La cumbre de Quebec: Protestas y resultados
Precedida de muchas expectativas en cuanto a sus resultados y también de las amenazas de protestas por parte de grupos radicalizados que rechazan la globalización y la contaminación ambiental de la que son principalmente responsables los países industrializados, se celebró en Quebec la Tercera Cumbre de las Américas.
Las protestas se cumplieron como quedó registrado en los testimonios gráficos de la prensa, que inundaron el mundo y casi opacaron otros aspectos más importantes y sustantivos del tercer encuentro presidencial del hemisferio americano. Sin embargo, aparte del retraso de la ceremonia inaugural, el programa se desarrolló con normalidad y todas las actividades se cumplieron oportunamente.
Como los documentos principales, o sea, la Declaración Política y el Plan de Acción habían sido negociados y acordados en sus versiones finales por los plenipotenciarios que se reunieron en la víspera de la Cumbre, no estaban previstas sorpresas en cuanto a su contenido.
Como estaba también previsto, en Quebec debía ratificarse el compromiso de crear el Area de Libre Comercio de las Américas para el año 2005, y así se hizo. También debía ratificarse el compromiso de consolidar la democracia y el desarrollo sostenible, y así se hizo. Pero, además, hubo algunos valores agregados que merecen una mención especial, y que pueden ayudar a evaluar si este nuevo encuentro tuvo éxito o se quedó atrás de las expectativas.
La presidenta Moscoso, en su intervención ante el plenario de jefes de Estado, aparte de reivindicar la representación de género transitoriamente olvidada durante la sesión inaugural, puso sobre la mesa la pregunta que ronda por todos los rincones de las Américas "¿Qué beneficios producen las cumbres presidenciales para aquellos sectores de nuestros países a los que no llegan los beneficios del progreso? Podrán ésta y las siguientes cumbres traer respuestas concretas a esa realidad y ganarse la confianza de los pueblos?" Y más adelante agregó: "...hemos venido a renovar nuestro compromiso de fortalecer la democracia y trabajar por el desarrollo sostenido de nuestros pueblos, pero esa declaración por sí sola no basta".
Esa interrogante que flota en todo el continente, pero que no es usual que sea formulada por los propios protagonistas de la Cumbre, tuvo también respuesta en Quebec. Se declaró a la vigencia de la democracia representativa condición incluyente o excluyente, según sea el caso, para poder participar en el proceso de las cumbres. Quienes no practiquen la democracia serán marginados de participar. Y como también se ratificó que la democracia y el comercio libre son las condiciones esenciales para el desarrollo, quienes no practiquen la primera, por consecuencia, no podrán acceder a los beneficios del segundo.
Creo que a estas alturas, no existen dudas de que las Américas serán un área de libre comercio en el 2005 o muy poco después, y también creo que ningún Estado de nuestro continente se arriesgará a la exclusión. Pero la pregunta central sigue sin respuesta: Estaremos todos en capacidad de beneficiarnos de esa era de prosperidad que se anunció en Quebec?.
Doy por descontado que la democracia seguirá afianzándose en toda la geografía americana, pero la democracia por sí sola no basta, como recalcara la presidenta Moscoso. Si fuera tan simple, la superación de la pobreza y la marginalidad debieran estar a la vuelta de la esquina. La esencia del problema sigue siendo cómo se compensarán las asimetrías que padecen nuestras economías, especialmente las menos desarrolladas y más vulnerables, para que puedan acceder en condiciones equitativas al área de libre comercio.
De que todos seremos democráticos en el 2005, no me cabe dudas. Pero que todos compartamos equitativamente los beneficios del desarrollo depende de que en el proceso de construcción del ALCA se persiga, con igual decisión, el propósito de compensar las asimetrías de nuestras economías que, de no ser remediadas oportunamente, mantendrán las exclusiones e imposibilitarán el desarrollo compartido y con beneficios para todos.
