La "demidemocracia latinoamericana"
Cuando las palabras categóricas y fundamentales van perdiendo su sentido originario y terminan entrando en el terreno del dialecto surrealista, podemos ver y esperar cualquier cosa. Desde hace años, hemos ido entrando irreversiblemente en el reino del "Glorious Nonsense" semántico, gracias al reiterado divorcio entre el discurso electorero y la praxis política concreta, entre el necesario sentido común que reclama nuestra crisis y la horrible verdad cotidiana que nos toca vivir.
Cuando vemos la coexistencia impúdica de esta socorrida y cada vez más desdibujada democracia nuestra (puramente formalista y que ampara tantas bandideces) con un cuadro delicadísimo de miseria (malamente maquillada bajo eufemismos idiotas como eso de llamarla "pobreza extrema"), de exclusión social y de creciente desigualdad, no sabemos qué hacer ni qué decirle a aquellos que ya están cada vez más hartos de los engaños gubernamentales y de la cómoda tartufería de los organismos internacionales. Para quienes cada vez más, se dejan tentar por caminos antidemocráticos, por alternativas mesiánicas y que, eventualmente, podrán ser seducidos por la violencia y la irracionalidad, llevados allí de la mano de la desesperación y el desencanto.
Un régimen basado en libertades retóricas (y en una discriminación social y económica injusta e impúdica), irreversiblemente desacreditado y rehén de la partidocracia, va agotando la fe ciudadana en las maltrechas, denigradas y cada vez más ineficientes instituciones. Todo ello termina viciando el sentido básico de fe en la democracia misma. Y es para allá adonde parecieran estarnos llevando esos protervos políticos, ciertos malsanos grupos de interés y toda clase de aventureros irresponsables. Las componendas se llaman ahora "gobernabilidad", y la misma es entendida como la resignación colectiva ante los abusos de políticastros, de maleantes de cuello blanco y de trasnacionales. Del otro lado, los ciudadanos avasallados, impotentes ante el cínico fatalismo neoliberal y su versión antidemocrática de democracia (figura que los gringos llaman "oxymoron"). Engendro que nos han impuesto desde afuera, ya que el neoliberalismo es la verdadera y única ideología foránea, exótica y realmente tóxica que nos ha infectado en los últimos años. Proceso aplaudido y empujado desde adentro, por una gavilla local de arteros fundamentalistas de mercado y de mercenarios intelectuales de extrema derecha, miembros de oscuras cofradías de poder o sencillamente, por locos megalómanos, adictos al robo y a la piromanía social.
En medio de esto, días atrás se hizo la presentación del curioso informe del PNUD "La Democracia en América Latina", estudio prospectivo dirigido por Dante Caputo, ex canciller argentino del malhadado gobierno de Alfonsín. Una leída a fondo de su resumen ejecutivo (lo único accesible, por el momento) nos ha provocado un dejo entre amargo y agrio en la boca del estómago. Algo así como un rictus sardónico, en la comisura entre el juicio y la paciencia.
Este sentido de rabia y de desazón, pareciera ser un resultado generalizado que despierta dicho informe. Según el diario mexicano "La Jornada", el pasado 4 de agosto se presentó y comentó dicho estudio en la UNAM, en la Ciudad de México. Entre varios oradores, el intelectual mexicano Carlos Monsiváis certeramente apuntó que la democracia de la que habla dicho informe no es más que un esperpento formal, un cascarón vaciado de sentido. Dice que: "lo que no aparece (en este informe) es la participación democrática real, sino el juego de sombras donde el que paga obedece y el que cobra se las arregla para transformar la obediencia en exigencia cada vez mayor de dominio...". En la misma sesión, el Rector de la UNAM, Dr. Juan Ramón De la Fuente, señaló sesudamente que: "...en ninguna otra parte del mundo ha habido en forma simultánea tanta democracia (formal), tanta desigualdad y tanta pobreza como en América Latina: Se aplicaron las recetas, pero no hubo crecimiento, y cuando se dio, no hubo distribución...", y que "...no hay competitividad con exclusión social ni crecimiento sin cohesión social y, en consecuencia, lo alcanzado no está asegurado. Se avanzó en la democracia electoral, pero no hemos pasado a la democracia ciudadana...". Al igual que Monsiváis, lanzó severas críticas adicionales a este trabajo, que muchos llaman "otra cortina de humo" de los predicadores globales del conformismo.
