La designación de Lucy Molinar como ministra de Educación
Indudablemente, que la periodista Lucy Molinar tiene méritos suficientes para que el presidente electo, Ricardo Martinelli, la haya designado en un alto e importante cargo público.
Es de valorar, positivamente, que en un país como el nuestro, enteramente variopinto, diverso en todos los sentidos, en donde la exclusión social por etnia y raza no está ausente, un presidente haya puesto su mirada en una afropanameña para integrar el equipo de trabajo que ha de acompañarlo en su gestión.
Quizás uno de los ministerios de mayor complejidad e incidencia en el desarrollo de la nación panameña sea el de educación. Ello implica que, además de tener un bagaje como el que se le reconoce a la periodista Molinar, en el ámbito de la comunicación social, se requieren capacidades específicas para encarar tareas sensibles y con un fuerte componente técnico como: La transformación curricular, el diseño de programas y planes de estudio; los procesos de reconversión-capacitación de docentes en servicio; el desarrollo de programas extracurriculares para fortalecer la formación integral; la eliminación gradual del sistema actual de trabajo del maestro en las escuelas multigrados; el desarrollo de ofertas educativas especiales para adolescentes, jóvenes y adultos sin escolaridad, mediante la implementación de currículos adaptados a diversas necesidades, entre otros grandes temas atinentes a la cartera educativa.
Si el presidente electo de Panamá consideró que Lucy Molinar puede hacer un aporte a su gestión gubernamental, consideramos que lo más prudente sería que sus habilidades y sus conocimientos en el campo de la comunicación social sean aprovechados, justamente, en dicho ámbito.
Es oportuno señalar que para nosotros, la inclusión social de los afropanameños debe ser una política de Estado, lo que hemos venido sosteniendo, y por lo que continuaremos abogando en el seno de nuestra nación.