La democracia panameña: realidad post electoral y perspectivas
En una ocasión, a las elecciones del dos de mayo, señalé que las contradicciones internas que se estaban produciendo al interior del Movimiento Liberal Revolucionario Nacionalista, que tenía como protagonista al Dr. Arturo Vallarino y al empresario Guillermo Ford reflejaba el viejo pugilato, siempre presente en nuestra historia política de los últimos setenta años, entre las capas medidas, por un lado y por el otro, los intereses de sectores económicos de ideología oligárquica. La solución del conflicto arriba mencionado, en medida importante, fortaleció la alianza política que apoyaba a la candidata Mireya Moscoso, ya que le permitió organizar una base de sustentación nacional, que articulaba la ciudad con el campo. Es importante señalar que el Partido Arnulfista tiene un extraordinario arraigo en los sectores rurales y campesinos del país. En ese sentido, y guardando las proporciones de épocas y circunstancias, el nuevo gobierno se hace del poder político con una base de sustentación social similar a la que llevara al Dr. Belisario Porras al poder político, lo mismo que al Dr. Arnulfo Arias en la década de 1940. Es dentro de este contexto, que la alianza vencedora, reveló un grado importante de coherencia. La Sra. Mireya Moscoso, siempre tuvo claridad de quiénes eran sus interlocutores y en este aspecto su discurso, repito, revelaba coherencia.
En el caso de la alianza que presidió Martín Torrijos Espino, la situación se le presentó mucho más complicada. Trató de recomponer la alianza social que años atrás había llevado al poder al Dr. Ernesto Pérez Balladares y que articulaba importantes fuerzas y sectores populares y patrióticas. Le fue imposible rehacer lo que el presidente había desandado.
Tuvo que cargar con una pesada rémora de un pasado inmediato neoliberal.
Pasadas las elecciones, el panorama político panameño se torna un tanto complejo. A la nueva mandataria se le plantean serios retos y dilemas. Históricamente algunos partidos o fuerzas políticas, que ascendieron al poder, teniendo como base de sustentación social a sectores emergentes y subalternos de la sociedad, desde el poder han tendido a alejarse de sus posiciones originarias y han evolucionado hacia posiciones que distan de un centro social demócrata o populista. Tanto el llamado arnulfismo como el torrijismo, han experimentado cambios de esta naturaleza. Las presiones vendrán, en tanto, que el poder económico tratara de recomponer su hegemonía al interior del Estado, ya sea, a través del mismo Ejecutivo o del Parlamento. En uno u otro caso, los conflictos políticos pudieran estar a la vista. Las soluciones políticas dependerán en fuerte medida de los niveles de la legitimidad social, que tanto el Ejecutivo como la Asamblea puedan acumular. Dicho de otra manera, el movimiento popular se constituirá en un factor deliberativo. Como podemos observar, el equilibrio social y democrático, penderá de una delgada soga.
El estallido mediato, de una crisis política, dependerá mucho de la madurez política de nuestros parlamentarios y del gobierno. Existe una amplia zona o espacio para sellar una especie de "Pacto Histórico de Concertación Nacional". La unidad nacional no puede ser una frase hueca y sin contenido. El Pacto Nacional Histórico deberá ser programático, con una agenda determinada y clara. Temas como el Canal, revisión integral de la Constitución para renovar la institucionalidad jurídico-política, con ella la democracia y los correlatos estado-sociedad civil, la educación y la solución de los problemas sociales que afectan a las grandes mayorías nacionales, deberán ser materia de esa agenda programática nacional. El Pacto Nacional no se puede reducir a nombramientos en la esfera administrativa y tampoco dejar lo supeditado a la espontaneidad o buena fe de sus interlocutores
En el caso de la alianza que presidió Martín Torrijos Espino, la situación se le presentó mucho más complicada. Trató de recomponer la alianza social que años atrás había llevado al poder al Dr. Ernesto Pérez Balladares y que articulaba importantes fuerzas y sectores populares y patrióticas. Le fue imposible rehacer lo que el presidente había desandado.
Tuvo que cargar con una pesada rémora de un pasado inmediato neoliberal.
Pasadas las elecciones, el panorama político panameño se torna un tanto complejo. A la nueva mandataria se le plantean serios retos y dilemas. Históricamente algunos partidos o fuerzas políticas, que ascendieron al poder, teniendo como base de sustentación social a sectores emergentes y subalternos de la sociedad, desde el poder han tendido a alejarse de sus posiciones originarias y han evolucionado hacia posiciones que distan de un centro social demócrata o populista. Tanto el llamado arnulfismo como el torrijismo, han experimentado cambios de esta naturaleza. Las presiones vendrán, en tanto, que el poder económico tratara de recomponer su hegemonía al interior del Estado, ya sea, a través del mismo Ejecutivo o del Parlamento. En uno u otro caso, los conflictos políticos pudieran estar a la vista. Las soluciones políticas dependerán en fuerte medida de los niveles de la legitimidad social, que tanto el Ejecutivo como la Asamblea puedan acumular. Dicho de otra manera, el movimiento popular se constituirá en un factor deliberativo. Como podemos observar, el equilibrio social y democrático, penderá de una delgada soga.
El estallido mediato, de una crisis política, dependerá mucho de la madurez política de nuestros parlamentarios y del gobierno. Existe una amplia zona o espacio para sellar una especie de "Pacto Histórico de Concertación Nacional". La unidad nacional no puede ser una frase hueca y sin contenido. El Pacto Nacional Histórico deberá ser programático, con una agenda determinada y clara. Temas como el Canal, revisión integral de la Constitución para renovar la institucionalidad jurídico-política, con ella la democracia y los correlatos estado-sociedad civil, la educación y la solución de los problemas sociales que afectan a las grandes mayorías nacionales, deberán ser materia de esa agenda programática nacional. El Pacto Nacional no se puede reducir a nombramientos en la esfera administrativa y tampoco dejar lo supeditado a la espontaneidad o buena fe de sus interlocutores