Lo que sí es cierto, es que las esperanzas ratificadas en la Tercera Cumbre serán puestas a prueba, y con mayor impaciencia, antes de que nuestros jefes de Estado se encuentren nuevamente en su cuarta cita, en Buenos Aires.
Las protestas se cumplieron como quedó registrado en los testimonios gráficos de la prensa, que inundaron el mundo y casi opacaron otros aspectos más importantes y sustantivos del tercer encuentro presidencial del hemisferio americano. Sin embargo, aparte del retraso de la ceremonia inaugural, el programa se desarrolló con normalidad y todas las actividades se cumplieron oportunamente.
Como los documentos principales, o sea, la Declaración Política y el Plan de Acción habían sido negociados y acordados en sus versiones finales por los plenipotenciarios que se reunieron en la víspera de la Cumbre, no estaban previstas sorpresas en cuanto a su contenido.
Como estaba también previsto, en Quebec debía ratificarse el compromiso de crear el Area de Libre Comercio de las Américas para el año 2005, y así se hizo. También debía ratificarse el compromiso de consolidar la democracia y el desarrollo sostenible, y así se hizo. Pero, además, hubo algunos valores agregados que merecen una mención especial, y que pueden ayudar a evaluar si este nuevo encuentro tuvo éxito o se quedó atrás de las expectativas.
La presidenta Moscoso, en su intervención ante el plenario de jefes de Estado, aparte de reivindicar la representación de género transitoriamente olvidada durante la sesión inaugural, puso sobre la mesa la pregunta que ronda por todos los rincones de las Américas "¿Qué beneficios producen las cumbres presidenciales para aquellos sectores de nuestros países a los que no llegan los beneficios del progreso? Podrán ésta y las siguientes cumbres traer respuestas concretas a esa realidad y ganarse la confianza de los pueblos?" Y más adelante agregó: "...hemos venido a renovar nuestro compromiso de fortalecer la democracia y trabajar por el desarrollo sostenido de nuestros pueblos, pero esa declaración por sí sola no basta".
Esa interrogante que flota en todo el continente, pero que no es usual que sea formulada por los propios protagonistas de la Cumbre, tuvo también respuesta en Quebec. Se declaró a la vigencia de la democracia representativa condición incluyente o excluyente, según sea el caso, para poder participar en el proceso de las cumbres. Quienes no practiquen la democracia serán marginados de participar. Y como también se ratificó que la democracia y el comercio libre son las condiciones esenciales para el desarrollo, quienes no practiquen la primera, por consecuencia, no podrán acceder a los beneficios del segundo.
Creo que a estas alturas, no existen dudas de que las Américas serán un área de libre comercio en el 2005 o muy poco después, y también creo que ningún Estado de nuestro continente se arriesgará a la exclusión. Pero la pregunta central sigue sin respuesta: Estaremos todos en capacidad de beneficiarnos de esa era de prosperidad que se anunció en Quebec?.
Doy por descontado que la democracia seguirá afianzándose en toda la geografía americana, pero la democracia por sí sola no basta, como recalcara la presidenta Moscoso. Si fuera tan simple, la superación de la pobreza y la marginalidad debieran estar a la vuelta de la esquina. La esencia del problema sigue siendo cómo se compensarán las asimetrías que padecen nuestras economías, especialmente las menos desarrolladas y más vulnerables, para que puedan acceder en condiciones equitativas al área de libre comercio.
De que todos seremos democráticos en el 2005, no me cabe dudas. Pero que todos compartamos equitativamente los beneficios del desarrollo depende de que en el proceso de construcción del ALCA se persiga, con igual decisión, el propósito de compensar las asimetrías de nuestras economías que, de no ser remediadas oportunamente, mantendrán las exclusiones e imposibilitarán el desarrollo compartido y con beneficios para todos.
Lo que sí es cierto, es que las esperanzas ratificadas en la Tercera Cumbre serán puestas a prueba, y con mayor impaciencia, antes de que nuestros jefes de Estado se encuentren nuevamente en su cuarta cita, en Buenos Aires.