La cuestión social
La cuestión social se ha convertido en la clave de la continuidad democrática y del desarrollo en la región. La ideología neoliberal que ha contrapuesto lo económico contra la social ha desencadenado una dinámica que concentra ingreso, riqueza, poder económico cada vez en menos manos y agrava la exclusión social para un mayor numero de gente. El tema de la deuda externa forma parte inseparable de esta cuestión social. En realidad, no es verdad que este problema este ya en franco tren de solución. Cuanto más se paga más se debe. El tratamiento actual de la deuda externa es descarada usura por parte de los acreedores y aumentará sin cesar la inaceptable deuda social que degrada, en términos radicales, la calidad de vida de la mayoría de la gente de los países deudores.
Hablar hoy de la "nueva" cuestión social en la región latinoamericana obliga a abordar a fondo el tema de la deuda externa, que es uno de los componentes más pesados de la situación social de la región. Y obliga a encontrar nuevos conceptos, políticas y estrategias para su tratamiento en las perspectivas de facilitar la reactivación económica y enfrentar los gravísimos problemas humanos y sociales que se acumulan sin parar.
El actual tratamiento de la deuda externa por parte de los países e instituciones acreedoras, pone en peligro los procesos de democratización y constituye un flagrante atropello a los más elementales derechos humanos de la gente y el derecho al desarrollo que tienen los pueblos. El llamamiento del Papa Juan Pablo II para condonar la deuda externa, con ocasión del Jubileo del año 2000, interpreta muy bien el sentir de la mayoría de los pueblos aplastados por el actual tratamiento de la deuda externa.
Es reconocido que las iniciativas de abonar o cancelar la deuda externa no ha llevada a ningún país a desarrollarse ni mucho menos a salir de la pobreza extrema, los ajustes han hecho al rico más rico y al poderoso, más pobre a los pobres generando un empobrecimiento general que alcanza a los estratos de la clase media.
Las estadísticas macroeconómicas aparecen positivas; mientras la vida concreta de la gente se degrada cada día más. Hasta el presente, la orientación de la economía ha sido completamente negativa para mejorar la calidad de vida de las poblaciones y ha agravado la cuestión social que ya se califica como "bomba social". En la práctica la estabilidad macroeconomica se ha convertido en un fin en sí mismo alimentándose de la pobreza, de la injusticia social, de la desesperación y de la rabia de las personas.
Hablar hoy de la "nueva" cuestión social en la región latinoamericana obliga a abordar a fondo el tema de la deuda externa, que es uno de los componentes más pesados de la situación social de la región. Y obliga a encontrar nuevos conceptos, políticas y estrategias para su tratamiento en las perspectivas de facilitar la reactivación económica y enfrentar los gravísimos problemas humanos y sociales que se acumulan sin parar.
El actual tratamiento de la deuda externa por parte de los países e instituciones acreedoras, pone en peligro los procesos de democratización y constituye un flagrante atropello a los más elementales derechos humanos de la gente y el derecho al desarrollo que tienen los pueblos. El llamamiento del Papa Juan Pablo II para condonar la deuda externa, con ocasión del Jubileo del año 2000, interpreta muy bien el sentir de la mayoría de los pueblos aplastados por el actual tratamiento de la deuda externa.
Es reconocido que las iniciativas de abonar o cancelar la deuda externa no ha llevada a ningún país a desarrollarse ni mucho menos a salir de la pobreza extrema, los ajustes han hecho al rico más rico y al poderoso, más pobre a los pobres generando un empobrecimiento general que alcanza a los estratos de la clase media.
Las estadísticas macroeconómicas aparecen positivas; mientras la vida concreta de la gente se degrada cada día más. Hasta el presente, la orientación de la economía ha sido completamente negativa para mejorar la calidad de vida de las poblaciones y ha agravado la cuestión social que ya se califica como "bomba social". En la práctica la estabilidad macroeconomica se ha convertido en un fin en sí mismo alimentándose de la pobreza, de la injusticia social, de la desesperación y de la rabia de las personas.