La Cumbre de Johannesburgo
Con poco ruido y menos nueces, la denominada Cumbre de Johannesburgo sobre Desarrollo Sostenible parece encaminada a sumarse a los magros resultados de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Financiamiento del Desarrollo, que se reunió el pasado mes de marzo en Monterrey, México. Y las razones que en ambos casos han dado al traste con las limitadas expectativas que en su momento despertaron son las mismas: ni los países desarrollados están dispuestos a prestar más ayuda a los países pobres ni éstos tienen los recursos necesarios para hacer las inversiones que se requieren en áreas tan vitales como salud y educación.
El subdesarrollo se mide por los índices de pobreza y de la calidad de vida. En ambos casos, las estadísticas muestran que en los países subdesarrollados la primera aumenta y la segunda empeora progresivamente. ¿Qué hacer para romper esa dramática realidad? Pues habría que tomar medidas que, por lo que parece, seguirán siendo sólo enunciados y declaraciones que no encuentran vías de concreción.
Las estimaciones de todos los expertos y estudiosos concuerdan en que para que pueda darse un salto importante en la lucha para combatir la pobreza, que antes era patrimonio de los llamados Tercer y Cuarto Mundos (terminologías que por cierto ya nadie emplea) pero que ahora también prolifera en el Segundo Mundo, los países desarrollados deben ayudar a los pobres con el equivalente al 0.7% de su producto interno bruto. Las cifras actualizadas de hoy demuestran que esa ayuda apenas si alcanza al 0.2%.
Si a lo anterior se suma que los países pobres arrastran deudas públicas que han copado su capacidad para endeudarse y que su inmensa mayoría a duras penas si puede cumplir con pagos del servicio de la deuda, que con frecuencia excede al 50% de sus ingresos corrientes, resulta, entonces, que estamos en un callejón sin salida, que hay que enfrentar con acciones concretas en vez de meras declaraciones.
222 ...para combatir la pobreza, los países desarrollados deben ayudar a los pobres con el equivalente al 0.7% de su producto interno bruto.
Las medidas que podrían ponerse en práctica son varias y aplicarse en diferentes etapas, comenzando desde luego por las que tendrían efectos a corto plazo. La primera, debe ser aliviar el paso de la deuda de los países pobres. Si los países ricos no están dispuestos a suministrar los recursos adicionales que requieren los más pobres o el proceso para convencerlos de que lo hagan puede prolongarse eternamente, entonces, como alternativa, bien podría llegarse a un acuerdo para condonar y reducir la deuda de los países más pobres y más endeudados. Ello permitiría que recuperen recursos para invertirlos en la atención de necesidades esenciales.
¿Qué impide que una medida como la anterior se implemente? Todavía nadie en los centros del poder político y financiero, ha dado razones coherentes para no hacerlo.
La segunda medida, sería diseñar e implementar un programa de donaciones y préstamos blandos. ¿Qué sentido tendría aumentar el endeudamiento de países que no pueden pagar sus actuales compromisos con préstamos y “ayudas” a las tasas actuales del crédito internacional? Tampoco nadie, en los centros del poder político y financiero ha ofrecido razones para explicar por qué no puede hacerse.
La tercera medida, también necesaria, es que los países ricos abran sus mercados en condiciones justas a los países más pobres y dejen de subsidiar a sus productores. Si ello ocurriera, nuestras exportaciones no reportarían mayores ingresos y aumentaría nuestra capacidad para responder a nuestras necesidades internas.
El subdesarrollo se mide por los índices de pobreza y de la calidad de vida. En ambos casos, las estadísticas muestran que en los países subdesarrollados la primera aumenta y la segunda empeora progresivamente. ¿Qué hacer para romper esa dramática realidad? Pues habría que tomar medidas que, por lo que parece, seguirán siendo sólo enunciados y declaraciones que no encuentran vías de concreción.
Las estimaciones de todos los expertos y estudiosos concuerdan en que para que pueda darse un salto importante en la lucha para combatir la pobreza, que antes era patrimonio de los llamados Tercer y Cuarto Mundos (terminologías que por cierto ya nadie emplea) pero que ahora también prolifera en el Segundo Mundo, los países desarrollados deben ayudar a los pobres con el equivalente al 0.7% de su producto interno bruto. Las cifras actualizadas de hoy demuestran que esa ayuda apenas si alcanza al 0.2%.
Si a lo anterior se suma que los países pobres arrastran deudas públicas que han copado su capacidad para endeudarse y que su inmensa mayoría a duras penas si puede cumplir con pagos del servicio de la deuda, que con frecuencia excede al 50% de sus ingresos corrientes, resulta, entonces, que estamos en un callejón sin salida, que hay que enfrentar con acciones concretas en vez de meras declaraciones.
222 ...para combatir la pobreza, los países desarrollados deben ayudar a los pobres con el equivalente al 0.7% de su producto interno bruto.
Las medidas que podrían ponerse en práctica son varias y aplicarse en diferentes etapas, comenzando desde luego por las que tendrían efectos a corto plazo. La primera, debe ser aliviar el paso de la deuda de los países pobres. Si los países ricos no están dispuestos a suministrar los recursos adicionales que requieren los más pobres o el proceso para convencerlos de que lo hagan puede prolongarse eternamente, entonces, como alternativa, bien podría llegarse a un acuerdo para condonar y reducir la deuda de los países más pobres y más endeudados. Ello permitiría que recuperen recursos para invertirlos en la atención de necesidades esenciales.
¿Qué impide que una medida como la anterior se implemente? Todavía nadie en los centros del poder político y financiero, ha dado razones coherentes para no hacerlo.
La segunda medida, sería diseñar e implementar un programa de donaciones y préstamos blandos. ¿Qué sentido tendría aumentar el endeudamiento de países que no pueden pagar sus actuales compromisos con préstamos y “ayudas” a las tasas actuales del crédito internacional? Tampoco nadie, en los centros del poder político y financiero ha ofrecido razones para explicar por qué no puede hacerse.
La tercera medida, también necesaria, es que los países ricos abran sus mercados en condiciones justas a los países más pobres y dejen de subsidiar a sus productores. Si ello ocurriera, nuestras exportaciones no reportarían mayores ingresos y aumentaría nuestra capacidad para responder a nuestras necesidades internas.