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La detestable corrupción perdura


La presidenta Mireya Moscoso muestra claras señas de exasperación porque las denuncias de corrupción rampante no amainan. Pero no puede ser de otra manera.
En su entrevista con Luz María Noli, en Punta Mala, la presidenta mencionó que en el caso de los "durodólares", la persona afectada había denunciado el consabido robo de unos $50 mil y que por ello el gobierno no debería ser involucrado. Sin embargo, nada dijo acerca de que nadie cree que tal cantidad de dinero sea guardada en la casa del dueño o dueña. Además, cuando surgió el tema la mandataria justificó la denuncia de su subalterna. Nunca debió declarar nada al respecto, pero al opinar, dio la impresión de que tenía un interés personal en el caso.
En cuanto al HP-1430, dijo que ese helicóptero había sido prestado al gobierno. No obstante, nada dijo sobre los dos maletines con mameyes y el hecho de que el helicóptero "ajeno" había sido hundido por el SMN.
La mandataria no deja de repetir que no hay pruebas en éste y muchos otros casos que indican que hay algo podrido en Punta Mala, perdón, Dinamarca. En mi diccionario manual e ilustrado de la lengua española se define indicios vehementes como aquellos que mueven de tal modo a creer una cosa, que ellos solos equivalen a prueba semiplena.
222En fin, todo estos hechos me parecen "indicios vehementes" de que a lo interno del arnulfismo la política no se maneja de manera muy transparente.
Recientemente el procurador Sossa se quejó, nada menos que en un cónclave internacional, que es difícil investigar delitos de "alto perfil" y que el país ha enfrentado un franco retroceso en la lucha contra la corrupción (ver El Panamá América, 19/5/03, Primera Plana). Como siempre la reacción de Mireya es: "¡Que dé nombres!".
Percibo que este último intercambio relativo a la corrupción rampante tiene que ver con el CEMIS, el reciente nombramiento de un amigo y un compadre de la presidenta en la Corte Suprema de Justicia, y la condonación de impuestos a Panama Ports Company. Sospecho que hay "indicios vehementes".
Pero todo los casos anteriores, aunque están pendientes en los tribunales y de suma importancia para el país, parecieran achicarse ahora que por lo menos dos de los tres candidatos presidenciales del arnulfismo se han quejado de presiones a los convencionales que deberán escoger al "ungido" el 22 de junio.
Uno ha dicho que no ha recibido el reglamento de la convención, el cual exige que los precandidatos consigan antes de mediados de junio la firma de respaldo de 150 convencionales; que para las proclamaciones de las candidaturas del Fufo y Mireya no se aplicó tal disposición; que por arte de magia los convencionales arnulfistas se han duplicado o cientos de ellos han firmado en la lista de los tres precandidatos (ver Crítica, 20/5/03). ¿Necesito decir más? Otro de los tres candidatos mencionados manifestó a los convencionales que no se dejen chantajear al momento de emitir su voto en la convención (ver Crítica, 22/5/03).
En fin, todo estos hechos me parecen "indicios vehementes" de que a lo interno del arnulfismo la política no se maneja de manera muy transparente. Pero lo que menos me preocupa es la situación descrita en el arnulfismo y que, sin duda, tiene sus similitudes con el matraqueo en el PRD.
Lo que me preocupa y apena, y todos debemos estar preocupados por ello, es que todo lo anterior planta en nuestras mentes que puede haber una proclividad, una inclinación hacia el fraude.
Bien sé que me criticarán acerbamente, quizás con la excusa que no tengo pruebas, pero los hechos que hemos señalado deben desmenuzarse a cabalidad y con toda honradez, si es que algún día vamos a refinar, siquiera parcialmente, la caricatura de democracia que hemos vivido, Dios mío, casi durante toda nuestra vida republicana.

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