La despedida del político y las culpas enterradas
Una de las principales causas del atraso económico, industrial y moral de algunos de los países de la América Latina es la tendencia de los gobiernos a llenar sus últimos tiempos con algunas acciones aparentemente buenas y vistosas, que sean las que queden en la memoria de la población que sufrió los errorres y los abusos, además de los enriquecimientos ilícitos.
Varios son los casos en que los desastres y la incapacidad de un gobernante quedan sumergidos en esa parte de la memoria que los neurofisiólogos han bautizado como memoria inmediata porque la falta de cultura, la mala educación y la reducción del lenguaje adquirido a la mínima expresión no permiten que la memoria permanente funcione como es debido. Una de las mejores pruebas de esto es la rica memoria que tienen los que no padecieron el actual sistema degradante del idioma en que viven los niños y los jóvenes en la actualidad.
En el caso nuestro, los últimos años han presenciado la entronización de la vulgaridad, del vicio, del crimen, de la droga, de la promiscuidad sexual como espectáculo predominante en la televisión, para crear esa realidad superpuesta con que los políticos engañan a los pueblos como un mundo en que todo está permitido, en que no existen más valores que la ganancia material a corto plazo, el placer como sea posible, y en que ningún acto es censurable.
Es un error gravísimo que la gente se engañe pensando que el pequeño auge que ha creado el nuevo desarrollo de grandes construcciones y la venta de tierras y propiedades a extranjeros ha sido obra del gobierno saliente. Hay una cosa que se llama la “bola del dinero sucio” que se pasa saltando de un lado a otro según las oportunidades que ofrezca un gobierno que lo tolera todo. Recuerdo el caso de Montevideo, donde de pronto comenzaron a levantarse edificios hasta transformar el aspecto de la ciudad, al punto de que algunos la llamaron Moon-tevidedo, debido a la cantidad de inversiones que atribuían a la famosa secta coreana de Moon. La consecuencia a largo plazo es que el auge dura muy poco, crea aumentos en ocupaciones de obreros que, a la vuelta de unos años, se convierten en grupos beligerantes que la sociedad no puede satisfacer.
A esto se añade la destrucción de las bases indispensables en todo sistema educativo válido. En otro comentario, trataré sobre el informe que dieron al gobierno en diciembre en que el presentador dijo que el niño que entraba a cuarto grado estaba en el mismo nivel en que estaba al entrar a primero.