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La cuestión es entender el estilo


Cuando se alcanza el poder político, también se deben cambiar los tiempos del discurso; el futuro no debe ser la tónica, sobre todo, si, supuestamente, el mandatario, como es el caso del presente, ha estado preparándose para gobernar por varios años. Después de cinco años como aspirante presidencial, y de ejercer el poder por 12 meses, no cabe seguir usando en el mismo tono de la campaña electoral. Los candidatos prometen; los gobernantes ejecutan. Quien no entiende esa diferencia básica no es un estadista.
El día 31 de agosto, se celebró una reunión a la que fueron convocados los diputados oficialistas, los ministros y directores de entidades autónomas, los vicepresidentes, que debía presidir el señor Torrijos, para hacer el balance del primer año de gobierno de la "patria nueva". ¿Adivinen ustedes quién fue el único ausente? Acertaron: el mismísimo. Que cada quién haga sus conclusiones. La mía es que el dueño del hacha no quería ver algunas de las cabezas que rodarían, en pocos días. Y, además, que tampoco quería escuchar plañideras ni reclamos, para los que ha demostrado no tener tolerancia.
Si algo ha caracterizado al gobierno de turno, es su incapacidad para ver más allá de sus narices. A lo que hay que agregar, que "su estilo", el de la llamada "yunta pueblo-gobierno", tiene completamente desorientados hasta a los miembros de sus más íntimas entretelas, que son desplazados de sus responsabilidades institucionales por un jefe que hace, simultáneamente, de presidente, ministro, gobernador, alcalde y representante.
En que su visión es tan corta como la extensión de sus narices, coinciden los dirigentes de todos los partidos de la oposición que, al reaccionar al mensaje del primer año, de manera unánime, expresan que su autor vive en otro planeta; tal vez cabría mejor decir que en otra galaxia, que, por supuesto, queda más lejos.
Contrario a lo que piensa la mayoría del país, que reclama los empleos que se prometieron, pero que no se ven por ninguna parte; la seguridad, que no mejora sino que empeora; y la transparencia, que ni siquiera se materializa en el cumplimiento por los altos funcionarios del gobierno de la obligación de declarar sus patrimonios, en abierta violación de la ley, el mandatario y sus adláteres, mentalmente, siguen viviendo en el país de las maravillas.
Si la electricidad sube, si la canasta básica sube, si la gasolina sube, si el teléfono sube, si el agua sube; y ni siquiera se ajusta el salario mínimo, no hay que ser genio para saber que la situación general de los panameños es hoy peor que hace un año, cuando con bombos y platillos se inauguró "la patria nueva".
Este gobierno, sin duda alguna, se lleva la palma mundial en cuanto a echarse agua de rosas. Los diarios y emisoras están saturados de la propaganda gubernamental. Y si como con ello no fuera suficiente, ahora han convertido al flamante sistema de Radio y Televisión Estatal (RTVE), en una reedición de las emisiones de ingrata recordación de "Todo por la Patria", con las que los militares saturaban al país.
Pero, como a pesar de gastar enormes sumas de dinero en propaganda los gobernantes no logran engañar a la opinión pública, que cada día cuestiona más su pobre gestión, la reacción no se ha hecho esperar. Con una hipersensibilidad paranoica, característica de los autócratas, como no son capaces de responder al contenido de las críticas, ni tienen argumentos para rebatirlas, han optado por negarle a todo el país el derecho de juzgarlos. Esa conducta, contrario a lo que ellos piensan, no es prueba de astucia sino de una carencia primaria para entender las obligaciones que van aparejadas al ejercicio del poder público. Los gobernantes son sólo mandatarios; el dueño del poder es el pueblo y a él hay que rendirle cuentas, cada vez que las exija. Un ministro, decía muy orgulloso en la reunión a la que no asistió su jefe, que el gobierno de la "patria nueva" había logrado varios "íconos" (sic) en su andadura de un año. Tal vez el caballero de marras quiso decir metas, resultados, o algo parecido; pero, aparte de la imprecisión idiomática, su enumeración de "los íconos" gubernamentales quedó reducida a tres: la reforma constitucional, la reforma tributaria y la reforma de la seguridad social. Sobre ellas ya he comentado y no me repetiré. Prudentemente, no agregó más nada, por que las buenas nuevas serían expuestas por su jefe, cuando hablara en la instalación del nuevo período de sesiones de la Asamblea de Diputados. Para sorpresa de nadie, ni lo que escuchamos en la Asamblea ni los cambios en el equipo de gobierno han mejorado su imagen, sino todo lo contrario. Efectivamente rodaron algunas cabezas. A alguien hay que seguir echándole las culpas, como es el patrón del actual gobierno. Han ponderado a los entrantes, pero no han explicado porqué los "idos" fueron sacrificados. El jefe de prensa del Sr. Torrijos dijo que los nuevos designados "entendían muy bien el etilo del presidente". A contrario sensu, eso significa que los botados son culpables de no haberlo entendido.
Imagino que tanto los nuevos ministros como los otros funcionarios, y aquellos a los que no les tocó ahora pero que podría tocarles después, estarán buscando en el "luminoso mensaje" las claves para entender "el estilo presidencial". Que la Providencia les ilumine, pues de lo contrario seguirán rodando cabezas, por aquello de que "la culpa la tienen todos, menos yo". La cuestión, como queda dicho, es entender el estilo.
Este proyecto busca garantizar la seguridad de los peatones y ayudará a embellecer el pueblo, que tenía una imagen descuidada. Ismael Batista
En el Corregimiento de Chepo Cabecera habitan más de 10 mil habitantes.



101 años de Panamá América

 
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