Este "informe" se dedica a medir una serie de índices que pecan de superficialidad, trivialidad o pusilanimidad, porque en ningún caso se atreven a mencionar las causas últimas de nuestra degradación como sociedades: la naturaleza podrida de un status quo sustentado en la injusticia social. De ella se deriva todo lo demás: la pauperización de los ciudadanos, la corrupción generalizada de jueces y políticos, la ilegalidad y la anarquía rampante, el abuso autoritario, la negación efectiva de derechos consagrados inútilmente en montañas de papel, en fin. Acaso lo más curioso que se desprende de este texto es su mensaje final: el alarmante hecho de que, aquellos que preferirían una forma de gobierno totalitaria, autoritaria, no-democrática, a cambio de "efectividad" en la gestión de los gobiernos, son supuestamente cada vez más en Latinoamérica.
¿No será este, acaso, el fin último de toda esta trama perpetrada por gobiernos pseudo-democráticos, por esas camarillas de poder embebidas en la corrupción y en la dejadez, mientras su pueblos se empobrecen cada vez más y están al borde del colapso generalizado o de caer en la tentación totalitaria, sea del signo que sea? Y...¿qué es lo que nos recetarían como ejemplo de gobernantes "efectivos", si ganasen terreno nuevamente los autoritarismos? ¿A dictadores como Pinochet o a tiranuelos corruptos como Menem o Fujimori? ¿Otras versiones, corregidas y aumentadas, del mismo engendro? Todo esto tiene un dejo inevitable a burla mal intencionada y se parece demasiado a una odiosa y peligrosa tomadura de pelo más. Como dice el poeta norteamericano Lawrence Ferlinguetti, esta versión de "Demidemocracia" quizás sea una caricatura (triste y patética), una auténtica pero peligrosísima bufonada que no causa risa. Una caja negra haciendo "tic-tac", a la espera de su momento justo para reventarnos a todos en la cara.
Cuando vemos la coexistencia impúdica de esta socorrida y cada vez más desdibujada democracia nuestra (puramente formalista y que ampara tantas bandideces) con un cuadro delicadísimo de miseria (malamente maquillada bajo eufemismos idiotas como eso de llamarla "pobreza extrema"), de exclusión social y de creciente desigualdad, no sabemos qué hacer ni qué decirle a aquellos que ya están cada vez más hartos de los engaños gubernamentales y de la cómoda tartufería de los organismos internacionales. Para quienes cada vez más, se dejan tentar por caminos antidemocráticos, por alternativas mesiánicas y que, eventualmente, podrán ser seducidos por la violencia y la irracionalidad, llevados allí de la mano de la desesperación y el desencanto.
Un régimen basado en libertades retóricas (y en una discriminación social y económica injusta e impúdica), irreversiblemente desacreditado y rehén de la partidocracia, va agotando la fe ciudadana en las maltrechas, denigradas y cada vez más ineficientes instituciones. Todo ello termina viciando el sentido básico de fe en la democracia misma. Y es para allá adonde parecieran estarnos llevando esos protervos políticos, ciertos malsanos grupos de interés y toda clase de aventureros irresponsables. Las componendas se llaman ahora "gobernabilidad", y la misma es entendida como la resignación colectiva ante los abusos de políticastros, de maleantes de cuello blanco y de trasnacionales. Del otro lado, los ciudadanos avasallados, impotentes ante el cínico fatalismo neoliberal y su versión antidemocrática de democracia (figura que los gringos llaman "oxymoron"). Engendro que nos han impuesto desde afuera, ya que el neoliberalismo es la verdadera y única ideología foránea, exótica y realmente tóxica que nos ha infectado en los últimos años. Proceso aplaudido y empujado desde adentro, por una gavilla local de arteros fundamentalistas de mercado y de mercenarios intelectuales de extrema derecha, miembros de oscuras cofradías de poder o sencillamente, por locos megalómanos, adictos al robo y a la piromanía social.
