques: sus paradigmas y correlatos, muchos de ellos desfasados, son fuentes de calamidades y desfases institucionales, que desvalorizan y maximizan los crecientes índices de ausencia de credibilidad de nuestras instituciones políticas, jurídicas y culturales, etc.

Me ratifico y lo vuelvo a reiterar, nuestra institucionalidad es deficitaria y la Constitución Nacional como soporte de la misma, demanda cambios para construir nuevas formas de relacionarse en y desde el poder. Reconceptualizar la relación estado y sociedad civil, no para que esta se constituya en una antítesis del primero, sino al decir de Antonio Gramzci, para edificar un nuevo concepto de democracia, donde la condición de ciudadano, no termine con una elecciones. En este contexto hay que modificar el carácter altamente concentrado de nuestro régimen político; el partidocratismo; la administración de justicia (elección de magistrados); la ampliación de los procedimientos de ampliación de la democracia etc.

Los constitucionalistas, que los hay de alto fuste científico, politólogos, tienen que jugar un papel más activo en estos menesteres relacionado con la vida constitucional del país. Verbigracia, el Colegio Nacional de Abogados, su comisión en esta rama del derecho, que preside el Dr. Edgardo Molino, los académicos de nuestras facultades de derecho, es hora de tomarle la palabra al extinto catedrático, Dr. Carlos Iván Zúñiga; el país demanda de una nueva arquitectura jurídica nacional.

101 años de Panamá América

 
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