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La Declaración de Hawaii y los Derechos Humanos


En Hawaii, 24 años atrás, la Asociación Mundial de Psiquiatría acordó, para los psiquiatras del mundo, las reglas éticas en la preservación de los derechos humanos de los individuos aquejados de trastornos psíquicos. No todos los psiquiatras, a quienes iban dirigidas estas reglas éticas, las han acatado. Más bien, han hecho caso omiso de las mismas. Los psiquiatras hemos sido cuestionados por seleccionar tratamientos que reñían con la ética y moral. Pareciera que hoy están en proceso de ser abolidos. Existen psiquiatras a los que se les ha recriminado y censurado su vinculación con regímenes totalitarios, a los cuales servían en las prácticas de torturas y experimentos. Estas prácticas inhumanas de realizarse no han tenido el eco esperado. El proceso posmodernista de la humanidad cuenta con la tecnología y medios para ahogar aquellas voces que con valentía desenmascaran sus innobles propósitos.
En el centro del huracán de las críticas terapéuticas aún se hallan algunos psiquiatras que sólo indican a sus pacientes tratamientos a través y únicamente mediante sustancias químicas, descartando otras opciones terapéuticas.
La deficiente formación, la ideología del centro formador, su epistemología y los paradigmas que guían sus actos, es la explicación de su actuación.
En la esfera legal, se es testigo de psiquiatras que ordenan la suspensión de medicamentos a internados para sustentar el supuesto de no-existencia de un trastorno psíquico. Declarar imputable a quien no se ha evaluado. Realizar mínimas exploraciones del estado mental, obviamente con un diagnóstico que responde a un interés por condenar más que aportar sus conocimientos al juzgador en aras de la justicia.
Estas son prácticas de países violadores de los derechos humanos, los cuales recurren con toda energía a silenciar, a través de los medios que sean, las voces que denuncian estas formas de barbarie.
Todos los ciudadanos, en pleno goce de libertad o conculcada la misma, nos asiste el derecho de dar el consentimiento para cualquier práctica psiquiátrica, que se quiera realizar, incluyendo aquellas en que pueda estar en peligro la vida de ellos o la de otros. Las reglas éticas dirigidas a los psiquiatras del mundo entero recomendadas por la Asociación Mundial de Psiquiatría, como premisas deontológicas, son:
El fin de la Psiquiatría es contribuir a la salud, a la autonomía personal y al desarrollo del individuo.A cada paciente debe ofrecérse la mejor terapéutica susceptible de serle aplicada, y ser tratado con la atención y respeto debidos por la dignidad humana a la cual tienen derecho todos los seres humanos y al respeto de su autonomía en su vida y en su salud. La relación terapéutica entre el paciente y el psiquiatra está fundada sobre un acuerdo mutuo. Exige confianza, respeto al secreto, la apertura, la cooperación y la responsabilidad mutua. En el caso en que una relación está establecida por otras razones que las terapéuticas, como en psiquiatría forense, la naturaleza de esta relación debe ser explicada a fondo a la persona que la concierne. El psiquiatra debe informar al paciente de la naturaleza de su estado o del diagnóstico sugerido o de los tratamientos posibles, así como de las alternativas posibles. Debe, igualmente, informarle del pronóstico de su padecimiento, etc. Ningún tratamiento debe ser efectuado en contra de la voluntad del propio paciente o con independencia de él. Irracional y antietico es retirarle la medicación prescrita sin su conocimiento y consenso. Tan pronto las condiciones para un tratamiento involuntario impuesto no sean aplicables al paciente, debe salir de él, a menos que no consienta voluntariamente en un tratamiento posterior. El psiquiatra no debe jamás utilizar las posibilidades de su profesión con vistas a maltratar a los individuos o a los grupos y debe ser consciente que sus deseos, sentimientos o prejuicios, no interfieran con el tratamiento. El psiquiatra debe rechazar el cooperar y proceder a acciones contrarias a los principios científicos y éticos de la Psiquiatría. El psiquiatra debe tener la confidencia de mensajes dirigidos por el examinado o de las constataciones que haya podido obtener durante el examen o tratamiento. Salvo que el paciente lo libere del secreto profesional o bien que los valores comunes fundamentales o los intereses superiores del paciente obliguen a la divulgación. El desarrollo y la propagación del saber psiquiátrico reclama la participación interactiva con el paciente. El psiquiatra debe poner fin a todos los programas terapéuticos, didácticos o de investigación que en el curso de su ejecución den muestras de su incompatibilidad con los principios expuestos en esta declaración.
Es un secreto a voces la existencia de psiquiatras en franca connivencia con el "establishment" en las violaciones a los derechos humanos. La lucha que hagamos por nuestros derechos, es apostar por la cultura de los Derechos Humanos.

101 años de Panamá América

 
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