La defensa de la paz
Una y otra vez los panameños hemos visto la necesidad de defender nuestra libertad de expresarnos y a disentir con el poder político en todo lugar. Pero para la mayoría resultó inaceptable los métodos violentos que algunos nos quisieron imponer como forma para lograrlo.
Desde que se iniciaron las protestas contra las reformas a la Ley Orgánica de la Caja de Seguro Social, también se escucharon las voces de los que se rebelaron con las formas que se emplearon en las calles para exponer su desacuerdo y que colocaron al país al borde de una insurrección civil con impensables consecuencias para la libertad y la paz ciudadana. Hombres y mujeres, tanto grandes como humildes, demostraron que era necesario una acción humana adicional en este empeño.
Por eso, tras la sanción de la ley, si bien las clases trabajadoras juzgaron que el gobierno debía emplear el diálogo y la consulta como el único camino para mantener el sistema democrático del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, también amplias mayorías ciudadanas manifestaron su disgusto por la actitud agresiva de algunas protestas y rechazaron la violencia en todas sus formas.
Quedó de manifiesto una verdad fundamental: Tanto los trabajadores como la dirigencia de los educadores debían dar el ejemplo a los estudiantes del país de la necesidad de promover una cultura por la paz desde adentro, es decir, desde las aulas de clases. No hacerlo equivaldría a una actitud suicida del movimiento social para proteger el conjunto de valores democráticos que se pretende enseñar en las escuelas y defender en las calles.