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La democracia universitaria


En su inicio, no estuve de acuerdo con el sistema de escoger a las autoridades de la Universidad de Panamá por votación de sus actores sociales; sentía que las mismas debían responder a un concurso, según perfiles altamente exigentes y que los estamentos que confluyen en la Casa de Méndez Pereira, tendrían como papel vigilar celosamente para que la selección fuera objetiva. Sin embargo, estudiantes, trabajadores y profesores prefirieron, tal vez por las negativas experiencias que vivieron, que la elección era la fórmula adecuada para administrar nuestro primer centro de estudios superiores y la explicación se centró en que desde los claustros universitarios se iniciaba la práctica democrática como ejemplo para toda la nación panameña. Confieso que tal razón me convenció.
Vemos con tristeza que lejos de ser un ejemplo digno de emular, la democracia universitaria reproduce, con creces, todos los vicios de la política criolla: persecuciones a los perdedores, canje de posiciones por apoyo, independientemente de la capacidad y preparación de quienes las ocupen; alianzas de grupos en base a intereses y no a principios; escogencia de los más populares y no de los mejores calificados; altísimos salarios por contratos, cuya justificación laboral es dudosa, lo que trae como consecuencia baja calidad en los aspectos técnicos y administrativos, todo lo anterior en el marco de un sistema de ponderación absurdo en donde la minoría prima sobre la mayoría.
Creo que la familia universitaria, sobre todo después de los hechos recientes, debe revisar este método de elecciones de sus autoridades y juntos buscar otro que premie la excelencia y cuyo lógico producto será una pléyade de profesionales idóneos que harán frente con conocimientos e instrumentos tecnológicos de punta y ocupaciones modernas, al mercado de trabajo que cada día exige más, más y más. Señores estudiantes, señores trabajadores, señores profesores, ustedes tienen la palabra. Panamá se lo merece...
Vale la pena mencionar que después de este acuerdo entre EU y UE, Costa Rica logró mantener una cuota de casi 24% del mercado europeo. Ecuador, que como Panamá, ingresó tarde a la OMC, tuvo la dignidad de hacer su propio embargo a productos europeos y a oponerse a ese acuerdo negociado entre EU y la UE, y como compensación recibió varios cientos de millones de dólares en ayuda económica y compensaciones, para permitirle a sus obreros y regiones afectadas, paliar los efectos nefastos y para desarrollar sobre todo la alternativa de "bananos orgánicos" que no tienen cuota en Europa. En cambio, Panamá no realizó ningún tipo de embargo, tampoco presentó nunca como país una queja oficial ante la Unión Europea dentro de este litigio y además fue la única nación que aceptó el acuerdo EU-UE sin recibir nada a cambio. Peor aún, que quedó peor que antes de las cuotas de 1993 y no se quejó oficialmente ante nadie. En otras palabras, nuestro equipo negociador no tuvo nunca una estrategia como país, sino que se contentaron en seguir la estrategia "de los demás", más por incapacidad que por convencimiento. Internamente y a diferencia de los otros países latinoamericanos, no desarrollamos cooperativas u otros agentes nacionales capaces de reducir la omnipresencia de la Chiquita sin atacarla, como exitosamente ha hecho Costa Rica. El solo puerto en Almirante sigue siendo de la Chiquita, porque Ramballa está fuera de ruta hacia Europa.
Hoy en día, la Chiquita (PAFCO) debe afrontar la concurrencia astuta de otros concesionarios con licencias de importación Europea. El Gobierno debe, de una vez por todas, intervenir y acabar finalmente con el control de la Chiquita sobre este rubro del sector primario panameño. El programa de cuotas de la Unión Europea debe desaparecer antes del 31 de diciembre del 2005 (dentro de 3 años). Así que mientras nos decidimos si organizamos una ofensiva diplomática seria para obligar a la UE a desmantelar ese sistema mucho antes, por lo menos debemos comenzar a permitir que productores nacionales comiencen a controlar una buena parte de la producción, respetando la intención declarada de la Chiquita de salir voluntariamente de la producción de banano en Chiriquí. Ahora que alguien más quiere comprar nuestras bananas, entonces ayudemos a la Chiquita a salir y rápido.
(driera@pandora.be)

101 años de Panamá América

 
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