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La deforestación continúa en Centroamérica y Panamá


Las actividades del hombre continúan consumiendo los recursos naturales existentes a ritmo frenético. Fenómenos como El Niño simplemente agravan los efectos de dichas actividades sobre el medio ambiente. La devastación de las principales reservas forestales en Panamá, Honduras y Nicaragua son tan sólo una muestra más de la irresponsabilidad de sus ciudadanos, tanto en funciones privadas como públicas.
Todos los años, los industriales, agricultores y campesinos panameños destruyen miles de hectáreas de bosques primarios y secundarios. Lo hacen principalmente durante la estación seca con fuego, un arma cuya capacidad de destrucción descontrolada e indiscriminada en ocasiones regresa para morder la mano de quien lo causó. Aunque unos lo hacen para lucrar y otros para sobrevivir, el daño causado es el mismo, ya que tomará generaciones para la recuperación de estos bosques, si es que el daño no se torna irreversible.
Los funcionarios competentes del gobierno nacional incumplen con sus atribuciones y responsabilidades al permitir que esta actividad continúe sin un control efectivo. Multas como la impuesta en abril a una empresa por abrir una carretera y destruir más de 4,000 hectáreas son desafortunadamente ineficaces, simbólicas y excepcionales. Se estima que hasta la fecha este año se han perdido en Panamá unas 20,000 hectáreas de bosques.
Desafortunadamente la situación en la región no es muy diferente. Las reservas forestales en Mosquitia de Honduras y Bosawa en Nicaragua, las más importantes del istmo centroamericano, también están amenazadas por las actividades del hombre.
Miles de exguerrilleros Contra en Nicaragua han invadido reservas forestales en el norte del país para llevar a cabo actividades agrícolas. Una empresa maderera coreana ha sido acusada de destruir bosques vírgenes y de abrir una carretera en la reserva de Bosawa. En fin, estas actividades, agravadas por los extremos climatológicos causados por El Niño, han causado fuegos que han alcanzado hasta 50 kilómetros de ancho.
En Honduras, donde en realidad no existen controles reales para la tala de árboles para propósitos comerciales, los indígenas de Mosquitia se han unido a la batalla contra la deforestación porque miles de personas extrañas están ocupando áreas de reserva forestal y hasta han llegado a matar a los indígenas que se oponen. En la capital, las reservas de agua se han secado y más de dos tercios de sus bosques han sido destruidos.
El hombre no parece comprender que su irresponsabilidad de hoy podrá brindarle sostén a corto plazo; pero a largo plazo, el daño causado al medio ambiente lo condenará a una existencia miserable en un planeta desértico. Como bien lo dijo La Prensa de Nicaragua, de continuar estas actividades de deforestación y destrucción, nos quedaremos sin flora, fauna o comida.

101 años de Panamá América

 
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