La deslegitimación del TLC
Tanto nuestros gobernantes como los representantes del gobierno norteamericano han planteado grandes argumentos para defender la suscripción de un Tratado de Libre Comercio entre nuestros dos países. Nosotros mismos nos hemos hecho eco de todas las bondades - aunque también de los retos - que este tratado implica. Se debe presumir que dicho instrumento jurídico es un elemento de regulación de nuestras relaciones económicas a largo plazo, cuyo impacto trascenderá varias generaciones. La importancia económica no oculta la razón geopolítica de agregar un eslabón más a un sistema de libre comercio que se va integrando entre la América del Norte y la ribera americana de la cuenca del Pacífico, frente a una opción suramericanista con tintes antiestadounidenses y populistas que también se ofrece. La magnitud de la decisión es de tal impacto, que la elección del Presidente de la Asamblea Nacional de Panamá, por más irritante que pudiera ser para algunos, no puede de ninguna manera ser la clave para su aprobación o rechazo.
Panamá vive un auge sin precedentes inmediatos, en donde es difícil siquiera masticar, por no pensar en digerir, toda la inversión extranjera que ya está llegando. Las obras del Canal, las refinerías y otros megaproyectos que están por iniciar, ya parecen copar nuestra capacidad de ejecución. Tal vez mucha de esta inversión esté viniendo con la expectativa de una segura aprobación de un Tratado de Libre Comercio con el mercado más grande del Mundo, o es posible que ya la dinámica funcione por su propia inercia. No sabemos cuánta de la inversión prometida se evaporaría si no se aprobara el TLC en el tiempo previsto, pero lo cierto es que en éste momento, el TLC es más importante para los Estados Unidos que para Panamá. Decimos esto porque las cláusulas de garantía a la inversión norteamericana y los sistemas de solución de conflictos comerciales insertos en el TLC serían ventajosas para las empresas norteamericanas que desean licitar en las obras del Canal, frente a empresas de otras naciones y porque ante el reto del Chavismo, el TLC acerca más a Panamá al modelo de Democracia Liberal y Mercado Libre que auspician los Estados Unidos.
Panamá ya hizo su parte y aprobó el TLC mediante la misma Asamblea Nacional que eligió como Presidente a Pedro Miguel González; si Estados Unidos no hace lo propio, no sería por quién ocupa la presidencia temporal de la Asamblea Nacional, sino porque en el fondo no estaba en su interés hacerlo. Vincular el destino de un pacto de tal magnitud a una situación coyuntural, que en un año ya no existirá, le quita valor y legitimidad a tan trascendental decisión. Tenemos que ser consecuentes como Estado, y reconocer que tanto valor tiene el voto para elegir su presidente, que el que esos mismos diputados - incluyendo a Pedro Miguel González - dieron para aprobar el Tratado. A pesar de cualquier consideración de política internacional, pretender deslegitimar lo uno, inmediatamente deslegitimaría lo otro.