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La descentralización


El centralismo es causa de pobreza y negación de la democracia, pues mientras el ciudadano no cuente con estructuras que le permitan incidir en los asuntos públicos de su comunidad, la democracia no será más que una idea distante de la ordenación real de la vida cotidiana. Por eso una estrategia del desarrollo y la consolidación democrática es la descentralización, que no significa aumento de la presencia de los ministerios, sino que el poder público esté repartido entre distintas instancias de gobierno.

Para que esa repartición funcione como un Estado de derecho, la Constitución y las leyes deben fijar competencias que deben estar avaladas con recursos asignados en la Ley del Presupuesto. Así, la descentralización supone entregar poder y dinero a las comunidades, no a los diputados, ni a los ministerios, mucho menos al Presidente de la República para que éste vaya, obsequiosamente, entregando dineros para pequeñas obras que llevarán su nombre en grande.

Desde 1946 la célula de la descentralización es el gobierno municipal, no el alcalde solo, pues éste debe aprender a funcionar democráticamente junto con el concejo, es decir, la reunión de ediles o representantes de corregimientos. Antes del 46, la descentralización privilegió a la provincia, y en la Constitución militarista de 1972 se intentó construir a partir de los corregimientos. Hoy los alcaldes son elegidos por el voto popular directo y los gobernadores por "el dedo" del Ejecutivo. Eso hace toda la diferencia. Hay que fortalecer, pues, al gobierno municipal.

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