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La degradación de lo jurídico


La lucha del constitucionalismo contra el ejercicio irracional del poder, es también la lucha de la democracia contra la autocracia. Es la lucha por el Estado de Derecho contra la degradación de lo jurídico, contra el control de la dignidad humana.

Cabe entonces destacar, de inmediato, la urgencia ciudadana de promover el constitucionalismo, mecanismo básico para el control permanente y la racionalización del ejercicio del poder.

De nuestros días, cuando hablamos de Estado de Derecho, tenemos que ser claros en precisar que se trata para nuestro siglo, del Estado Constitucional, “cuyo fundamento es doble: la soberanía del pueblo y la dignidad humana”.

La Constitución entonces, no puede convertirse en un medio para legitimar la concentración del poder. Caminaría en sentido contrario al constitucionalismo y lejos de racionalizar el ejercicio del poder hace aun más arbitrario su ejercicio.

La degradación de lo jurídico, es uno de los principales comportamientos de la autocracia y del cesarismo, que se manifiesta a través de su permanente proclividad de confundir lo jurídico con lo político y viceversa. Por lo general, se recarga lo jurídico de conceptos ajenos a su dominio y proyecciones, para someterlo así a una sumisión al poder político que lo va degradando para impedirle que sirva de instrumento de control, de limitación, de vigilancia del poder.

Se descarta la posibilidad de darle vigencia a un verdadero orden jurídico constitucional, a través de la aplicación de “soluciones políticas” ajenas a la Constitución y al Estado Constitucional para posponer la vigencia y actualización del mismo, para divorciarse olímpicamente de la legitimidad, envueltos en una capa de legalidad que le brindan los “razonamientos jurídicos" de un Órgano Judicial bajo control.

Interviene la degradación de lo jurídico, desde el momento en que el Derecho pierde su generalidad y se le va otorgando a cada grupo una ley particular que sirve de elemento desintegrador, acompañada por lo general de privilegios o prebendas. Es la feudalización así el poder público, la atomización de la sociedad. De igual manera, el afán cotidiano de borrar las diferencias entre las distintas normas y jurisdicciones, al punto que los reglamentos desbordan la Ley y, esta, desborda la Constitución, la cual a su vez, es desbordada por el poder del yo supremo.

Como bien describe Sáchica: “Lo jurídico degenera en tramitología, en cartabón, en rutina burocrática, en formalidades, en solemnidades, en requisitos, en requerimientos, en licencias, en permisos, en autorizaciones, sin que se pueda dar un paso que no requiera su formalización jurídica so pena de quedar al margen de la ley, como un pirata que se mueve por los bordes de la normatividad. De este modo, la ciencia jurídica se ha degradado a simple oficio, operativo, recursivo, vaciándose de su contenido moral y de su sustancia jurídica. Saber derecho hoy es conocer y practicar procedimientos, lejos de toda conceptualización…”

La degradación jurídica es, hoy por hoy, el terreno favorito del autoritarismo y del cesarismo de nuevo cuño. La interminable pérdida de credibilidad en la eficacia de las leyes y los jueces, magistrados y tribunales, es solo un detalle.

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