La Cumbre Iberoamericana
Las reuniones oficiales que llevan el nombre de Cumbres, producen en la mente del ciudadano común un efecto de contraste que a veces da margen a confusiones. Panamá participa en varios mecanismos de consulta y concertación que han establecido la práctica de efectuar periódicamente reuniones en la cumbre, a las cuales asisten los jefes de Estado y de Gobierno de los países convocados al efecto.
Desde hace meses el gobierno panameño prepara la Décima Cumbre Iberoamericana, que tendrá lugar dentro de pocos días en la ciudad de Panamá. Hemos visto que el interés que el ciudadano común le otorga a esta próxima reunión se manifiesta en las preocupaciones sobre su costo, sobre su utilidad y sobre el tema central de su convocatoria.
Cuando en 1991, un año antes de la celebración del Quinto Centenario del Descubrimiento de América, se mencionó la idea de realizar en tierra mexicana una Cumbre Iberoamericana, me pareció que era de rigor recordar el "Estudio sobre la Idea de una Liga Americana" redactado y publicado por Justo Arosemena en 1864 con motivo de la celebración del Segundo Congreso Hispanoamericanista de Lima. Don Justo, como lo acotara Ricaurte Soler, emprendió entonces la idea del replanteamiento del hispanoamericanismo bolivariano, enunciando una de las primeras formulaciones de una idea nacional-hispanoamericana compatible con el proyecto nacional panameño. "Enhorabuena -decía- que el conjunto de pueblos a que ligan lazos morales de religión, idiomas, hábitos, vicios y virtudes, se tenga por nacionalidad bajo esos respectos."
Hay componentes de la Cumbre Iberoamericana que merecen explicarse, a fin de no propiciar una interpretación errada. Uno de estos aspectos es el apelativo de "iberoamericana", que se aplica a la reunión que se celebra anualmente y que ha tenido como sede a Guadalajara (México 1991), Madrid (España 1992), Salvador de Bahía (Brasil 1993), Cartagena de Indias (Colombia 1994), San Carlos de Bariloche (Argentina 1995), Santiago y Viña del Mar (Chile 1996), Isla Margarita (Venezuela 1997), Oporto (Portugal 1998) y La Habana (Cuba 1999).
En estas reuniones participan España y Portugal. Ambos países constituyen la Península Ibérica. Pero ésta queda en Europa, y España y Portugal son miembros de la Unión Europea. Forman asimismo parte del grupo regional que en las Naciones Unidas se denomina "Grupo de Europa Occidental y otros Estados", al cual se suman los Estados Unidos con el carácter de Observador, pero que es considerado miembro de dicho grupo para fines electorales. Otros Estados que integran este Grupo son Australia, Canadá, Israel y Nueva Zelandia, países de otras regiones que tienen en común con Europa un desarrollo económico que los clasifica en la jerarquía del primer mundo. Los otros Grupos Regionales, como es sabido, son el Grupo de Estados de Europa Oriental, el Grupo de Estados Africanos, el Grupo de Estados Asiáticos y el Grupo de Estados Latinoamericanos y del Caribe.
En las reuniones de la Cumbre Iberoamericana participan Cuba y República Dominicana, países caribeños de habla española, pero no participa Haití, país caribeño y latino, de habla francesa, como tampoco participan los países del Caribe de habla inglesa, que forman parte de la Mancomunidad Británica de Naciones (The British Commonwealth); pero que a la vez integran la Asociación de Estados del Caribe, de la cual también es miembro Panamá al igual que Haití, Cuba y los demás países de la Cuenca del Caribe. En la Cumbre Iberoamericana participa, por consiguiente, una determinada porción del Grupo Regional Latinoamericano y del Caribe. De esta región, Iberoamérica es el componente mayoritario y representa aproximadamente el 8% de la población mundial. Iberoamérica es parte del mundo en desarrollo, es decir, del Tercer Mundo. Iberoamérica es una extensión y una sustancia que presenta una diversidad cuyas fuentes son aborígenes, hispánicas, lusitanas en el siglo XVI, XVII y XVIII. Africanas, árabes, judías, asiáticas, polinesias, europeas y norteamericanas en los siglos XIX y XX.
