La defensoría como fuerza ética
YA ESTÁN abiertas las inscripciones para la elección del próximo Defensor o Defensora del Pueblo. En el 2001 fui candidato a esa posición y posterior a la elección y en conjunto con Ulises Pittí, escribimos nuestras reflexiones en forma de carta abierta. Hoy, reproduzco algunos fragmentos con el ánimo constructivo que sirva para mejorar el proceso de selección de tan importante figura:
Los países que cuentan con la Defensoría del Pueblo (DP) funcionando de acuerdo a sus nobles objetivos, demuestran que están avanzando notablemente en su madurez democrática.
La DP es un poder público sin capacidad coactiva, cuya fuerza fundamental es ética, pues cuenta solo con la autoridad moral que abre cauces institucionales para la promoción y defensa de los derechos humanos, y para que la propia ciudadanía defienda sus derechos. Por ello la DP debe poseer la legitimidad y la credibilidad para desarrollar eficazmente su importante labor. Si la DP es escogida de manera tal, que presuponga inclinaciones partidistas, y es manejada por intereses creados se pierde en el camino la única arma de que dispone ésta institución: la autoridad moral.
Cuando en septiembre del año pasado se hizo pública la convocatoria a la elección de la DP, la Comisión de Derechos Humanos de la Asamblea Legislativa ofreció garantías públicas de que el proceso se realizaría en base a méritos y trayectorias. A pesar de que desde entonces se comentaba el peso del pacto META en la designación del nuevo funcionario, la Comisión subrayó y enfatizó públicamente que esa no sería la tónica, por lo que más de 60 personas se interesaron y finalmente 48 postulantes idóneos y calificados fueron aceptados luego de cerrarse el período de postulaciones presentándose luego a entrevistas con la Comisión. Incluso, se llegó a afirmar en dichas entrevistas por parte de miembros de la Comisión a los postulantes que la votación final en la Asamblea sería secreta.
La presencia de un número plural de personas preparadas y capacitadas aspirando al cargo, fue una señal inequívoca de la credibilidad de la Asamblea Legislativa en relación a la elección de la DP. Muchos creyeron que por las características de la figura del Defensor(a) del Pueblo, la decisión de la Asamblea Legislativa se iba a basar en una visión de Estado, anteponiéndose a los intereses específicos de facciones, partidos o grupos. Lamentablemente no fue así. Paulatinamente el discurso inicial de objetividad fue cambiando por otro, el de la polarización. Los debates que al principio hablaban de la misión o función de la DP se convirtieron en un discurso descarnado sólo referido a cuotas de poder, espacios políticos y sin ningún sentido ético.
Es necesario afirmar que en todo momento defendimos la institucionalidad del proceso de elección y de la DP, y respetamos en nuestras opiniones a todos los integrantes de la Asamblea Legislativa y a los partidos políticos, pero esto no fue recíproco, pues además de lo anteriormente señalado fuimos irrespetados nosotros, familiares y amigos al ser convocados a las instalaciones legislativas el martes 13 de marzo 2001 a la una y medía de la tarde, y mientras esperábamos presentarnos al pleno desde las cuatro de la tarde hasta casi las siete de la noche -lo que nunca ocurrió- enterarnos por los periodistas que el Pacto Meta había anunciado horas antes oficialmente a su elegido.
A los siete finalistas no se les permitió presentarse la pleno, es decir se escogió un nuevo Defensor sin que el pleno de la Asamblea ni la ciudadanía escucharan los planteamientos de los aspirantes. En la elección, el nuevo funcionario de la DP fue electo por la plancha mayoritaria de un solo sector, con la abstención total de la bancada oficialistas lo que hace al nuevo funcionario rehén de los intereses de solo un sector. En momentos en que se habla de una democracia más participativa, retrocedimos hacia formas más verticalistas en lugar de superarlas y avanzar.
Hasta ahora la falta de programas de promoción, educación y de propuesta descentralizadoras de la Defensoría del Pueblo; sumado al hermetismo y politización del actual proceso de elección, enfriaron el entusiasmo de la sociedad civil panameña, la que a pesar de honrarnos con muchos apoyos, no se involucró ni presionó directamente por el respeto a la institucionalidad de la DP. Esto contribuyó al deplorable desenlace de los acontecimientos. Además, la forma de elección y la lamentable actuación de varios legisladores y legisladoras en la prolongada sesión nocturna, dejan como producto una Defensoría del Pueblo astillada, cuestionada y de baja credibilidad lo que afectará la importante labor que debe realizar a favor de los derechos humanos.
Perdimos todos y todas como sociedad panameña. Pero sobre todo perdieron los que "ganaron". Lo avanzado en mejoramiento y transformación se perdió, y la imagen y discurso ético en la Asamblea Legislativa quedó desdibujado por los hechos. Se lesionó mortalmente a una entidad que debe ser la conciencia ética de este pueblo, debilitada por su baja credibilidad y la ciudadanía, por ello, es afectada en su capacidad de impulsar la protección y promoción de sus derechos ante la misma.