En medio de esto, días atrás se hizo la presentación del curioso informe del PNUD "La Democracia en América Latina", estudio prospectivo dirigido por Dante Caputo, ex canciller argentino del malhadado gobierno de Alfonsín. Una leída a fondo de su resumen ejecutivo (lo único accesible, por el momento) nos ha provocado un dejo entre amargo y agrio en la boca del estómago. Algo así como un rictus sardónico, en la comisura entre el juicio y la paciencia.
Este sentido de rabia y de desazón, pareciera ser un resultado generalizado que despierta dicho informe. Según el diario mexicano "La Jornada", el pasado 4 de agosto se presentó y comentó dicho estudio en la UNAM, en la Ciudad de México. Entre varios oradores, el intelectual mexicano Carlos Monsiváis certeramente apuntó que la democracia de la que habla dicho informe no es más que un esperpento formal, un cascarón vaciado de sentido. Dice que: "lo que no aparece (en este informe) es la participación democrática real, sino el juego de sombras donde el que paga obedece y el que cobra se las arregla para transformar la obediencia en exigencia cada vez mayor de dominio...". En la misma sesión, el Rector de la UNAM, Dr. Juan Ramón De la Fuente, señaló sesudamente que: "...en ninguna otra parte del mundo ha habido en forma simultánea tanta democracia (formal), tanta desigualdad y tanta pobreza como en América Latina: Se aplicaron las recetas, pero no hubo crecimiento, y cuando se dio, no hubo distribución...", y que "...no hay competitividad con exclusión social ni crecimiento sin cohesión social y, en consecuencia, lo alcanzado no está asegurado. Se avanzó en la democracia electoral, pero no hemos pasado a la democracia ciudadana...". Al igual que Monsiváis, lanzó severas críticas adicionales a este trabajo, que muchos llaman "otra cortina de humo" de los predicadores globales del conformismo.
Este "informe" se dedica a medir una serie de índices que pecan de superficialidad, trivialidad o pusilanimidad, porque en ningún caso se atreven a mencionar las causas últimas de nuestra degradación como sociedades: la naturaleza podrida de un status quo sustentado en la injusticia social. De ella se deriva todo lo demás: la pauperización de los ciudadanos, la corrupción generalizada de jueces y políticos, la ilegalidad y la anarquía rampante, el abuso autoritario, la negación efectiva de derechos consagrados inútilmente en montañas de papel, en fin. Acaso lo más curioso que se desprende de este texto es su mensaje final: el alarmante hecho de que, aquellos que preferirían una forma de gobierno totalitaria, autoritaria, no-democrática, a cambio de "efectividad" en la gestión de los gobiernos, son supuestamente cada vez más en Latinoamérica.
¿No será este, acaso, el fin último de toda esta trama perpetrada por gobiernos pseudo-democráticos, por esas camarillas de poder embebidas en la corrupción y en la dejadez, mientras su pueblos se empobrecen cada vez más y están al borde del colapso generalizado o de caer en la tentación totalitaria, sea del signo que sea? Y...¿qué es lo que nos recetarían como ejemplo de gobernantes "efectivos", si ganasen terreno nuevamente los autoritarismos? ¿A dictadores como Pinochet o a tiranuelos corruptos como Menem o Fujimori? ¿Otras versiones, corregidas y aumentadas, del mismo engendro? Todo esto tiene un dejo inevitable a burla mal intencionada y se parece demasiado a una odiosa y peligrosa tomadura de pelo más. Como dice el poeta norteamericano Lawrence Ferlinguetti, esta versión de "Demidemocracia" quizás sea una caricatura (triste y patética), una auténtica pero peligrosísima bufonada que no causa risa. Una caja negra haciendo "tic-tac", a la espera de su momento justo para reventarnos a todos en la cara.