El apelativo "iberoamericano" de las Cumbres, cuya décima reunión será celebrada esta semana en Panamá, responde a una realidad de concatenaciones, de implicaciones culturales que tienen una larga raigambre histórica. Otro aspecto cuyo esclarecimiento ayuda a la comprensión de la Cumbre Iberoamericana es el relativo a los resultados. En qué medida estas reuniones influyen en la calidad de vida, a la vez que ayudan a solucionar los problemas de los individuos y las sociedades iberoamericanas. Aunque la respuesta a esta cuestión no puede ser tajante, cabe recordar que en la IX Cumbre celebrada en La Habana en 1999, se acordó crear la Secretaría de Cooperación Iberoamericana (SECIB), con sede en Madrid, a cuyo frente se encuentra el Embajador mexicano Jorge Alberto Lozoya. Esta Secretaría funciona como un mecanismo facilitador y de coordinación para los intercambios entre España y Portugal e Iberoamérica en materias educativas, tecnológicas, ambientales, culturales con miras a la cooperación para el desarrollo sostenible de los países iberoamericanos, tal como se acordó en el "Convenio para la Cooperación en el Marco de la Conferencia Iberoamericana", firmado en la Cumbre de Bariloche en 1995 y que Panamá aprobó mediante la Ley No. 67 de 1996.
Sin interferir con las funciones similares que desarrolla el Sistema de las Naciones Unidas en la X Cumbre, que se celebrará en Panamá, el tema central se titula: "Unidos por la Niñez y la Adolescencia, base de la justicia y la equidad en el Nuevo Milenio". A propósito de este tema, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), ha expresado su satisfacción y sus expectativas.
La Cumbre Iberoamericana y el sistema de las Naciones Unidas son complementarios en un sentido que va más allá de los términos -por muy amplios que sean-, de la cooperación internacional. Son complementarios porque la Cumbre Iberoamericana nació de una voluntad de síntesis. No tuvo ni tiene vocación de ruptura ni de afirmación unilateral, tiene espíritu de continuidad histórica y de integración.
Durante parte del siglo XVIII y del siglo XIX, los países iberoamericanos aspiraron a independizarse de España y de Portugal. Una vez que lo lograron concibieron modelos de desarrollo en los que subyacía la aspiración de "europeizarse", o de "norteamericanizarse". En la Europa Moderna, que miraban como modelo, no estaban incluidas España ni Portugal. A finales del siglo XX y en los albores del siglo XXI, Iberoamérica ha reencontrado razones para afirmar su iberoamericanismo con todo lo que eso significa de voluntad de asociación, de fraternización, de integración con España y con Portugal.
La X Cumbre Iberoamericana será otra oportunidad de mostrar que la vocación integracionista de Panamá, exaltada por Bolívar al convocar el Congreso Anfictiónico, es una fuerza dinámica, que nos permite decir a los españoles, a los portugueses, a los mandatarios de las naciones iberoamericanas: Bienvenidos a Panamá, en función de capital de la Conferencia Iberoamericana, piedra angular del diálogo constructivo al servicio de la cooperación para el desarrollo y del fraternal fortalecimiento de los lazos históricos que unen a nuestros pueblos.
Desde hace meses el gobierno panameño prepara la Décima Cumbre Iberoamericana, que tendrá lugar dentro de pocos días en la ciudad de Panamá. Hemos visto que el interés que el ciudadano común le otorga a esta próxima reunión se manifiesta en las preocupaciones sobre su costo, sobre su utilidad y sobre el tema central de su convocatoria.
Cuando en 1991, un año antes de la celebración del Quinto Centenario del Descubrimiento de América, se mencionó la idea de realizar en tierra mexicana una Cumbre Iberoamericana, me pareció que era de rigor recordar el "Estudio sobre la Idea de una Liga Americana" redactado y publicado por Justo Arosemena en 1864 con motivo de la celebración del Segundo Congreso Hispanoamericanista de Lima. Don Justo, como lo acotara Ricaurte Soler, emprendió entonces la idea del replanteamiento del hispanoamericanismo bolivariano, enunciando una de las primeras formulaciones de una idea nacional-hispanoamericana compatible con el proyecto nacional panameño. "Enhorabuena -decía- que el conjunto de pueblos a que ligan lazos morales de religión, idiomas, hábitos, vicios y virtudes, se tenga por nacionalidad bajo esos respectos."
Hay componentes de la Cumbre Iberoamericana que merecen explicarse, a fin de no propiciar una interpretación errada. Uno de estos aspectos es el apelativo de "iberoamericana", que se aplica a la reunión que se celebra anualmente y que ha tenido como sede a Guadalajara (México 1991), Madrid (España 1992), Salvador de Bahía (Brasil 1993), Cartagena de Indias (Colombia 1994), San Carlos de Bariloche (Argentina 1995), Santiago y Viña del Mar (Chile 1996), Isla Margarita (Venezuela 1997), Oporto (Portugal 1998) y La Habana (Cuba 1999).
