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La defensa de los pobres


LA DEFENSA de los pobres transita por una clara mirada de sus cruentas realidades. Quien no ha padecido o ha vivido las penurias de nuestra pobre gente pobre, jamás podrá insinuar que los comprende o que se encuentra en condiciones de interpretarlos. Ello sólo será posible en la medida en que, desde una profunda meditación espiritual, seguida por una transformación de ideas y de conceptos, pueda condescender a la comprensión del flagelo de la pobreza.
Sin embargo, ya Cristo lo preconizó con aquella trascendental parábola que sigue siendo la regla más preclara para distinguir entre ricos y pobres, el carácter y la personalidad de cada cual: "Es más fácil que entre un camello por el ojo de una aguja que un rico al reino de los cielos". A lo mejor, a muchos ricos no les interesa entrar al reino de los cielos, a otros tal vez sí. Pero hay quienes en el beneplácito de sus riquezas y lo confortable de un hábitat en donde lo material nunca hará falta por la abundancia y porque el señor Don Dinero todo lo puede comprar -menos la vida ni el amor- se olvidan que de todo en esta vida tenemos que rendir cuentas al Creador.
Eso de señalar que ante las reformas fiscales que impulsa el gobierno de Martín Torrijos se trae con carácter inminente la bancarrota del Estado, es una mentira perversa. ¿De quiénes o de dónde ha emanado esta tesis? Simplemente, que de no pocos ricos del país y de aquellos que dando el gran salto de la pobreza a la riqueza -generalmente auxiliados por otros ricos- se han olvidado de su propia gente: abogados, economistas, y otros tipos de profesionales que entronizados en grandes firmas o consorcios empresariales, locales y extranjeros, o de personajes con apellidos de nuestro pueblo que han logrado enquistarse en el poder empresarial y que se convierten tras rara mutación anímica y espiritual en incondicionales servidores a los intereses del capitalismo acumulativo y creciente en la plusvalía.
Por ello, cuando vemos a ciertos personajes de la política nacional -con pretensiones de llegar a gobernar esta nación- señalar que por el efecto "cascada" traspasarán el pago del 2% al pueblo, lo que realmente estamos observando es un rostro del salvaje capitalismo que sólo piensa, cual monstruo insaciable, en ganar y ganar más dinero sin importar siquiera los grandes sectores de la población que se ven diezmados en sus aspiraciones de progreso y de desarrollo social y truncados en toda eventual posibilidad de avance y que el desarrollo humano sostenible tenga realmente un rostro de nuestra gente humilde.
Hoy, cuando el Presidente ha dicho que hay merma en las finanzas públicas; que el erario del Estado presenta un déficit que está en el orden de B/. 750 millones; que los acreedores del Estado reclaman pagos por la suma de 300 millones; que lo referente a la salud, la educación, la pobreza, merece y acredita una atención urgente por parte del Estado; ésos, quienes se dicen amigos del pueblo y que calzan las sandalias del pescador, son los primeros en salir a la palestra pública a despotricar contra el buen intento y querer del gobierno del presidente Torrijos en heredarle a los panameños, incluidos los empresarios, un mejor país, en donde todos sintamos que formamos parte de un plan o de una estrategia nacional para el desarrollo.
Ya han salido, igualmente, a amenazar que reducirán las planillas de sus trabajadores; que reducirán sus inversiones y que sabrán qué hacer, si siguen o cierran los negocios. Ese siempre ha sido el discurso de los empresarios todopoderosos que quieren sustraer al Estado de su misión o función tuteladora de los derechos e intereses de toda la sociedad. Son ellos mismos, la clase empresarial, que se revuelca en la angustia o en la ansiedad en considerar que hay un presidente que se atreve a pensar en este país, en los grandes sectores marginados del desarrollo social y, ahora, andan amenazando al pueblo de lo que son capaces de hacer. Pero el pueblo no es tonto, sabe cómo han amasado sus grandes y cuantiosas fortunas. Todo ha sido a costillas del pueblo. De la propia pobreza de nuestra gente han sacado los millones de los cuales se jactan haber "ganado con mucho esfuerzo" y hay quienes hasta los aplauden. ¡Vaya manera de comprender la estratificación social en Panamá y el movimiento de nuestra economía de mercado! ¡Qué forma tan simplista de comprender el fenómeno y olvidar la esencia de nuestra crisis! Amorfismo y fraccionamiento de la sociedad civil son las dos condiciones que permiten a estos monos gordos de la economía gritar, arrogantemente, como lo han hecho en los últimos días e, inclusive, llegar a las ofensas denigrantes respecto al mandatario Torrijos, como es el caso de llegar a sostener que las reformas implican una "ñamura".
El pueblo sabe que no está siendo tocado ni golpeado. Que Torrijos sí ha pensado en el pueblo que lo eligió, democráticamente y en pleno consenso social, para gobernar con equidad y buen juicio. Eso se halla inserto en el programa de reformas: que paguen impuestos, en mayor proporción, los que más ganan, los que más pueden. No podemos condescender con el discurso falsario -al estilo de Kart Popper- de la clase empresarial que se encuentra golpeada, según ella, porque el gobierno aspira a que contribuyan con el fisco en un 2% de las ganancias brutas; sin embargo, lo que no le dicen al pueblo estos señores empresarios es que, anualmente, sólo tributan en el orden de 150 millones entre tanto que reciben exoneraciones del Estado por un monto que está por encima de B/. 200 millones.
La justicia social impone equidad y solidaridad con las reformas fiscales y demanda que el pueblo las apoye porque son convenientes para el desarrollo del país. Una observación señor empresario: Chávez no tiene nada que ver con nuestras reformas fiscales. Elevemos el debate.
(ver ilustración en la portada del diario impreso)

101 años de Panamá América

 
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