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La democracia y la seguridad pública


No! Esa es la respuesta de la ciudadanía ilustrada y con memoria, ante la intención del Ejecutivo de aprobar en secreto un cuerpo de leyes que regularán nuevos cuerpos de inteligencia, crearán el servicio aeronaval y le pasarán al Ministerio de Gobierno y Justicia el control absoluto de las decisiones en materia de espionaje, investigación, persecución y captura de delincuentes.

Las heridas por los daños causados durante la dictadura todavía no cicatrizan del todo, y ya el gobernante Partido Revolucionario Democrático, PRD, quiere retrotraer al país a las estructuras existentes antes de 1989, mismas a las que le rindieron vasallaje, y de las que fueron un macabro brazo político.

Insisten en decir que la intención no es revivir el ejército, y para abonar el argumento esgrimen la explicación de que el soldado recibe una formación muy diferente a la del policía. Es cierto, sin duda, pero eso no justifica que el Ejecutivo se esconda para tramar el escenario legal sobre el cual levantará el monstruo.

El simple hecho de impedir la discusión abierta y franca de los proyectos de ley en el seno de la Asamblea Nacional, como debe ser en una democracia sana, es clara señal de que algo podrido se está cocinando en el Palacio de las Garzas.

El secretismo y la arrogancia del Ejecutivo son malos síntomas. Indican desprecio por los mecanismos democráticos de discusión, y dejan claro que la autocracia es una fórmula válida en quienes en el pasado la usaron para hacer fortuna y carrera política.

También es señal de que no le temen a las reacciones del pueblo. Se sienten seguros y a salvo. Como si alguna organización señorial se lo haya dicho: "Avancen, nosotros les cuidamos las espaldas".

101 años de Panamá América

 
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