La cuestión de las Chinas
Corría el año de 1949 cuando el ejército blanco de Chiang Kai Sheik fue derrotado por el ejército rojo de Mao Tse Tung, y los vencidos se refugiaron en la isla de Formosa, también conocida como Taiwán, y establecieron allí el supuestamente legítimo gobierno de la República China. La guerra fría que heló al mundo durante cinco décadas ofreció un contexto favorable para que el general derrotado, que hasta antes de la victoria militar de los comunistas ostentó la jefatura del gobierno chino, se saliera con la suya y lograra que Naciones Unidas reconociera como miembro al minúsculo Estado insular que su audacia había conquistado, y desconociera al gigante que habitaba en el continente. Poco a poco las cosas fueron cambiando.
En 1972 Nixon dio el gran paso y reconoció al gobierno de Mao como el verdadero representante del Estado chino, entonces llamado República Popular China, y, aunque no dejó en desamparo a sus siempre aliados ideológicos de la isla, abrió un mundo nuevo de cooperación y relaciones comerciales con la que ya era una potencia mundial indisputable. Una cuarta parte de todos los Estados que aún reconocen al gobierno de la isla como República China, y que, por lo tanto, no tienen relaciones diplomáticas con Beijing, está conformada por los seis Estados del istmo centroamericano. Los seis gobiernos centroamericanos, el de Panamá incluido, anualmente reciben de Taiwán jugosas donaciones sin que existan los controles adecuados de rendición de cuentas, ni haya interés de establecerlos.
Hace pocos días, Oscar Arias, pPresidente de Costa Rica, ha tomado finalmente una decisión que se encontraba pendiente desde hacía algún tiempo y ha terminado sus relaciones diplomáticas con la isla y reconocido la legitimidad de la China Continental como único representante legítimo del Estado chino.
Panamá acordó, hace más de 10 años, el establecimiento de una oficina comercial con la República Popular, pero aún no se ha atrevido a tomar la gran decisión y a firmar, de una vez por todas, un acuerdo de relaciones diplomáticas con el gobierno de la China Continental, como ya lo han hecho 168 de los 192 Estados que integran la comunidad de naciones. Vale la pena recordar en este contexto que los Estados no tienes amigos, sino intereses; y que los intereses panameños están, en materia de relaciones exteriores, donde está su Canal, del cual la República Popular China es uno de sus más importantes usuarios.
Aunque ya no pase a la historia como una decisión valiente y visionaria, ¿no es ya hora de dar el gran paso? ¿O es que es muy difícil destetarse de la política de la chequera?
En 1972 Nixon dio el gran paso y reconoció al gobierno de Mao como el verdadero representante del Estado chino, entonces llamado República Popular China, y, aunque no dejó en desamparo a sus siempre aliados ideológicos de la isla, abrió un mundo nuevo de cooperación y relaciones comerciales con la que ya era una potencia mundial indisputable. Una cuarta parte de todos los Estados que aún reconocen al gobierno de la isla como República China, y que, por lo tanto, no tienen relaciones diplomáticas con Beijing, está conformada por los seis Estados del istmo centroamericano. Los seis gobiernos centroamericanos, el de Panamá incluido, anualmente reciben de Taiwán jugosas donaciones sin que existan los controles adecuados de rendición de cuentas, ni haya interés de establecerlos.
Hace pocos días, Oscar Arias, pPresidente de Costa Rica, ha tomado finalmente una decisión que se encontraba pendiente desde hacía algún tiempo y ha terminado sus relaciones diplomáticas con la isla y reconocido la legitimidad de la China Continental como único representante legítimo del Estado chino.
Panamá acordó, hace más de 10 años, el establecimiento de una oficina comercial con la República Popular, pero aún no se ha atrevido a tomar la gran decisión y a firmar, de una vez por todas, un acuerdo de relaciones diplomáticas con el gobierno de la China Continental, como ya lo han hecho 168 de los 192 Estados que integran la comunidad de naciones. Vale la pena recordar en este contexto que los Estados no tienes amigos, sino intereses; y que los intereses panameños están, en materia de relaciones exteriores, donde está su Canal, del cual la República Popular China es uno de sus más importantes usuarios.
Aunque ya no pase a la historia como una decisión valiente y visionaria, ¿no es ya hora de dar el gran paso? ¿O es que es muy difícil destetarse de la política de la chequera?