Por todo eso, es necesario luchar por una nueva cultura política y una mayor conciencia ciudadana en nuestro país.
(raulleisr@hotmail.com)
Los países que cuentan con la Defensoría del Pueblo (DP) funcionando de acuerdo a sus nobles objetivos, demuestran que están avanzando notablemente en su madurez democrática.
La DP es un poder público sin capacidad coactiva, cuya fuerza fundamental es ética, pues cuenta solo con la autoridad moral que abre cauces institucionales para la promoción y defensa de los derechos humanos, y para que la propia ciudadanía defienda sus derechos. Por ello la DP debe poseer la legitimidad y la credibilidad para desarrollar eficazmente su importante labor. Si la DP es escogida de manera tal, que presuponga inclinaciones partidistas, y es manejada por intereses creados se pierde en el camino la única arma de que dispone ésta institución: la autoridad moral.
Cuando en septiembre del año pasado se hizo pública la convocatoria a la elección de la DP, la Comisión de Derechos Humanos de la Asamblea Legislativa ofreció garantías públicas de que el proceso se realizaría en base a méritos y trayectorias. A pesar de que desde entonces se comentaba el peso del pacto META en la designación del nuevo funcionario, la Comisión subrayó y enfatizó públicamente que esa no sería la tónica, por lo que más de 60 personas se interesaron y finalmente 48 postulantes idóneos y calificados fueron aceptados luego de cerrarse el período de postulaciones presentándose luego a entrevistas con la Comisión. Incluso, se llegó a afirmar en dichas entrevistas por parte de miembros de la Comisión a los postulantes que la votación final en la Asamblea sería secreta.
La presencia de un número plural de personas preparadas y capacitadas aspirando al cargo, fue una señal inequívoca de la credibilidad de la Asamblea Legislativa en relación a la elección de la DP. Muchos creyeron que por las características de la figura del Defensor(a) del Pueblo, la decisión de la Asamblea Legislativa se iba a basar en una visión de Estado, anteponiéndose a los intereses específicos de facciones, partidos o grupos. Lamentablemente no fue así. Paulatinamente el discurso inicial de objetividad fue cambiando por otro, el de la polarización. Los debates que al principio hablaban de la misión o función de la DP se convirtieron en un discurso descarnado sólo referido a cuotas de poder, espacios políticos y sin ningún sentido ético.
Es necesario afirmar que en todo momento defendimos la institucionalidad del proceso de elección y de la DP, y respetamos en nuestras opiniones a todos los integrantes de la Asamblea Legislativa y a los partidos políticos, pero esto no fue recíproco, pues además de lo anteriormente señalado fuimos irrespetados nosotros, familiares y amigos al ser convocados a las instalaciones legislativas el martes 13 de marzo 2001 a la una y medía de la tarde, y mientras esperábamos presentarnos al pleno desde las cuatro de la tarde hasta casi las siete de la noche -lo que nunca ocurrió- enterarnos por los periodistas que el Pacto Meta había anunciado horas antes oficialmente a su elegido.
A los siete finalistas no se les permitió presentarse la pleno, es decir se escogió un nuevo Defensor sin que el pleno de la Asamblea ni la ciudadanía escucharan los planteamientos de los aspirantes. En la elección, el nuevo funcionario de la DP fue electo por la plancha mayoritaria de un solo sector, con la abstención total de la bancada oficialistas lo que hace al nuevo funcionario rehén de los intereses de solo un sector. En momentos en que se habla de una democracia más participativa, retrocedimos hacia formas más verticalistas en lugar de superarlas y avanzar.
Hasta ahora la falta de programas de promoción, educación y de propuesta descentralizadoras de la Defensoría del Pueblo; sumado al hermetismo y politización del actual proceso de elección, enfriaron el entusiasmo de la sociedad civil panameña, la que a pesar de honrarnos con muchos apoyos, no se involucró ni presionó directamente por el respeto a la institucionalidad de la DP. Esto contribuyó al deplorable desenlace de los acontecimientos. Además, la forma de elección y la lamentable actuación de varios legisladores y legisladoras en la prolongada sesión nocturna, dejan como producto una Defensoría del Pueblo astillada, cuestionada y de baja credibilidad lo que afectará la importante labor que debe realizar a favor de los derechos humanos.
Perdimos todos y todas como sociedad panameña. Pero sobre todo perdieron los que "ganaron". Lo avanzado en mejoramiento y transformación se perdió, y la imagen y discurso ético en la Asamblea Legislativa quedó desdibujado por los hechos. Se lesionó mortalmente a una entidad que debe ser la conciencia ética de este pueblo, debilitada por su baja credibilidad y la ciudadanía, por ello, es afectada en su capacidad de impulsar la protección y promoción de sus derechos ante la misma.
Por todo eso, es necesario luchar por una nueva cultura política y una mayor conciencia ciudadana en nuestro país.
(raulleisr@hotmail.com)