En estas reuniones participan España y Portugal. Ambos países constituyen la Península Ibérica. Pero ésta queda en Europa, y España y Portugal son miembros de la Unión Europea. Forman asimismo parte del grupo regional que en las Naciones Unidas se denomina "Grupo de Europa Occidental y otros Estados", al cual se suman los Estados Unidos con el carácter de Observador, pero que es considerado miembro de dicho grupo para fines electorales. Otros Estados que integran este Grupo son Australia, Canadá, Israel y Nueva Zelandia, países de otras regiones que tienen en común con Europa un desarrollo económico que los clasifica en la jerarquía del primer mundo. Los otros Grupos Regionales, como es sabido, son el Grupo de Estados de Europa Oriental, el Grupo de Estados Africanos, el Grupo de Estados Asiáticos y el Grupo de Estados Latinoamericanos y del Caribe.
En las reuniones de la Cumbre Iberoamericana participan Cuba y República Dominicana, países caribeños de habla española, pero no participa Haití, país caribeño y latino, de habla francesa, como tampoco participan los países del Caribe de habla inglesa, que forman parte de la Mancomunidad Británica de Naciones (The British Commonwealth); pero que a la vez integran la Asociación de Estados del Caribe, de la cual también es miembro Panamá al igual que Haití, Cuba y los demás países de la Cuenca del Caribe. En la Cumbre Iberoamericana participa, por consiguiente, una determinada porción del Grupo Regional Latinoamericano y del Caribe. De esta región, Iberoamérica es el componente mayoritario y representa aproximadamente el 8% de la población mundial. Iberoamérica es parte del mundo en desarrollo, es decir, del Tercer Mundo. Iberoamérica es una extensión y una sustancia que presenta una diversidad cuyas fuentes son aborígenes, hispánicas, lusitanas en el siglo XVI, XVII y XVIII. Africanas, árabes, judías, asiáticas, polinesias, europeas y norteamericanas en los siglos XIX y XX.
El apelativo "iberoamericano" de las Cumbres, cuya décima reunión será celebrada esta semana en Panamá, responde a una realidad de concatenaciones, de implicaciones culturales que tienen una larga raigambre histórica. Otro aspecto cuyo esclarecimiento ayuda a la comprensión de la Cumbre Iberoamericana es el relativo a los resultados. En qué medida estas reuniones influyen en la calidad de vida, a la vez que ayudan a solucionar los problemas de los individuos y las sociedades iberoamericanas. Aunque la respuesta a esta cuestión no puede ser tajante, cabe recordar que en la IX Cumbre celebrada en La Habana en 1999, se acordó crear la Secretaría de Cooperación Iberoamericana (SECIB), con sede en Madrid, a cuyo frente se encuentra el Embajador mexicano Jorge Alberto Lozoya. Esta Secretaría funciona como un mecanismo facilitador y de coordinación para los intercambios entre España y Portugal e Iberoamérica en materias educativas, tecnológicas, ambientales, culturales con miras a la cooperación para el desarrollo sostenible de los países iberoamericanos, tal como se acordó en el "Convenio para la Cooperación en el Marco de la Conferencia Iberoamericana", firmado en la Cumbre de Bariloche en 1995 y que Panamá aprobó mediante la Ley No. 67 de 1996.
Sin interferir con las funciones similares que desarrolla el Sistema de las Naciones Unidas en la X Cumbre, que se celebrará en Panamá, el tema central se titula: "Unidos por la Niñez y la Adolescencia, base de la justicia y la equidad en el Nuevo Milenio". A propósito de este tema, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), ha expresado su satisfacción y sus expectativas.
La Cumbre Iberoamericana y el sistema de las Naciones Unidas son complementarios en un sentido que va más allá de los términos -por muy amplios que sean-, de la cooperación internacional. Son complementarios porque la Cumbre Iberoamericana nació de una voluntad de síntesis. No tuvo ni tiene vocación de ruptura ni de afirmación unilateral, tiene espíritu de continuidad histórica y de integración.
Durante parte del siglo XVIII y del siglo XIX, los países iberoamericanos aspiraron a independizarse de España y de Portugal. Una vez que lo lograron concibieron modelos de desarrollo en los que subyacía la aspiración de "europeizarse", o de "norteamericanizarse". En la Europa Moderna, que miraban como modelo, no estaban incluidas España ni Portugal. A finales del siglo XX y en los albores del siglo XXI, Iberoamérica ha reencontrado razones para afirmar su iberoamericanismo con todo lo que eso significa de voluntad de asociación, de fraternización, de integración con España y con Portugal.
La X Cumbre Iberoamericana será otra oportunidad de mostrar que la vocación integracionista de Panamá, exaltada por Bolívar al convocar el Congreso Anfictiónico, es una fuerza dinámica, que nos permite decir a los españoles, a los portugueses, a los mandatarios de las naciones iberoamericanas: Bienvenidos a Panamá, en función de capital de la Conferencia Iberoamericana, piedra angular del diálogo constructivo al servicio de la cooperación para el desarrollo y del fraternal fortalecimiento de los lazos históricos que unen a nuestros pueblos.